2024-02-05

Iemanjá: 40 años de amor entre Mar del Plata y los orixás africanistas

Como cada primer domingo de febrero, una multitud se reúne para celebrar a la “Mae Iemanjá” en el playón del Hotel Provincial de Mar del Plata, donde se congregan miles de personas vestidas de blanco, celeste, amarillo. Barcas con ofrendas, cartas y pedidos se mezclan entre la gente.

Mujeres, hombres y niños rodean a los religiosos con florcitas blancas, celestes y amarillas. Miran atónitos, sorprendidos, expectantes de lo que sucede pasadas las 19.30 del domingo ventoso y fresco en la ciudad.

Los tambores comienzan a sonar, las sonrisas aparecen y los cuerpos se mueven al son de la batucada. “En minutos empezamos, cada uno en su lugar”, se escucha gritar al mismo tiempo que llega babalorixá Hugo Watenberg, presidente y director espiritual de Reino de Iemanjá Bomí, quien se toma el tiempo de saludar a sus fieles: un beso en la mano, un beso en la mejilla. Se acercan y emocionan, le agradecen y sonríen.

Cada orixá, deidades yorubas, tiene su leyenda y su función: son divinidades del amor, del fuego, de la pesca, la música, la sabiduría, la fertilidad.

La procesión comienza, se mueven 15 mil personas a la par del viento, con la frente en alto, observando la marcha. En el medio de las tres cuadras de ceremonia, la figura de Iemanjá tallada en madera es levantada por cuatro hombres que la sostienen con firmeza. 

La tarde cae, el cielo se tiñe de rosa, el viento cesa, las emociones afloran. Van 40 años de realización de esta ceremonia en Mar del Plata y durante 25 años consecutivos se llevó adelante en la Playa Popular II, donde se honra a la orixá africanista, a la Cultura y la Diversidad.

Iemanjá es considerada reina del mar y protectora de los navegantes, del hogar, de la fertilidad, los embarazos, los partos y los recién nacidos; ahí van las ilusiones y el amor de sus fieles; la energía de miles de personas intencionan al unísono. En la ciudad, la ceremonia en su honor es, después de las de Brasil, la segunda más convocante que se registra en el mundo. Es por eso que llegan representantes de Cuba, Brasil, Paraguay, Uruguay y de todo el país.

Al bajar a la playa Popular se desordenan, pero rápidamente se reorganizan con los pies en la arena y la mirada en el mar. La conmovedora bendición de las aguas da inicio al ritual en la costa.

El cartel de Quilmes ubicado en el Muelle de los Pescadores ilumina la ciudad, las luces de los edificios se encienden y contrastan con la "Roda" que se arma alrededor de la figura de Iemanjá. Batuques, rezos y danzas a todos los orixás del culto africanista se suceden simultáneamente mientras anochece. Rodean el altar emplazado en la arena, presidido por la imagen de Ia mae Iemanjá.

La marea baja, lo suficiente para dejar sin agua incluso los muelles que delimitan la playa Popular. Los visitantes se emocionan, abrazan, lloran, rezan. Con la colaboración de los guardavidas, se entregan las barcas al mar. Los fuegos artificiales iluminan la noche de verano marplatense. El final lo marca un manto blanco que cubre a los que pasan por debajo, simbolizando el cuidado de los presentes.

Lágrimas se mezclan con el oleaje. Hay abrazos, hay rezos, lamentos y agradecimientos. Iemanjá se hace visible en la inmensidad.

 

Texto y fotos: Florencia Ferioli 

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