2024-07-18

POSTALES DE PROVINCIA

Quequén: tierra de naufragios y leyendas

La costa de la provincia de Buenos Aires está bañada por las aguas del Atlántico, que convoca todos los años a miles de argentinos que llegan a los distintos balnearios para disfrutar de sus playas. Pero a veces, ese mismo océano muestra su lado más feroz y a lo largo de la historia ha provocado decenas de naufragios, y con ellos, relatos, leyendas y misterios.

Quequén es una ciudad perteneciente al partido de Necochea, separada de la ciudad cabecera por el río del mismo nombre. Su puerto cerealero es uno de los más importantes del país y sus playas se caracterizan por sus arenas gruesas, presencia de conchillas, caracoles y formaciones rocosas en toda su extensión. En esas costas, desde la escollera norte hasta Costa Bonita, a unos 6 kilómetros quedan vestigios de lo que podemos considerar un verdadero cementerio de barcos.

“Eslabón Perdido” es un grupo de investigación que se ocupa de recopilar datos y reconstruir la historia de cada uno de los naufragios de la zona. La historia local señala el naufragio del velero El Filántropo como el primero registrado en las costas de Necochea en 1871. Para algunos historiadores, la pérdida de aquel legendario buque habría significado el origen del encuentro de algunos vecinos del extenso Partido de Necochea que tenían una misma idea: fundar una ciudad.

Carlos Palotta es un vecino de Quequén que desde hace años trabaja en este tema y conoce los detalles de cada una de las embarcaciones siniestradas. “A lo largo de la costa que va desde Mar del Sur hasta Claromecó hay aproximadamente cincuenta barcos hundidos.

Lo que hay que aclarar también es que por la forma que tiene la provincia de Buenos Aires, la sudestada le pega de lleno a la playa, el viento sopla del sur en dirección a la costa. Entonces, cualquier barco que esté en la Rada como se denomina, es propenso a que sea arrastrado hacia la arena.

Hay barcos de todo tipo, desde ultramarinos, algún barco que pertenece a la Armada, barcos pesqueros, hay lanchitas deportivas, hasta un submarino.

Sin dudas, este fue el caso más resonante de los últimos años. En el transcurso del 2022 fue hallado un submarino que pudo pertenecer a las altas jerarquías del nazismo a unos 28 metros de profundidad y a unos 4 kilómetros de la costa, entre las playas de Costa Bonita y Arenas Verdes.

De acuerdo a lo que investigó “Eslabón Perdido”, comandado por Abel Basti, periodista e investigador especializado en la presunta llegada de Adolf Hitler a la Argentina, se trata de un submarino alemán. La pericia del especialista italiano Fabio Bisciotti confirmó que los restos hallados correspondían a un submarino alemán que fue deliberadamente destruido.

De algunos buques aún pueden verse restos, otros quedaron bajo el mar. Relata Palotta: “Los barcos registrados han sido removidos hasta lo que se ha podido, los barcos entran en un juicio, entran en un seguro, se desguazan y algunos por el lugar donde fueron hundidos, quedan allí bajo el agua.

Hay un barco, tal vez uno de los más emblemáticos más allá del submarino, el Ussukuma que es un barco de pasajeros de la Marina Alemana de antes de la guerra, de los años treinta que se hundió en un viaje desde Bahía Blanca hacia Buenos Aires a unos setenta, ochenta km. de la costa, a la altura de Quequén.”

El Monte Pasubio es el barco emblemático de la zona y quedaron muchas señas de ese naufragio, muchas cicatrices en la playa que le dieron nombre al lugar donde terminó sus días. Hoy por hoy es un balneario hermoso, un lugar donde surfistas y los que hacen bodyboard lo eligen para hacer la práctica del deporte.

El Monte Pasubio es un barco de origen inglés que se llamó War Glory cuando fue votado en el año 1920. Al año lo compró una empresa italiana y le cambiaron el nombre. “Tiene dos particularidades este barco desde su botadura, una fue que era un barco muy moderno para esos años, tenía turbinas de vapor y eso lo hacía muy rápido para la época. Lo cierto es que lo mandaron a hacer un transporte a nuestra zona, y viajando frente a las costas de la provincia, es sorprendido por una gran galerna, como le decían los italianos a la sudestada."

El barco sale el día 30 de julio de 1924 del puerto de Buenos Aires con viaje hacia Bahía Blanca. Era un viaje de aproximadamente cuatro o cinco días y cuando entra en lo que nosotros conocemos como la Bahía de Samborombón, se da vuelta el viento y el barco empieza a navegar con viento de frente. A partir de ahí, ya pasando por la zona de lo que hoy es Villa Gesell, se empieza a acercar a la costa llegando a la zona de lo que sería el partido de Lobería.”

Allí es sorprendido por una gran tormenta, entonces el capitán Caetano Maresca decide fondear el barco. El temporal se hace más fuerte, por lo que deciden comenzar ya el día 31 por la noche a capearlo, es decir, tratar de ir viento en contra enfrentando a la tormenta para tratar de escaparse. Aproximadamente a las dos de la mañana el temporal le gana al barco y finalmente lo arrastra sobre la costa y lo deja encallado en lo que hoy conocemos como Playa Monte Pasubio, muy cerquita de la escollera de Quequén.”

“Por la forma en que el barco quedó atravesado en la playa, fue imposible recuperarlo y devolverlo al mar. Por suerte la tripulación pudo bajar sana y salva. Muchos se quedaron a vivir en la zona, otros se volvieron a su país y el barco debido al estado en el que había quedado, si bien se veía entero, estaba muy dañado en el fondo. La empresa lo da como pérdida total y lo desarman en el lugar, tardan dos años en desguasarlo y queda para la posteridad una enorme hélice de hierro fundido.”

Esta hélice tiene una aleación especial que no la degrada el mar, entonces hace cien años que permanece allí y se la puede ver. Se ve una parte también del fondo del barco y un pedacito de la proa. La hélice es verdaderamente la postal del lugar, es un atractivo, hoy el Monte Pasubio no viaja más por los mares, viaja en fotos ahora, porque la hélice ha sido fotografiada millones de veces.”

Menos conocida pero igual de importante fue la historia del Westbury. Afectado por el mismo temporal que hizo sosobrar al Monte Pasubio, el buque inglés naufragó ese mismo día, frente a Punta Negra, lo que se conoce como Balneario Los Ángeles, al sur de Necochea. O sea que ese 1 de Abril de 1924 quedaron los dos barcos a unos diez, doce kilómetros de distancia uno de otro. Y los dos fueron desarmados en el lugar.

Varios buques pasaron a formar parte del paisaje costero de Quequén. “Hay varios barcos, de hecho en un momento se iba a hacer un paseo en la zona para que la gente pudiera identificarlos. Uno de ellos es el Pesuarza II, de ese barco ya queda muy poquito. Era un barco pesquero muy grande que en realidad fue depositado en ese lugar, ese barco no encalló por un temporal, estaba interdicto en el puerto y ocupaba un muelle. Cuando la justicia lo liberó, ya no existía más la empresa dueña del barco, entonces el consorcio, juntamente con la justicia, decidieron encallarlo al barco y hacerlo barco espejo, como le pusieron en ese momento, hacer un sitio para tomar fotografías.”

Como no podía ser de otra manera, también se han tejido mitos y leyendas urbanas. “El barco fantasma, el Caribea está cerquita del Monte Pasubio, tiene una historia muy particular. Se dice que entró con un solo tripulante y un perro a puerto durante una noche de neblina. Es un mito, el barco entró con su tripulación, lo que pasa es que rápidamente se fueron todos y quedó el capitán.  Ese es un barco que venía de hacer un derrotero bastante complejo y misterioso, venía de la zona de África, se comenta que el barco había sido capturado por piratas y que había sido obligado a hacer una operación furtiva hasta que intentó atracar en Uruguay."

“Allí no le dieron entrada y tampoco los puertos argentinos, entonces el capitán decidió entrar de prepo al puerto de Necochea ( también eso es parte de un mito, porque sabe que un remolcador lo ayudó a entrar ). El Caribea se soltó durante la inundación de 1980 junto con el Pesquera IV ya que estaban amarrados juntos en el puerto y el gran temporal de esa época cortó las amarras y los barcos salieron por el río, por la escollera y fueron a parar a la playa.”

Este cementerio de embarcaciones de la costa bonaerense guarda en su historia muchos otros nombres: el buque Misterio ( 1879 ), el Krakatoa ( 1883 ), la goleta Ireten ( 1890 ), el Maroula ( 1934 ), las lanchas El Angel ( 1936 ), Santa Lucía ( 1944 ) y Nuevo Gaucho (1972), los barcos cerealeros Chaco (1953) y Tara (1959), el Amaragy y el Esito (1964) son algunos de los nombres que han quedado en la historia.

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