2024-08-24

Vivir y morir entre la basura

En un instante, todo puede cambiar. De algo que no sabíamos nada, pasamos a ponerle la lupa. O una realidad a la que no le prestábamos atención, se nos pone en primer plano queramos o no.

Así nos ocurrió sobre el final del viernes de la semana pasada, cuando la noticia de un muerto y dos heridos de bala en el basural de Mar del Plata se imponía como hecho saliente. En los márgenes de la sociedad, en el sitio donde va a parar todo lo que el actual modelo de consumo descarta, se pelea para acceder a los mejores residuos.

A partir de allí se abre un capítulo judicial, que tendrá sus derivaciones y que incluso ya podemos tener alguna conjetura de cómo terminará. La profundidad del problema social que deja al descubierto es enorme y, si nos ponemos pesimistas, también podemos ser escépticos respecto a cómo se actuará para revertirlo.

En esta ocasión, nos pusimos en contacto con el ex secretario de Salud del Municipio, Gustavo Blanco, quien durante la gestión de Carlos Arroyo supo darle visibilidad al mundo en miniatura que transcurre en el basural. A la cabeza del equipo sanitario, trasladó personal y recursos para realizar consultas, vacunar, iniciar tratamientos. Lo que hacemos como si fuera algo normal y todo un sector de la sociedad no tiene ni idea. “No quiero sonreir porque me da vergüenza estar sin dientes”, nos contaba  sobre el comentario que le había hecho uno de los llamados eufemísticamente recicladores. Una forma de graficar de qué estamos hablando.

“Sentí pena”, señaló al ser consultado sobre lo primero que se le vino a la mente apenas se enteró de los graves sucesos. “Es un lugar donde se puede trabajar bien y ayudar. Nosotros estuvimos yendo dos años todos los jueves, atendiendo desde niños hasta adultos y ancianos”, recordó.

Cómo se debe trabajar en el basural

En esa línea, indicó que “tuvimos muchas charlas de educación sexual, logramos que chicos volvieran a ir a la escuela. Trabajamos cuerpo a cuerpo para disminuir la tasa de mortalidad en quienes pasan gran parte de su día o viven allí”.

Respecto a cómo es la manera en que se debe encarar la dinámica con quienes transitan su vida en ese lugar, subrayó que “hay que acomodarse, hablar su idioma. Ser honestos y decirles la verdad. Allí se pueden hacer grandes cosas”.

¿Vivió o fue testigo de algún incidente en el tiempo en que estuvo allí? “Nunca. Al contrario. Jamás tuvimos una discusión”, enfatizó, revelando que el único momento de tensión que vivió fue con un efectivo policial que llegó a sacar el arma en momentos que estaban con una abogada cercana al Obispado y ella le dijo al uniformado que no era correcta la manera en que trataba a quienes estaban allí.

Consultado respecto a lo que pudo haber pasado, evaluó que mucha gente se ha sumado al lugar, a partir de los datos de pobreza que han ido in crescendo. “Hay que prevenir, no hay que hablar. Es un trabajo insalubre que se lleva a cabo en un lugar donde hay muy poca presencial del Estado”.

“Solo desde el Obispado han mostrado intenciones de acercarse para mejorar la situación”, lamentó, explicando que una vez que concluyó su gestión, no fue autorizado a volver a ingresar al lugar. Por último, llamó a no intervenir desde la política en la cuestión, apuntando que cada vez que se fue allí desde ese lugar, no fue buena la recepción.

Lo que viene

Un sitio emblemático, marcado a fuego por un hecho de violencia que puede ser el inicio de una serie de conflictos si no se resuelve de manera correcta. Es el momento de las instituciones, quizás denostadas, pero son las que tenemos y las que tienen que actuar. Esperemos estar todos a la altura.

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