After News
La comodidad garpa
Llegó a Mar del Plata, finalmente llegó. No estamos hablando de una moda, ni de una marca en la ciudad del sí, ni tampoco una nueva técnica de cirugía robótica. Lo que llegó a Mar del Plata es la escalada de agresiones por medio de las redes sociales.
El intendente Guillermo Montenegro decidió comunicar por los canales oficiales de la municipalidad las tareas que se llevan a cabo para liberar los espacios públicos de la ocupación de personas en situación de calle y eso trae aparejado las respuestas que se publican sobre este tema en el mundo virtual por el cual navegan.
Hace varias semanas escribimos en este espacio sabatino “Los invisibles” para mostrar lo que pasaba en las calles de la ciudad, en los barrios con las personas que deambulan como zombis en el cotidiano trajinar.
La postura es clave, hay una indiferencia notoria, mientras se pueda sostener la convivencia “se soportan” y hasta se relacionan, pero cuando la cantidad aumenta, cuando las locaciones son las plazas, las puertas de las casas, las entradas de los departamentos, los cajeros de los bancos o simplemente las veredas, una parte de la sociedad pide una intervención rápida del estado para que esto deje de pasar.
Al ejecutivo municipal no le está temblando la mano para llevar a cabo esta tarea y lo muestra, lo comunica. La lectura de época que hace el gobierno de Montenegro es clara “se acabó la joda” y parte de los votantes del actual jefe comunal, se identifican y se sienten cómodos con este accionar.
Si hacemos un repaso rápido por las últimas publicaciones son en ese tono. “Se terminó”, “No dialogo con delincuentes”, “Basta de garantismo hipócrita” y esto es acompañado por muchos mensajes que apoyan esta postura, que les ratifican el voto y algunos que les piden más.
Pero también crecen los que repudian esta posición, ahí se suben los políticos y a esos políticos los que no acompañan la gestión de la municipalidad por parte del PRO. El bloque de AM dijo que lo va llevar a la justicia, una concejala de UxP lo trató de patético y, a nivel nacional, se metió la ex candidata a presidenta Myriam Bregman, lo llamó basura por festejar el desalojo.
La cuestión es que el intendente la invitó a que se los lleve a su casa.
No importa todo lo que podamos revisar minuciosamente en las redes sociales, va a haber encontronazos por doquier y posturas antagónicas, pero lo que nos gustaría analizar es que los que se pelean virtualmente, ya están peleados y no se van a encontrar nunca.
Solo sirve para alimentar el propio pensamiento y “cebarse” con la contra, es el canto de la cancha en el que se critican las hinchadas. ¿Mirá si vamos a dejar de ser nuestro equipo porque el otro tiene una bandera más linda o porque cantan las canciones más afinadas? De ninguna manera.
Ahora bien, no importa cuanto tiempo le dediquemos a esta columna, ser medidos no paga en la política y nuevamente se polariza en voto. Por lo tanto, la ancha avenida del medio, ya quedó como un pasaje y nadie se quiere quedar afuera de los extremos.
Se sienten cómodos enfrentados, tienen claro que nunca van a votar la contra, pero necesitan hacerlo saber al mundo por medio sus publicaciones.
Desde la llegada de Milei, se puso muy de moda la utilización de las sagradas escrituras para explicar algunos temas de la política doméstica y de las acciones llevadas a cabo.
Nos vamos a tomar el atrevimiento de recurrir a La Palabra de Dios para tratar de bajarle el precio a la idea de que la tibieza es mala.
El libro del Apocalipsis, capítulo 3, versículo 16, dice lo siguiente: “Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”. Esta afirmación es tomada para afirmar las posturas radicales, para ir por todo, para no dejar que el otro gane ni un centímetro.
En realidad, es todo lo contrario porque nadie ve lo que dice el versículo 17: “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”.
La Biblia le dice tibio al que se queda en la cómoda. El que busca su satisfacción y su realización en lo que ya tiene, sin buscar el bien común, sin buscar que la vida sea mejor para todos, que todos estén dentro del rebaño.
Hoy profundizar la grieta es la comodidad, que tengan una buena jornada.