Empleadas de Anna Bikinis: Testimonios de acoso y grabaciones ocultas desde 2016
Hace cinco días, una empleada del local Anna Bikinis denunció a su empleador, Alejandro Luque, por acoso y comportamientos aberrantes, incluyendo frotar ropa interior y pertenencias de sus trabajadoras en sus genitales.
Sin embargo, lo que más resuena es el testimonio de mujeres que trabajaron en distintos locales y depósitos de la marca, quienes revelaron que los abusos no son nuevos y que incluso hubo antecedentes denunciados en 2016, pero no se tomaron medidas efectivas.
"Siempre parecía un lugar seguro, hasta que dejó de serlo"
Una de las empleadas que trabajaba en 2016 relató en diálogo con InfoBrisas.com un episodio que marcó a todas. La mujer recordó cómo, inicialmente, el entorno parecía familiar y acogedor: "Yo primero empiezo trabajando con ellos en la casa. Te hacían sentir parte de la empresa, uno más de ellos".
La situación cambió radicalmente cuando la ex empleada descubrió el celular de Alejandro Luque grabando en el baño de empleadas en 2016: "Entro al baño, me siento en el inodoro y veo un círculo raro entre las cosas de limpieza. Era su celular personal, grabando. Me temblaba todo. Tenía 23 años y no sabía qué hacer. En el momento, lo que me salió fue borrar los videos. No quería que este tipo tuviera grabaciones mías ni de mis compañeras".
"Cuando lo enfrentamos nos dijeron que no lo merecíamos y que lo iban a sacar del taller. Pero era todo mentira. A los días él seguía trabajando ahí. Incluso nos pidieron que no dijéramos nada para evitar problemas porque venía la temporada alta", recordó.
"Esto da mucha impotencia porque se pudo haber evitado. Tuvieron que pasar ocho años y más víctimas para que esto se viralice. La familia es tan responsable como él", aseguró.
"Nos pidieron silencio para protegerlo y evitar escándalos"
El testimonio de otra víctima reveló detalles desgarradores sobre los abusos encubiertos en Anna Bikinis: "Una compañera encontró el celular de Alejandro en el baño, estaba escondido grabando. En su desesperación, borró el video, pero al revisar su galería vio que había más grabaciones, incluso con nuestros rostros".
"No supimos qué hacer, buscamos ayuda. Teníamos miedo, necesitábamos el trabajo y decidimos renunciar", expresó.
La ex empleada expuso cómo el entorno familiar del acusado minimizó los hechos y manipuló a las víctimas para encubrirlo: "Ana y Anita, la esposa y la hija de Alejandro, lloraron y nos pidieron disculpas. Nos aseguraron que no volvería a trabajar con mujeres y nos pidieron que no dijéramos nada porque venía la temporada alta y necesitaban contratar personal. Fue todo manipulación: lo protegieron y ahora vuelve a suceder".
La entrevistada también señaló cómo el acusado lograba generar un ambiente de confianza para vulnerar a las empleadas: "Él hacía que lo viéramos como un padre, alguien en quien confiar. Cuando descubrimos todo, fue devastador. No lo negó nunca, ni siquiera cuando lo enfrentamos".
"Lo normalizábamos porque eran ‘micromachismos’, nunca pensamos que podía ser peor"
Otra de las trabajadoras, que aún está vinculada a la marca, expresó su conmoción al enterarse de las denuncias recientes: "Trabajé tres temporadas con él. Siempre hacía comentarios fuera de lugar, miradas incómodas, pero lo normalizábamos".
"Pensábamos que solo revisaba nuestras cosas para ver si robábamos, pero nunca imaginamos que era mucho peor. Descubrirlo fue un shock", aseguró la mujer.
La misma empleada reflexionó sobre la importancia de exponer estos casos:
"Esto no puede quedar impune. Estamos en 2024 y siguen pasando cosas así. Es aterrador pensar que convivimos tanto tiempo con alguien capaz de estas atrocidades sin darnos cuenta".
Encubrimiento familiar y falta de justicia
El testimonio de las trabajadoras expone cómo el entorno del acusado no solo desestimó las denuncias, sino que también lo protegió. Según relataron, la esposa del acusado y su hija les pidieron que guardaran silencio para evitar conflictos familiares y preservar la reputación de la marca.
A pesar de las recientes denuncias, aún no se han tomado medidas concretas judiciales. Las víctimas esperan que la condena social motive acciones legales más contundentes para evitar que estos hechos se repitan.