2025-01-17

Un árbol de “Raíces Verdes” y firmes para afrontar las adversidades

El mar arrasó con su chiringo de comida vegetariana, pero no se rindieron y hoy son una opción muy valorada

Patricia, Pedro, Joaquín y Jeremías son quienes llevan adelante Raíces Verdes, un emprendimiento de comida vegetariana que surgió en el 2019. Una mamá y sus tres hijos están al frente de un negocio familiar que comenzó en un chiringo en un balneario hasta que el mar se lo llevó “con todo lo que tenía adentro”, continuó en Alem y desde el año pasado está afianzado en playa Rilancó.

“En un principio costó que nos aceptaran porque éramos vegetarianos. Pero ganó el sabor. La hija fue trayendo a la mamá, la mamá trajo al esposo e hicimos familia, gustó, se sumaron a la propuesta y nos siguen a todos lados”, cuenta Patricia rodeada de sus tres hijos.

“Uno hacía gastronomía, el otro estaba en el Secundario, yo era farmacéutica y uno vivía en Cachi. Armamos algo entre todos, cada uno haciendo lo suyo. Uno hace el pan, el otro las pizzas, otro galletitas y yo cosas dulces. Probamos y salió”, dice sobre el inicio de Raíces Verdes.

Para Patricia, el emprendimiento es como otro hijo, "más desde que el mar se nos llevó el chiringo. Nos aferramos mucho a la idea de estar juntos y compartir. Es alta experiencia el verano".

En la playa trabajan “de nueve de la mañana a tres de la tarde, pero seguimos en casa produciendo, cada uno haciendo sus masas o los grillados de las verduras”, cuenta Joaco. “Hacemos todo natural, no usamos conservantes”, agrega Patricia.

Sobre la división de tareas, clave en este equipo de trabajo/familia, "Joaco hace las pizzas y trabaja con las verduras junto con Pedro que también hace parte de lo dulce, ella hace la mayoría de las cosas dulces y yo hago el pan", cuenta Jere. 

En el local, "Pedro hace las ensaladas, los tacos o las quesadillas que agregamos este año, yo hago todos los sanguches y ella los jugos y atención al público", agrega.

"Lo que más sale son los sanguches. Está todo bueno. Las familias piden varias cosas y comparten y prueban", cuenta Patricia. Sobre los preferidos, Joaco elige el Raíces, que tiene sabores fuertes con el chucrut, “la cebolla media crudita, el morrón". Patricia agrega que "el de humus es el que más sale que tiene calabaza grillada, remolacha grillada, rúcula humus y palta" y Jere cuenta que "hemos llegado a hacer de a 20 por tanda".

En Raíces Verdes “sentadas entran 70 personas”, pero en plena temporada se hacen filas extensas y eternas la gente hacia el lado del baño y hacia la playa. “Mucha gente tiene nuestro número así que tipo 10 de la mañana ya hay 40 pedidos”, dice Patricia.

“Nuestros clientes marplatenses miran mucho el pronóstico y si ven lluvia a las dos de la tarde no vienen, pero el turista kamikaze viene hasta con viento sur”, dice la mamá. “Igualmente, este lugar, como hay reparito, está bueno para venir con el clima que haya”, acota Pedro.

Más allá del buen presente, el recuerdo del chiringo que se llevó el mar y la apuesta por afianzarse en la zona urbana, está latente. "Nos agarró miedito y creímos que la playa no era nuestro lugar, entonces buscamos tierra firme. Pero no era tampoco ese”, dice Patricia.

Alem era como muy ciudad, muy asfalto, muy cemento, mucho ruido y tráfico. No había sol así que duramos un año y huimos. Después nos ofrecieron este lugarcito, a través de un guardavidas que es amigo, así que desde el año pasado estamos acá. Lo fuimos ambientando al estilo nuestro, con mucha naturaleza. La gente nos sigue un montón. La temporada pasada fue demasiado buena”, agrega.

Aquel paso urbano "estuvo bueno porque nos abrió la posibilidad de hacer otro tipo de comida, más casera y no tan al paso. Había un par de platitos lindos, que estaban buenos. Viene gente acá a la playa a pedir los sorrentinos que comía allá, pero no tenemos", cuenta Joaco entre risas. 

Jere, luego, agrega que la decisión de apostar por la ciudad fue porque "sentíamos que estábamos estancados, que íbamos a hacer siempre lo mismo. Pero fue al p..., porque esto es lo que somos nosotros. Fuimos a hacer algo que no éramos".

"Aparte el verano es hermoso para estar en la playa, no es para estar entre cuatro paredes", acota Pedro, de pocas pero certeras palabras.

"Estar un martes en el patio con 32 grados te deprimía. Estábamos dos horas vuelteando para estacionar. Lo hicimos apurados, sin planear. Por algo apareció el guardavidas y nos recomendó este lugar. Vinimos, confirmamos y al mes siguiente cerramos allá", agrega Patricia.

Al cumplirse cinco años de la creación, para los miembros de la familia de Raíces Verdes, su emprendimiento es “la unión y la alegría", como grafica Patricia, también "el esfuerzo" que menciona Jere, mientras que para Pedro es "un viaje muy lindo" y Joaco lo toma como "un desafío, porque estás preparándote todo el año para un mes o dos meses que te explota el cerebro. Es como una maratón".

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