18 de febrero: el Primer Triunvirato decretó el uso de la escarapela como insignia patria
El 18 de febrero de 1812, el general Manuel Belgrano solicitó al Triunvirato la creación de la escarapela nacional, una insignia patriótica bicolor: azul-celeste y blanco. Este acto marcó un hito en la historia argentina, ya que la escarapela se convirtió en un símbolo fundamental de la identidad nacional en los primeros días de la Revolución de Mayo.
A pesar de haberse creado oficialmente un 18 de febrero, la fecha elegida para conmemorar la escarapela en el calendario escolar argentino es el 18 de mayo, en virtud de un decreto del Consejo Nacional de Educación en 1941. La elección de esta fecha tiene como propósito recordar un símbolo que, en su momento, tuvo una trascendencia inmediata en las regiones que apoyaban al Gobierno del Triunvirato, consolidando su presencia en el imaginario colectivo.
La escarapela fue adoptada como un signo distintivo durante las primeras luchas por la independencia, representando no solo el esfuerzo por la libertad, sino también la unión de los pueblos que conformaban lo que más tarde sería la República Argentina. El azul-celeste y blanco de la escarapela evocan los colores de la bandera, que también fue ideada por Belgrano poco después.
Este símbolo patriótico, que con el tiempo se extendió a través del territorio nacional, es hoy un recordatorio del proceso de independencia y la construcción del sentido de nación. En la actualidad, el uso de la escarapela sigue siendo una tradición popular, especialmente en las escuelas, donde los estudiantes la portan con orgullo durante los actos patrios.
Su conmemoración anual, que comenzó oficialmente en 1951, no solo subraya la importancia de este distintivo, sino también la necesidad de promover el conocimiento de la historia argentina entre las nuevas generaciones.