2025-03-06

A un mes del asesinato de Matías Paredes su recuerdo sigue vivo en Bosque Grande

Este 6 de marzo, amigos y familiares recuerdan a Matías Paredes con dolor y amor.

 

Este seis de marzo se cumple un mes del asesinato de Matías Paredes, y en el barrio Bosque Grande su ausencia se siente a cada paso. Sin embargo, su familia y amigos hacen lo posible para mantenerlo presente, recordando su sonrisa y su generosidad.

Matías era el más chiquito de los hermanos, el más cuidado, el más protegido. "Era la chispita de la banda, era el que los despertaba a todos, siempre organizando algo, invitando a la gente, uniendo a los chicos que estaban en conflicto", asegura Cristian, su hermano mayor. 

"Era imposible no quererlo. Siempre estaba dispuesto a dar una mano, siempre con buena onda", recuerda su hermana Gisel, quien aún hoy no puede entrar a su casa sin que el dolor la invada. "A veces me sorprendo mirando su foto, esperando que en cualquier momento entre por la puerta con su sonrisa contagiosa. Pero no pasa".

La noche del asesinato de Matías, el barrio dormía. "Yo estaba durmiendo", cuenta su hermano, que vive al lado de su casa. "Matías venía de la presentación de la camiseta de Alvarado en GAP y después decidieron ir a jugar a las cartas a lo de un amigo. Como no tenían, salieron a buscarlas. Fue en ese momento que lo asesinaron".

Horas antes del fatal desenlace, Matías le había pedido a su hermana Gisel tres mil pesos. "Me dijo: 'Hermana, ¿me pasás 3 mil pesos? Ya estoy en el barrio, me tomo una cerveza y voy para casa'. Se los mandé y le avisé a mi mamá que se quedara tranquila, que ya estaba cerca", relata Gisela. Y esa fue la última vez que habló con él.

Matías no volvió. Cerca de la una y media de la mañana, su hermano fue despertado por un amigo. "Me golpean la puerta, uno de los chicos en moto me dice: 'Amigo, me parece que es tu hermano. Está dentro de un auto, le tiraron tiros'. No entendía nada. Salí corriendo y cuando llegué estaba todo vallado con cinta amarilla. A los amigos de Matías los tenían tirados sobre el auto, y a uno le chorreaba sangre de la espalda. No había una ambulancia. La llamaron, pero nunca llegó".

En medio del caos, intentaban confirmar si era Matías quien estaba dentro del auto. "Nos metimos al auto y lo sacamos. Los agarramos en una camioneta y los llevamos al hospital, porque nosotros pensábamos que estaba con vida todavía. Era la ilusión de uno. Cuando llegamos, nos dieron el parte que estaba fallecido", recuerda Cristian, con la voz entrecortada. 

El barrio entero se movilizó esa noche. "Fueron minutos y ya estaba lleno de vecinos, todos querían saber qué había pasado. Nadie entendía nada. Los policías que lo mataron sabían que se habían mandado una cagada. Se agarraban la cabeza. Pero no tenían identificación, ni chalecos, ni nada que dijera que eran policías. Parecían vecinos más".

Los asesinos de Matías no tenían patentes en el auto. Además, ninguno tenía identificación. "Si te cruzan autos así de frente y uno atrás, lo que menos pensás es frenar. Pero ellos frenaron en el semáforo. No estaban escapándose de nadie", agregaron los hermanos al unísono.

"Nosotros también creemos que el intendente podría habernos llamado por teléfono y pedir disculpas en honor a todos los policías que no son iguales que ellos, pedir disculpas para que no los confundamos, que no todos son iguales, porque ahora la bronca para nosotros son todos iguales", manifestó Cristian. 

Más allá del dolor y la indignación, sus seres queridos quieren que lo recuerden por lo que era: un pibe bueno. "Trabajaba todos los días, de sol a sombra. La plata que ganaba se la mandaba a su hija. Y aunque tuviera problemas, siempre estaba con una sonrisa. Nunca se metió en nada raro". Su hermano Cristian agregó: "No merecía esto. Nadie lo merece. Y menos de la manera en que pasó".

Matías estaba esperando que venga su familia del Sur. "Estaba arreglando la casita de él acá al lado y todos los días la llamaba la nena por videollamada. Si se juntaba con los pibes en la esquina, le hacía una videollamada con todos los nenes, de fondo todos los chicos de Alvarado", señaló su hermano al preguntarle sobre el día a día de Matías.

"No puede ser que la policía tenga que estar para cuidarnos y no para matarnos. Esa es la realidad", agregó Gisel. "La mayor lucha ahora es que no archiven la causa. No queremos que pase como con otras familias, que esperan dos o tres años para el juicio. Las pruebas están a la vista".

"Mi viejo ya perdió tres hijos. Primero uno de 25 años, después otro de 33 y ahora mi hermano de 26. Lo veo dolorido. Y mi mamá no está bien, está saliendo adelante como puede", afirmó Cristian. 

El barrio Bosque Grande lo extraña, sus amigos lo extrañan, su familia lo extraña. La lucha por justicia sigue en pie. La familia de Matías exige respuestas y el barrio entero los acompaña. Porque Matías no era solo un vecino más: era un hijo, un hermano, un amigo. Y su memoria merece verdad y justicia.

Fotos: Florencia Ferioli
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