2025-05-03

After News

La violencia cómplice

Los hechos que marcan la agenda de todos los días son el reflejo de años de una construcción de violencia y un silencio cómplice de los que deben condenarla que nos enciende una necesidad de un llamado a la reflexión urgente para atender la problemática.

Esta semana estuvo marcada por diferentes hechos cargados de violencia y que se reflejaron en nuestra ciudad de manera muy variada que nos obligan a encender una alarma, ya no alcanza con estar en alerta porque ya estamos viendo las consecuencias.

En el Hospital Materno Infantil se registraron en, apenas 6 días, el ingreso de 2 menores de 15 años con heridas de arma de fuego. Un joven de 15 años con un tiro en la espalda por un hecho de inseguridad y otro de 14 con dos lesiones provocadas en brazo y pierna, en una acción que está bajo investigación de la justicia.

Un hombre que estaba en un cajero de un banco le propinó un puntazo a un agente de la patrulla municipal, una discusión entre vecinos terminó a las trompadas y podríamos nombrar varias más que no tuvieron repercusión mediática, pero que existieron, hasta un ataque a huevazos de jugadores de un equipo a otro por la resolución de un partido de un torneo oficial.

No paramos, rompemos todo, así como lo escribimos el 4 de octubre del 2024, luego del superclásico del basquet argentino que terminó en una batalla campal en el polideportivo y casi sepultó la posibilidad de volver a ver un partido amistoso entre Peñarol y Quilmes en la ciudad de Mar del Plata.

Evidentemente, la escalada de violencia social en nuestro país y en nuestra ciudad no es un hecho aislado ni natural, es una consecuencia que explota y emerge por un entorno que promueve este tipo de desenlace. Atención, no se construye en el corto plazo, se sostiene por medio de años de hacer silencio y no condenar lo que está por fuera de los valores del respeto a la vida propia y del otro.

Unicef publicó en el año 2022 un artículo en el que especifica las consecuencias que trae en la vida de los chicos crecer en un ambiente familiar de violencia constante. Relata de manera inequívoca que trae complicaciones emocionales, cognitivas, conductuales, sociales, físicas y a largo plazo. Vivir en un hogar violento despedaza la persona y la rompe para siempre.

¿Y qué pasa cuando vivimos en un país violento? Lo mismo, se rompen los habitantes, se generan enfrentamientos y antagonismos que no los salva ni el bien común en el marco del mayor periodo democrático que vive la República Argentina.

Nos vamos a ir al 2010 en el marco del “juicio popular” que llevaron a cabo las madres de plaza de mayo frente a la Casa Rosada cuando condenaron por traición a la patria a un grupo de periodistas que eran críticos de la gestión de los Kirchner en el gobierno.

Mempo Giardinelli, Dady Brieva y Hugo Moyano pidieron una Conadep del periodismo para investigar “los crímenes de prensa” orquestados por los medios hegemónicos, sin olvidarnos de la palabra del comediante que manifestó el deseo de “agarrar un camión y jugar al bowling por la 9 de julio” en el marco de una marcha opositora al gobierno de Alberto Fernández durante el feriado del 12 de octubre del 2020.

Muchas veces no aplica la vehemencia con la que se ejecuta una frase, sino que alcanza el valor simbólico que puede tener esta misma. Esto dijo Cristina Fernández: "Sólo hay que tenerle temor a Dios y a mí, un poquito" el 6 de septiembre de 2012, durante un discurso en la Casa Rosada, transmitido por cadena nacional y, al margen de haber sido en un tono amistoso, temor y Dios en una misma oración generan muchas cosas.

En lugar de llamar a la reflexión, los espacios opositores alimentaban el conflicto, exponían el enfrentamiento y no condenaban de ninguna manera manifestaciones fascistas, como llevar muñecos de la expresidenta colgados en horcas en el medio de los reclamos.

Esa violencia espiralizada y en ascendente nos llevó a un hecho único en la democracia de nuestro país. Ante los ojos del mundo el 1 de septiembre del 2022 se observa como se intenta gatillar un arma frente la figura de Cristina Fernández. Intentaron matar a la vicepresidente en ejercicio.

No lo vamos a comparar, pero el 12 de agosto del 2016, le reventaron la luneta del auto presidencial a Mauricio Macri en una visita que se estaba llevando a cabo en nuestra ciudad.

En los dos casos escuchamos gente celebrar los dos ataques.

Sin dudas, lo de CFK, es un hecho de magnitud para pedir calma, frenar, detenerse y atender como dejamos de escalar el conflicto, pero esto no pasó y ahora es tiempo de “los mandriles”.

Volvamos al ejemplo de crecer en una casa violenta donde nada va a salir bien. Nuestro país es nuestra casa y los que la llevan adelante son violentos que nos transforman en rehenes de esa violencia convirtiéndonos en actores similares o en personas sumisas que no somos capaces de enfrentar semejante consecuencia. En los dos casos ganan los violentos que generaron el marco para conseguir más adeptos y multiplicar los sometidos.

El tiempo de “los mandriles” es el tiempo actual en el que el propio presidente Javier Milei utiliza la figura del primate que tiene una zona anal y glútea marcada por la coloración roja intensa para comparar a sus adversarios caídos en desgracia por sus discursos. Básicamente tenemos un primer mandatario que festeja sodomizar a sus contrincantes con sus declaraciones picantes.

Todo este discurso está sostenido por las redes sociales, especialmente X con cuentas anónimas y oficiales que elevan la temperatura, celebrando cada una de las ocurrencias que tiene Milei para con sus enemigos.

Econochantas, sindigarcas, Lali Depósito, Pautino Rodriguez, María BCRA, ensobrados, pauteros, son algunas de las creaciones del presidente que en este tiempo está invitando a odiar a los periodistas.

Nada bueno puede salir de un ámbito de violencia, nada se puede construir en un espacio hostil, entiendo que es una posición minoritaria la que queremos reflejar desde este espacio, pero si nos leen y lo comparten podremos llamar a un tiempo de reflexión que hoy no tenemos.

El llamado es para todos y debemos entender que puede haber una mirada distinta. En la frase popular "no se puede esperar de un burro más que una patada" es la que anula la nobleza del animal que por ejemplo ayudó con su potencia y resistencia a cruzar la carga del ejercito de los Andes liderado por el General San Martin, en la principal epopeya de nuestra independencia.

Podemos mirar más allá y nuestro deber como medio de comunicación es invitar a la reflexión.

 

 

Imagen generada con IA de Bing

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