Un nuevo estudio advierte que los padres también pueden sufrir depresión durante el embarazo y el posparto
Durante años, la salud mental perinatal ha sido abordada casi exclusivamente desde la perspectiva materna. Sin embargo, una investigación recientemente publicada en JAMA Pediatrics, la revista científica de la Asociación Médica Estadounidense especializada en infancia, pone el foco en un aspecto poco visibilizado: los hombres también pueden atravesar trastornos emocionales durante el embarazo de su pareja y tras el nacimiento del hijo, y esto puede afectar profundamente la crianza y el desarrollo infantil.
La revisión sistemática fue liderada por especialistas del Hospital Infantil Ann & Robert H. Lurie de Chicago, en colaboración con la Universidad Deakin de Australia, y analizó más de 40 estudios realizados en distintos países durante las últimas dos décadas.
El resultado es claro: al menos el 14% de los padres primerizos manifiesta síntomas de depresión en el período perinatal, una cifra similar a la de las madres. Sin embargo, hay una diferencia clave: los hombres suelen silenciar lo que sienten.
A diferencia de lo que ocurre con las mujeres, cuyo bienestar emocional en el embarazo y el posparto se evalúa de manera más frecuente, en muchos países los padres quedan fuera del radar de los sistemas de salud.
“No es que los varones sufran menos, sino que no siempre saben cómo —o si está permitido— expresar su malestar”, señalan los investigadores.
La depresión, la ansiedad o el estrés paterno no son temas menores. Según el estudio, los bebés cuyos padres atraviesan este tipo de afecciones sin tratamiento presentan mayores dificultades para conciliar el sueño, alimentarse adecuadamente y desarrollar habilidades de comunicación. Incluso se ha observado una relación con alteraciones en el desarrollo cognitivo y emocional en los primeros años de vida.
Además, la participación activa del padre, especialmente en procesos como la lactancia, puede ser un factor decisivo para el bienestar del bebé. Cuando el estado emocional del padre está comprometido, ese acompañamiento se reduce o se ausenta.
Incluir al padre: una deuda pendiente
A partir de esta evidencia, los autores del estudio plantean la necesidad urgente de ampliar el enfoque de la salud perinatal para incluir de forma sistemática a los padres en los controles médicos, tanto durante el embarazo como en el posparto.
En Estados Unidos, por ejemplo, desde 2010 se realizan evaluaciones rutinarias a las madres para detectar depresión posparto, pero no existe un protocolo similar para los padres. Frente a esta omisión, el equipo del hospital de Chicago desarrolló PRAMS for Dads, una herramienta de monitoreo pionera en salud pública que ya se aplica en algunos estados. Consiste en un cuestionario destinado a recolectar información clave sobre el estado emocional, hábitos y necesidades de los padres primerizos.
El objetivo es claro: generar datos que permitan diseñar políticas públicas que contemplen también el impacto emocional que atraviesan los hombres al convertirse en padres. Porque, como subrayan los expertos, un padre emocionalmente disponible es un sostén clave para el desarrollo integral de un niño.
Criar también es cosa de dos
Lejos de relativizar el impacto de la depresión materna, esta nueva mirada busca complementarla. Reconocer el sufrimiento paterno no implica quitar protagonismo a las madres, sino entender que la experiencia de criar es compartida y que ambos integrantes de la pareja necesitan apoyo, escucha y herramientas para atravesar los cambios que implica el nacimiento de un hijo.