El peligro de vapear: crecen las pruebas sobre sus riesgos para la salud
Los cigarrillos electrónicos irrumpieron en el mercado a mediados de la década pasada con una promesa tentadora: una forma menos dañina de consumir nicotina. Sin embargo, cada vez más investigaciones alertan sobre los riesgos reales que implica vapear.
Un reciente estudio reveló niveles preocupantes de metales pesados en algunos dispositivos, entre ellos plomo, níquel y antimonio, sustancias asociadas al cáncer de pulmón y otros trastornos. Además, el vapor inhalado puede contener compuestos tóxicos como formaldehído y acetaldehído, generados al calentar los líquidos a altas temperaturas.
Los especialistas también advierten sobre los efectos cardiovasculares del vapeo: desde el aumento del ritmo cardíaco hasta el endurecimiento de las arterias, lo que eleva el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares. En cuanto a los pulmones, se detectó que vapear puede agravar el asma, provocar tos crónica e incluso derivar en afecciones graves como la bronquiolitis obliterante.
La salud bucodental también se ve afectada. Al reducir la irrigación sanguínea en las encías, se incrementa la vulnerabilidad a infecciones y enfermedades periodontales.
Pero una de las principales preocupaciones es la adicción. Los vapeadores actuales pueden contener dosis muy elevadas de nicotina, algunos con el equivalente a 100 paquetes de cigarrillos, y se han vuelto especialmente populares entre adolescentes. El consumo temprano puede generar dependencia y hacer más difícil abandonar el hábito.
“Estos productos evolucionan más rápido de lo que podemos estudiarlos”, advirtió Pamela Ling, investigadora de la Universidad de California. Mientras tanto, los especialistas coinciden en una advertencia básica: inhalar sustancias químicas sobrecalentadas no es inocuo.