2025-07-11

Auto Estilo Brisas

Llega un surcoreano para seducir con seguridad y tentar por su precio

Kia le impone la K a su nuevo producto que llega en dos versiones con y sin baúl. Importado desde México sorprende por su buen equipamiento de seguridad y por su atractiva estética. Si bien le falta un motor más moderno, es una ecuación de costo-beneficio que lo hace competitivo en el segmento “B”.

Los que son de mi generación o de las anteriores, sabrán entenderme y hasta se identificarán. En mi época, cuando deletreábamos y nos referíamos a la K, para que se comprenda y no queden dudas, tomábamos como referencia el kilo. Decíamos con K de kilo. Más acá, en este siglo y milenio, la letra K comenzó a tener connotaciones políticas, que aún hoy son profundamente contemporáneas. Del otro lado del mundo, la letra K identifica a un gigante automotriz y uno de sus últimos lanzamientos replica esa misma inicial, el Kia K3.

En Corea del Sur, una corporación que integran Hyundai y Kia es uno de los mayores fabricantes con plantas en todo el mundo, inclusive en nuestro continente. Son marcas que operan por separado, compiten entre sí aunque también comparten motores y proveedores.

Kia no se llama así porque tome como parámetro la letra “K” con la que en inglés se llama a Corea (Korea).  Tampoco su letra intermedia “I” está vinculada con la palabra Industria (Industry). Solamente la “A” es una estricta alusión a Asia. “Ki” en coreano y en chino simboliza nacer, levantar o surgir. Por lo tanto, Kia es “el que nace de Asia” para representar a una empresa que emergió en el final de la Segunda Guerra Mundial, en 1944, mientras que Hyundai comienza a producir en los últimos días de 1967.

Muy cerca del gigante comercial de Estados Unidos y en un país donde uno de los liderazgos en ventas y producción está en manos de una automotriz japonesa como Nissan, es donde Kia desarrolla el K3. En la Planta de Nueva León, una de las seis que tiene en el mundo para alcanzar los 3 millones de unidades anuales,  y bajo el lema All New (Todo Nuevo) el vehículo se gesta en dos siluetas, la Cross o hatchback y la Sedán. Esta última es la que he tenido la posibilidad de probar a fondo en la versión tope de gama GT-Line y en algunos aspectos reconozco que fue para sorprenderme. La primera gratificación está en su amplio baúl de 544 litros, de proporciones poco habituales en el mercado.

El motor es similar al que hace poco habíamos acelerado para sacar de su pereza, el 1.6 aspirado que Hyundai utiliza en el HB 20 que produce en Brasil. Le cuesta tomar velocidad en baja y en la exigencia de algún sobrepaso, la caja automática de 6 velocidades con convertidor de par comienza a trabajar rebajes para resolver en altas revoluciones el torque de 151 NM. Al estabilizarse, por ejemplo a 120 kilómetros por hora, viaja a 2200 RPM. Los consumos están en el rango de la normalidad en ruta y un poco altos en ciudad que pueden llegar a confundir por la limitada capacidad de su tanque de combustible.

Lo más relevante del K3 está en su interior, con techo solar corredizo, tapizados en símil cuero bitono, cargador inalámbrico con refrigeración y una pantalla multimedia de 10 pulgadas que va unida al tablero de diseño demasiado básico, antiguo y apagado. Le faltan algunos espacios portaobjetos pero sobresale la comodidad para los ocupantes de las cinco plazas. Por novedoso resulta también atractivo su control remoto, con los comandos en el borde.

En materia de seguridad está el diferencial descollante por sobre sus competidores en el segmento, ya que cuenta con 6 airbags y un conjunto muy completo de asistencias a la conducción. Los faros LED se complementan con iluminación automática lateral en giros y curvas; alertas de riesgos de colisión, mantenimiento de carril, ángulo ciego y fatiga del conductor además frenado autónomo de emergencia y de tránsito cruzado trasero. La utilidad de los sensores y radares vuelve algo fastidioso el manejo, ya que se torna insistente al punto de bajar el audio integrado. Todo esto complementa lo básico que por normativa debe traer de origen en todas sus versiones, como el control de estabilidad y los frenos ABS a disco en las cuatro ruedas con llantas de 17 pulgadas.

En ambas siluetas, el perfil del K3 es disruptivo, porque aún en el sedán - y mucho más en el modelo Cross - emula la moda denominada Fastback, por la caída de su techo que se fusiona con el baúl en la cola o el portón trasero, según el caso. De frente, se llevan las miradas los faros rasgados con cejas y patillas de marcha diurna mientras que atrás predominan las leds de punta a punta en línea, algo que le conocemos ya en la nueva estética a algunos lanzamientos de Volkswagen.

En la relación precio-producto, el K3 promete librar batallas. No paga aranceles por la procedencia de México como parte del Acuerdo Mercosur extendido, y por eso los valores van, según la versión, desde los 30 a los 35 millones de pesos. Se suma a una garantía extendida por 5 años o 100 mil kilómetros, lo que ocurra primero.

Kia viene con K3 a reemplazar de algún modo su modelo Río, que supo convivir con el Soul en los segmentos chicos, como parte de un portafolio y que más arriba tuvo aceptables niveles de ventas con el sedán Cerato y aún tiene con su SUV Sportage y su minivan de luxury Carnival.

Como ya dije, Kia va con K de kilo. Y cuando decimos que algo está un kilo es porque significa un buen producto y con mucho peso.

 

Por Daniel Revol / @DanielRevolArg

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