After News
¡Grande, Cholo!
La noticia que nunca quisimos dar llegó para que publiquemos: el periodista más importante y trascendente de los últimos 40 años de La Feliz dejó este plano para transformarse en el mito que ya era. “Increíblemente, está mejor, es Highlander”, nos confiaba la semana pasada un médico que seguía su tratamiento desde la internación del 19 de junio. Ese apodo, “Highlander”, se lo ganó entre sus amigos tras un largo período de terapia que atravesó en 2010, según confió Daniel Temperoni —uno de sus amigos entrañables— en diálogo con Nicolás Galante en Brisas Segunda Edición ayer por la tarde.
No vamos a detenernos en la biografía de Vicente; los marplatenses la conocen porque la vieron en la tele, primero en Canal 8 y luego en Canal 10, y la escucharon, sobre todo, en LU6. Pero queremos contarles, queridos lectores, la bonhomía de este hombre que nunca dejó de tener los pies en la tierra ni de entender su rol como comunicador.
Era imposible tomar un café con el Cholo. Si salías de la radio hasta la Fonte d’Oro en Córdoba y Peatonal, lo paraban cada 15 metros para saludarlo o contarle algo: desde anécdotas sobre sus relatos de fútbol en la pantalla chica hasta historias dolorosas sin solución. Él escuchaba y atendía a todos, involucrándose y dándoles su tiempo. Se sentía responsable de su lugar. Cuando los demás volvían del cortado en la barra, Vicente seguía hablando con la gente, sin cambiar su gesto ni su buena predisposición. El récord, según contó el periodista Martín Kobse en Canal 10, fue desde la esquina de Córdoba y San Martín hasta el canal: ¡más de dos horas!
“A Cholo lo vi firmar un autógrafo en una camiseta de Boca”, relataron algunos de los tantos que lo acompañaban en sus múltiples faenas periodísticas. Al salir del estadio, un hincha de unos 25 años lo reconoció, lo interceptó y le dijo: “Cholo, fírmame la remera, que mi vieja se muere de alegría”. Con cierta vergüenza, tomó el fibrón, dejó su nombre y, mientras lo hacía, le decía al joven que estaba loco por pedírselo.
Vicente Ciano fue durante muchos años el periodista más importante e influyente de Mar del Plata. Entrevistó a todas las personalidades destacadas que pasaron por la ciudad: políticos, artistas, embajadores, empresarios, deportistas. Todos lo respetaron y valoraron.
En tiempos de exposiciones breves y grandes premios, al Cholo lo tentaron una decena de veces para dejar el periodismo y pasarse a la política. En varias ocasiones le ofrecieron ser candidato a intendente y, en otras, a legislador. Pero él siempre supo cuál era su lugar: con la gente, detrás de un micrófono o con un grabador en la mano.
Para dimensionar lo que significaba Vicente Luis, basta decir que hasta 15 personas lo esperaban a la salida del noticiero solo para verlo. Nadie podrá calcular cuántas veces metió la mano en el bolsillo para ayudar al que lo necesitaba, ya sea para pagar un remedio, una factura de luz o un par de botines para un hijo. “Algo que me hace muy mal es no darme cuenta de que un amigo necesita algo y que me lo tenga que pedir. Me pone mal no haberlo notado para darle lo que le falta sin que me lo pida”, le confió a Germán Lagrasta en el programa Reserva para dos, una frase que lo describe perfectamente.
El día después de la muerte de Diego, el Cholo recordó una vez más la anécdota en la que Maradona le sacó el teléfono para saludar a su hijo Ariel, a pocas horas de haber ganado el Mundial Juvenil en Japón en 1979. En la charla con Radio Brisas, también confesó que le regaló un par de botines para que llegaran a “Arielito” cuando regresara a Mar del Plata.
El mejor de los nuestros, como dijo Marcelo Pasetti, el marplatense más famoso para todos. Cholo seguirá en las calles de la ciudad, caminando con Isabel, acompañando las marchas, haciendo una nota, hablando de sus nietos y diciendo “Atento a lo que suceda” o deseando “Felicidades para todos”.