2025-07-14

Osvaldo Alonso, el pintor de pasacalles que pasó de los mensajes de amor a los de inseguridad

En diálogo con el móvil de Radio Brisas, Osvaldo contó que desde hace cinco meses empezaron a llegar encargos de mensajes dirigidos a los delincuentes.

Hace medio siglo que Osvaldo Alonso pinta pasacalles en Mar del Plata. Lo hace siempre desde el mismo lugar, con pincel en mano y letra pulida. Comenzó con carteles que celebraban cumpleaños, pedían perdón, daban la bienvenida a un bebé o declaraban amor en el aire marplatense. Hoy, con 70 años y una jubilación mínima que no alcanza, sigue pintando a mano lo que la gente le pide. Pero en los últimos meses, algo cambió.

En diálogo con el móvil de Radio Brisas, Osvaldo contó que desde hace cinco meses empezaron a llegar encargos con un contenido muy diferente: mensajes dirigidos a los delincuentes, en tono de advertencia o amenaza.

El primero que me pidieron me sorprendió. Siempre mantuve una línea respetuosa en lo que pintaba. Dudé en hacerlo, pero noté que se trataba de algo que la gente empieza a ver como una forma de legítima defensa ante tanta inseguridad”, relató.

“Antes robaban para intimidar, ahora te disparan”

El contexto de estos nuevos pedidos es claro: el avance de la violencia urbana. “Tengo un vecino al que le pegaron un tiro en la espalda para robarle la moto. Nadie se hace cargo de eso. Las entraderas a los jubilados se volvieron habituales. Ya no es solo de noche: ahora te pueden atacar en cualquier momento del día”, describió.

Alonso no redacta los textos. “La gente ya viene con la frase pensada. No me siento cómodo armando un mensaje así, pero respeto su voluntad. Hay una sensación de abandono: las familias sienten que tienen que hacer algo por sí mismas, porque nadie las cuida. Pero no debería ser así. Nosotros pagamos para tener seguridad y no la tenemos”, afirmó.

Durante décadas, sus pasacalles marcaron momentos emotivos de la vida marplatense. Uno de los que más recuerda fue el de un hombre que, intentando recuperar a su pareja, mandó a hacer diez pasacalles con mensajes de perdón y los colgó a lo largo del camino que ella recorría para tomar el colectivo.

“Años después, una mujer vino a encargar un cartel para el cumpleaños de 15 de su hija y me preguntó si yo había pintado esos pasacalles. Resultó ser ella. Me dijo: ‘Era mi marido. No nos reconciliamos, pero nunca me olvidé de esos carteles’”, rememoró.

Un oficio que resiste

Hoy debo ser uno de los últimos que queda pintando pasacalles a mano en Mar del Plata. Pensé que el vinilo me iba a reemplazar, pero sigo acá, con pinceles y pintura”, cuenta Osvaldo. Su trabajo no es el mismo de antes: “Ahora son pocos los que vienen. Algunos por temas sociales o políticos, otros por algún cumpleaños. Pero la situación está difícil. Soy jubilado de la mínima. Para vivir hago esto, corto pasto, lo que aparezca. Nunca, en mis 50 años de oficio, la vi tan difícil como ahora”.

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