2025-07-25

Auto Estilo Brisas

El diminutivo se interpreta en palabras mayores

“El juguete rabioso” es una de las grandes obras de Roberto Arlt. Aquí es un desarrollo de movilidad llamado Mini Cooper, que es divertido para manejar y que se pone rabioso, furioso y picante al pedirle velocidad. Esta es la experiencia de prueba de la versión Cabriolet Sport de este pequeño vehículo con identidad inglesa. Una de las muchas alternativas que llevan un diseño exclusivo, irresistible y a las admiradas, los elogios y los suspiros.

Muchas veces hemos escuchado, y repetido, que lo bueno viene en envase chico. Bien puede aplicarse en este caso porque Mini es una manera más simple de definir a lo mínimo. Aunque la marca no en vano escribe MINI así, con mayúsculas, por tratarse de un vehículo extraordinario en prestaciones y exclusivo en diseño. De hecho, también podría asociarse con el estilo minimalista, vanguardista, disruptivo, que rompe con todos los moldes, maquetas y matrices.

De sello auténticamente británico, nos cuesta verlo con el volante a la izquierda. Con sus cualidades ha tenido a lo largo de la historia muy buen rendimiento con la obtención de premios y reconocimientos en sus participaciones del Dakar, el Rally de Montecarlo e inclusive en las 24 horas de Nürburgring. El Mini formó parte de la cultura pop y estuvo asociado a grandes artistas como Mr. Bean, Kate Moss, Brigitte Bardot o los mismísimos The Beatles, como corresponde a un auto convertido en leyenda. Fue creado por Sir Alec Issigonis, un dibujante técnico y comercial de una oficina de diseño de tecnología automovilística en Londres y su obra cumple 66 años de su lanzamiento. La British Motor Company decidió este desarrollo para competirle a los vehículos alemanes conocidos popularmente como burbujas, que se lanzaron luego de la Segunda Guerra Mundial, con pequeño porte y precios accesibles. El mecánico y piloto John Cooper, que tenía una empresa familiar, vio en el Mini una oportunidad para el automovilismo deportivo y por eso le dio su apellido. Hoy, casualmente Mini es una marca de BMW Group, de capital alemán.

Lo primero que debemos hacer es un pacto en el que el conductor, y especialmente sus acompañantes, algo tienen que ceder. Se trata del espacio y la comodidad para ascender y descender del Mini, aunque eso se convertirá en una anécdota porque una vez que estemos en el interior, la adaptación será tan rápida como su motorización. Naturalmente, debemos sacrificar equipaje porque no es un automóvil pensado para un viaje largo de una familia numerosa y nos obligará a cargar lo útil, necesario e imprescindible.

Mini es una experiencia de conducción divertida y ágil. Casi les diría que es como manejar un karting, claro que de lujo y con un equipamiento de tecnología y seguridad superlativos.

El diseño en estas últimas generaciones es desafiante, con sus faros que pueden ser el espejo de los ojos bien abiertos de admiración de cada uno que se lo cruce. Guarda alguna reminiscencia y semejanza con el diseño del Beetle – el escarabajo alemán – y el Alfa Romeo Mito, sobre una silueta de líneas curvas pero con una personalidad que lo hace único e incomparable.

Muchas han sido y son las versiones del Mini que van desde el clásico de 3 puertas al Countryman de 5. Ya ha cambiado su motorización 1.6 por un poderoso turbo naftero de 2 litros que evoluciona de 0 a 100 kilómetros por hora en apenas 8 segundos. De tanque de nafta reducido y consumo moderado, con un manejo en ruta respetuoso de las normas en su modo intermedio, puede hacer 400 kilómetros con menos de 25 litros. Su potencia es de 192 caballos con 280 NM de torque, asociado a una caja automática de doble embrague de 7 velocidades y levas al volante para la opción manual. El relax del motor, cuando entra en velocidad crucero a 120 kilómetros por hora, trabaja a solamente 2 mil revoluciones por minuto. Siempre en el modo intermedio, ya que cuenta también con uno Sport, muy picante, y otro económico y ecológico, denominado Green. En todos los casos, los cambios no se registran solamente en la potencia de impulsión y consumo, sino que son muy notorias cómo la maniobrabilidad se percibe en el volante y la marcha en la adherencia, adaptándose a la interpretación de lo que el conductor planifica.

Sus luces led bajas son muy profundas y las altas se transforman en excelentes, coronadas por el anillo o rímel de marcha diurna en todo el contorno circular, que conviven con los destellos de los giros y balizas. Los faros traseros, polémicos pero identitarios, representan la bandera del Reino Unido y una parte del diseño parece marcar la K de Kingdom, reino en inglés.

Me detengo en la versión probada que es la Cabriolet S, o Mini Cooper Cabrio Sport, que puede pasar a convertible en menos de 20 segundos, bajando en simultáneo las 4 ventanillas. El techo descapotable, cuando está colocado, tiene un muy buen nivel de insonorización y solamente la proximidad de aquellos camiones muy ruidosos intenta ingresar al habitáculo. Para compensar, un sonido envolvente de excelencia que parte de los 12 parlantes del equipo Harman Kardon, aísla de todo aquello que puede resultar molesto.

Como marqué anteriormente, puede ser algo incómodo subirse a un auto bajo, con puertas de grandes dimensiones, pero quien conduzca y lo acompañe se adaptarán en segundos, porque sus butacas deportivas y ergonómicas tapizadas en cuero serán pura invitación al disfrute. Lo visual es otro placer incomparable, porque el tablero digital con forma de óvalo tiene abundante y accesible información. Y se combina con el sistema multimedia en una pantalla circular táctil de 8 pulgadas, similar a los faros delanteros, con un entorno que interpreta intensidades del sonido y la climatización. Viene con navegador integrado y al comando superior de luces de interior se suma la de ambientación en distintas tonalidades. Debajo de la pantalla, un piano de cuatro notas tiene en su tecla central el comando del sonido que le dará vida, con el arranque para rugir por su doble escape central.

En materia de seguridad, esta versión del Mini Cabrio cuenta con control de estabilidad, velocidad crucero adaptativa, frenado autónomo de emergencia y alertas de cambio de carril y riesgo de colisión. Todo se complementa con cámaras y sensores, excepto el punto de ángulo ciego que puede resultar una complicación ante una eventual distracción por el pequeño tamaño de sus espejos. Cuenta con 4 airbags que es lo máximo que puede ofrecer un Cabrio, limitado por los perfiles sin parantes.

Manejar el Mini es tan divertido y relajante como conseguir lugar para estacionarlo y maniobrarlo. Quienes quizás no disfruten la experiencia a bordo del mismo modo serán quienes vayan en las únicas dos plazas traseras, con alguna complicación para acceder y descender. Por fuera le sobran estilo, facha y personalidad, complementándose con sus llantas de 17 pulgadas y cubiertas con sistema run flat, ya que por obvias razones de un muy reducido baúl - casi tamaño guantera - no cuenta con auxilio. Claro que es una solución pensada para las autopistas europeas y no justamente para las rutas bonaerenses y el estado de algunas de nuestras cotidianas calles.

En sus orígenes, la genética de aquel primitivo Mini guardaba alguna semejanza por tamaño con aquellos Fiat 500 y 600 y según la época su aspecto era incluso similar al Renault 4. De hecho, esos emblemáticos automóviles italianos y franceses también han tomado lo vintage, para reinventarse con esa misma alma pero con un espíritu futurista. En cambio, Mini ha logrado en algo más de seis décadas, una evolución constante para pasar de un vehículo popular y masivo a convertirse en un objeto de deseo y exclusividad.

Compacto y versátil, personal  y picante, de tamaño Mini y de prestaciones Maxi.

 

Por Daniel Revol / @DanielRevolArg

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