2026-01-26

Medicamentos y verano: cómo el calor puede modificar tu tratamiento

El doctor Ariel Cherro dio una clara explicación de los efectos del calor sobre los medicamentos de uso habitual.

Por el Dr. Ariel Cherro (Mat. 449478)

En Mar del Plata y la zona, donde se combinan humedad, caminatas, playa y una gran cantidad de personas mayores, hay un aspecto de la salud que suele pasar inadvertido: los efectos del calor sobre los medicamentos de uso habitual.

El calor sí modifica la respuesta del cuerpo a ciertos fármacos. En los días calurosos el organismo pierde más líquidos y los vasos sanguíneos se dilatan. Esta combinación puede potenciar efectos adversos de algunos medicamentos y favorecer mareos, debilidad o caídas. En una ciudad con veredas irregulares y mucha actividad al aire libre, una caída puede tener un impacto importante en la vida cotidiana.

Medicamentos que requieren especial cuidado en verano

Durante esta época conviene prestar especial atención a los diuréticos, que aumentan la pérdida de agua y sales y pueden generar calambres, sensación de debilidad o baja de presión.

También a los fármacos para tratar la hipertensión, porque el calor ya tiende a bajar naturalmente la presión arterial y pueden aparecer desvanecimientos al incorporarse o caminar bajo el sol.

Los psicofármacos —como algunos ansiolíticos, antidepresivos o medicamentos con efecto anticolinérgico— pueden alterar la regulación del calor corporal y provocar somnolencia, fatiga o inestabilidad. Esto no significa que necesariamente generen estos efectos, pero sí que el riesgo puede aumentar en días de alta temperatura.

En personas con Parkinson o demencias, el calor puede intensificar episodios de confusión, problemas de equilibrio o desorientación, por lo que se recomienda estar especialmente atentos.

Ninguno de estos medicamentos debe suspenderse por cuenta propia. El objetivo es reconocer posibles cambios y consultar si aparecen síntomas nuevos.

La conservación también importa

En verano es habitual dejar medicamentos en lugares poco adecuados: la cocina, el baño, una mochila, el auto o la cartera.

El calor puede dañar medicamentos incluso si no se ven cambios visibles. Muchos pierden efectividad cuando se exponen a temperaturas superiores a los 25 o 30 grados. Esto es especialmente importante en el caso de la insulina, las gotas, los jarabes y los inyectables. Mantenerlos en un lugar fresco, seco y protegido del sol directo es fundamental.

Alcohol, medicamentos y calor: una mezcla problemática

El verano suele traer más reuniones sociales y con ellas un mayor consumo de alcohol. Pero el alcohol deshidrata y potencia los efectos adversos de diversos fármacos. Esto aumenta el riesgo de caídas, somnolencia, confusión y desmayos, particularmente en adultos mayores.

Cuándo consultar

Si aparecen mareos que antes no estaban, debilidad marcada, confusión, falta de apetito, disminución de la sed o caídas, vale la pena revisar el tratamiento. Muchas veces estos síntomas se atribuyen solo al calor, cuando en realidad pueden ser consecuencia de la combinación entre altas temperaturas y medicación.

Como mensaje final, el verano no es un motivo para suspender los tratamientos, pero sí para revisarlos y hacer pequeños ajustes si el profesional lo considera necesario. Un control con el médico o farmacéutico puede evitar complicaciones.

Beber agua con regularidad, no modificar las dosis por decisión propia y consultar ante síntomas nuevos son medidas simples que cuidan la salud durante los días de calor.

 

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