Medicamentos y verano: cómo el calor puede modificar tu tratamiento
Por el Dr. Ariel Cherro (Mat. 449478)
En Mar del Plata y la zona, donde se combinan humedad, caminatas, playa y una gran cantidad de personas mayores, hay un aspecto de la salud que suele pasar inadvertido: los efectos del calor sobre los medicamentos de uso habitual.
El calor sí modifica la respuesta del cuerpo a ciertos fármacos. En los días calurosos el organismo pierde más líquidos y los vasos sanguíneos se dilatan. Esta combinación puede potenciar efectos adversos de algunos medicamentos y favorecer mareos, debilidad o caídas. En una ciudad con veredas irregulares y mucha actividad al aire libre, una caída puede tener un impacto importante en la vida cotidiana.
Medicamentos que requieren especial cuidado en verano
Durante esta época conviene prestar especial atención a los diuréticos, que aumentan la pérdida de agua y sales y pueden generar calambres, sensación de debilidad o baja de presión.
También a los fármacos para tratar la hipertensión, porque el calor ya tiende a bajar naturalmente la presión arterial y pueden aparecer desvanecimientos al incorporarse o caminar bajo el sol.
Los psicofármacos —como algunos ansiolíticos, antidepresivos o medicamentos con efecto anticolinérgico— pueden alterar la regulación del calor corporal y provocar somnolencia, fatiga o inestabilidad. Esto no significa que necesariamente generen estos efectos, pero sí que el riesgo puede aumentar en días de alta temperatura.
En personas con Parkinson o demencias, el calor puede intensificar episodios de confusión, problemas de equilibrio o desorientación, por lo que se recomienda estar especialmente atentos.
Ninguno de estos medicamentos debe suspenderse por cuenta propia. El objetivo es reconocer posibles cambios y consultar si aparecen síntomas nuevos.
La conservación también importa
En verano es habitual dejar medicamentos en lugares poco adecuados: la cocina, el baño, una mochila, el auto o la cartera.
El calor puede dañar medicamentos incluso si no se ven cambios visibles. Muchos pierden efectividad cuando se exponen a temperaturas superiores a los 25 o 30 grados. Esto es especialmente importante en el caso de la insulina, las gotas, los jarabes y los inyectables. Mantenerlos en un lugar fresco, seco y protegido del sol directo es fundamental.
Alcohol, medicamentos y calor: una mezcla problemática
El verano suele traer más reuniones sociales y con ellas un mayor consumo de alcohol. Pero el alcohol deshidrata y potencia los efectos adversos de diversos fármacos. Esto aumenta el riesgo de caídas, somnolencia, confusión y desmayos, particularmente en adultos mayores.
Cuándo consultar
Si aparecen mareos que antes no estaban, debilidad marcada, confusión, falta de apetito, disminución de la sed o caídas, vale la pena revisar el tratamiento. Muchas veces estos síntomas se atribuyen solo al calor, cuando en realidad pueden ser consecuencia de la combinación entre altas temperaturas y medicación.
Como mensaje final, el verano no es un motivo para suspender los tratamientos, pero sí para revisarlos y hacer pequeños ajustes si el profesional lo considera necesario. Un control con el médico o farmacéutico puede evitar complicaciones.
Beber agua con regularidad, no modificar las dosis por decisión propia y consultar ante síntomas nuevos son medidas simples que cuidan la salud durante los días de calor.