2026-02-18

La Iglesia da inicio a la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza

Con el Miércoles de Ceniza, la iglesia comienza la cuaresma, un tiempo de reflexión, ayuno y preparación espiritual rumbo a la Pascua cristiana.

La Iglesia Católica comienza el tiempo de Cuaresma con la celebración del Miércoles de Ceniza, una etapa central del calendario litúrgico que se extiende durante cuarenta días y tiene como objetivo preparar a los fieles para la celebración de la Pascua. Se trata de un período marcado por la reflexión, la penitencia y la conversión interior.

Durante la celebración litúrgica del Miércoles de Ceniza, luego del Evangelio y la homilía, se bendicen y se imponen las cenizas en la frente de los fieles. Estas cenizas provienen de los ramos de olivo y otros árboles bendecidos el Domingo de Ramos del año anterior, y su imposición va acompañada de una exhortación clara: “Conviértete y cree en el Evangelio” o “Recuerda que eres polvo y al polvo volverás”, expresiones que invitan a la humildad y al cambio de vida.

El inicio de la Cuaresma también pone el acento en dos prácticas tradicionales: el ayuno y la abstinencia. El Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo son los únicos dos días del año en los que la Iglesia establece ambas obligaciones. El ayuno implica una moderación en la comida como forma de penitencia y oración, y alcanza a los fieles adultos hasta los 59 años. La abstinencia de carne, en tanto, rige para quienes tienen más de 14 años.

En la Argentina, la Conferencia Episcopal Argentina autoriza que la abstinencia de carne pueda ser reemplazada por otras prácticas penitenciales, como la abstención de bebidas alcohólicas, una obra de caridad o un gesto concreto de piedad. Más allá de estas alternativas, la abstinencia continúa practicándose todos los viernes del año, excepto cuando coinciden con una solemnidad.

Desde una perspectiva espiritual, la Cuaresma se inspira en la imagen bíblica del desierto. Por un lado, remite a los cuarenta años del pueblo de Israel tras la salida de Egipto; por otro, al ayuno y la oración de Jesús en el desierto antes de iniciar su vida pública. Ambas experiencias reflejan un tiempo de prueba, de escucha de la Palabra de Dios y de fortalecimiento de la fe.

Litúrgicamente, el tiempo de Cuaresma se extiende desde el Miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo, antes de la Misa de la Cena del Señor. Durante este período, la Iglesia suprime el canto del Aleluia, no adorna los altares con flores y limita el uso de instrumentos musicales, en coherencia con el carácter penitencial de este tiempo. Estas normas solo se flexibilizan en el cuarto domingo de Cuaresma, conocido como domingo de Laetare, y en las solemnidades.

Además, durante las cinco semanas cuaresmales no se celebran misas de difuntos, salvo la misa exequial o el primer aniversario de la muerte, siempre fuera de los domingos. El color litúrgico predominante es el violeta o morado, símbolo de penitencia y preparación espiritual, mientras que el color rosado puede utilizarse únicamente en el domingo de Laetare como signo de esperanza.

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