Miguel Albarelo, Malvinas en primera persona: "Las guerras son desgracia"
En los estudios de Radio Brisas, Miguel Albarelo, veterano de Malvinas e integrante de la Fundación No Me Olvides, recordó lo vivido hace 44 años en la guerra. En aquel entonces tenía 19 años cuando le comunicaron que tenía que ir a las islas. Un día llegó de su trabajo a su casa y sus padres le dieron esa noticia: "Estaban mi mamá y mi papá con la cédula para presentarme en el regimiento que quedaba a 20 kilómetros de mi casa", recuerda con la voz quebrada.
A la mañana siguiente tomó el tren bien temprano, desde la localidad de Jáuregui, en el partido de Luján donde vivía, para llegar antes de las 6.00. "Cuando llegué, me reencontré con los compañeros que había hecho la colimba, teníamos el pelo largo, nos abrazamos", expresó. En ese entonces, contó que "estaba la euforia de que habíamos recuperado Malvinas y se hablaba de que podía haber movimientos de tropas".
Las horas pasaron y ya en el regimiento otra vez, volvieron al pelo corto y recibieron el armamento y la ropa. "Nos presentamos con el DNI y nos dijeron que volvíamos a ser soldados y que nos iban a asignar el rol de combate y armamento", recuerda.
El 13 de abril partieron a Malvinas. En ese entonces era todo práctica de tiro y todo el día hacían ejercicios de combate. Albarelo señaló que los días eran interminables hasta que en un momento les habló el jefe de regimiento y les dijo que Argentina había recuperado las Malvinas y que tenían que ir a Puerto Argentino. Entonaron el himno y se subieron a los camiones Unimog. "La gente nos saludaba", remarcó.
Luego viajaron en un avión que no tenía asientos. El vuelo fue a Río Gallegos. Ese día comentó que aterrizaron a las 21.20 y ahí comenzó todo. En este marco, sostuvo que "el 1 de mayo (de 1982) a la madrugada nos avisaron que había alerta rojo y gris que era proximidad de buques y aviones, y al instante se empezaron a sentir los bombardeos. Habían bombardeado la pista del aeropuerto, nosotros estábamos a 9 kilómetros y ahí tomamos conciencia de que estábamos en una guerra".
"Durante la guerra recibí un par de cartas de mi madre, las encontré hace poco", recordó emocionado en los estudios de Radio Brisas.
Una vez que la guerra terminó, Miguel Albarelo siguió pasando días espantosos hasta que pudo lograr su vuelta a casa. No fue fácil. "En el caso mío y de mis compañeros nos encontraron en un lugar alejado de Puerto Argentino, nos dijeron que teníamos que entregar el armamento. A los pocos metros nos interceptaron unos ingleses, nos requisaron y nos tomaron prisioneros. Quedamos durmiendo a la intemperie en el aeropuerto y nos movieron a un gaplón", relató.
Los días se hacían interminables, y el 20 de junio de 1982 alguien golpeó su cara para despertarlo. Había sol y era el Día de la Bandera y del Padre. Ahí llegó la frase que cambiaría su vida y que daría fin al calvario de la guerra; "'Flaco levántate, nos volvemos a casa'", comentó con la voz quebrada sin poder contener las lágrimas. Subió las escaleras del barco Irizar ya sin fuerzas en las piernas, pero pudo y regresó al país. Pisó tierra el 27 de junio. Primero se encontró con compañeros de su pueblo, y luego desembarcaron en Madryn y de ahí salió un colectivo.
El ex combatiente rememoró lo que fue el reencuentro con sus familiares y ese abrazo interminable. "Estaba sentado atrás, cuando dio la vuelta el colectivo, vi la cara de mi mamá y de mi hermano. No pasaba más el tiempo para poder bajar y abrazarlos hasta que mi mamá me abrazó", precisó con mucha emoción.