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Entra agua
La alerta naranja en una decena de municipios del sudeste bonaerense pone en acción a los comités de contingencia, pero ayuda a correr del eje la falta de respuesta sobre las preocupaciones mayoritarias de gran parte de la ciudadanía.
La consultora Management & Fit realizó un trabajo en Mar del Plata del que solo tuvimos acceso a una de las preguntas, pero fue tan fuerte el resultado que nos alcanza para descubrir que la preocupación sobre la seguridad en la ciudad supera cualquier tipo de problemática y atraviesa a todos los estamentos.
Una de las preguntas de la muestra es muy clara: ¿Cuál considerás que es el principal problema del partido de General Pueyrredón? La respuesta fue contundente: casi la mitad de los marplatenses marcaron la inseguridad como la preocupación mayor a solucionar y, en esa respuesta, les golpean la puerta a todos.
El control sobre la seguridad está a cargo de las provincias; por lo tanto, que el 46% de los encuestados elija la inseguridad como principal problema en el distrito es una fuerte llamada de atención para el gobierno de Axel Kicillof y para su ministro del área, Javier Alonso. Al intendente Agustín Neme también le toca porque, evidentemente, no alcanza con la patrulla municipal y el corrimiento de los “fisuras” para solucionar el tema.
La política que llevaba el gobierno de Guillermo Montenegro parece ya no alcanzar: se multiplican los reclamos por luminarias, la tarea del centro de monitoreo y el alcance de los fondos que llegan a los municipios para seguridad de parte de la Provincia.
Ni hablar del rol que le toca al Ejecutivo nacional en todo esto, porque las fuerzas federales nunca llegaron, el dinero coparticipable a las provincias es cada vez más bajo y la pérdida de puestos de trabajo por las políticas macroeconómicas —que afectan fuertemente a una ciudad como la nuestra— son un caldo de cultivo para un clima marginal que crece por encima de la media.
Otro tema es la Justicia que, en el imaginario colectivo, funciona como una puerta giratoria; tiene una mirada noruega sobre la intervención del Estado en el proceso de castigo e inserción de los condenados, pero tiene una respuesta haitiana en la ejecución.
Solo el 6.7% cree que el principal problema es la gestión municipal actual. De ese dato nos sostenemos para explicar en estas líneas que el desánimo de uno de cada dos marplatenses tiene muchos responsables, y es acá donde entra a jugar el desaliento.
Muchos de los que se animaron a votar lo nuevo que llegaba de la mano de Javier Milei, y luego lo ratificaron en el medio término, hoy no tienen un sentimiento de arrepentimiento; todo lo contrario, sostienen que era el único voto posible porque ya no querían más de lo mismo. El sentimiento que los invade es el de desaliento, porque sienten que se gastaron la última bala, y eso pone en fuertes problemas al sistema democrático tal como lo conocemos.
La economía crece, pero en Vaca Muerta y en Cuyo. En los hogares con dos trabajos la plata no alcanza y comienza a existir el miedo a la desocupación; por lo tanto, si se rompió el estado de bienestar en mi aldea, por lo menos dame seguridad. Lo extraño es que el experimento de “cárcel o bala” del malogrado José Luis Espert ya no se repite como mantra, porque cuando entra agua por todos lados uno ya no sabe qué agujero tapar primero; entonces, la idea de “garrote, garrote, garrote” ya no entusiasma tanto.
Ese sentimiento de desamparo tiene dos miradas, una que supera a la otra. “Que venga algo nuevo porque no queremos que se lleven la nuestra”, esa máxima se transformó en “No me alcanza la mía”, y la teoría republicana —con déficit cero incluido— deja de ser prioridad para el próximo votante.
Entra agua por todos lados: PAMI, IOMA, IOSFA, motochorros y entraderas, dietas de 11 millones de pesos, funcionarios con sueldos muy bajos mientras aumenta el rumor sobre sobresueldos. El dólar barato facilita el Caribe, pero provoca una conmoción en el turismo local; se pueden importar productos a un cuarto de lo que cuestan acá, pero se pierden puestos de trabajo de la industria nacional. Es récord la exportación energética, pero a los barcos de pesca les cuesta más del 50% de la marea el precio del gasoil y llenar el tanque de un auto cuesta 100 lucas.
Tal vez sea el momento de no ver las elecciones como un punto de inflexión —eso se instala solo cada año que vamos a votar—; quizás sea el momento de buscar una discusión más profunda que emocional. Estamos seguros de que esta opción no califica en el universo de los expertos en campañas, pero vamos a sostener algunas ideas, porque no nos van a obligar a decir “¡A los botes!”, porque eso significaría que se nos hundió el barco.