Por el Dr. Ariel Cherro
Invierno y salud: por qué aumentan las enfermedades y qué podemos hacer
Con la llegada del frío, muchas personas asocian directamente las bajas temperaturas con enfermarse. Sin embargo, es importante aclarar un concepto clave: el frío en sí no causa infecciones, pero sí genera condiciones que facilitan su aparición y propagación.
Durante el invierno, los virus respiratorios —como la Influenza o el COVID-19— circulan con mayor facilidad. Esto ocurre porque sobreviven mejor en ambientes fríos y secos, y porque pasamos más tiempo en espacios cerrados, con menor ventilación, lo que favorece la transmisión entre personas.
Además, el aire frío y seco afecta nuestras defensas locales: reseca las mucosas y reduce la eficacia del sistema mucociliar, que actúa como una primera barrera contra virus y bacterias. Incluso se ha demostrado que a menor temperatura en la vía aérea superior, la respuesta inmune local puede ser menos eficaz, facilitando la replicación viral.
No solo infecciones: otros riesgos del invierno
El impacto del frío va más allá de las enfermedades respiratorias. Durante esta época también aumenta la frecuencia de eventos cardiovasculares, como el Infarto agudo de miocardio y el Accidente cerebrovascular.
Esto se explica por varios mecanismos: el frío provoca vasoconstricción, eleva la presión arterial, aumenta la viscosidad de la sangre y activa el sistema nervioso simpático. A esto se suman cambios en el estilo de vida, como menor actividad física y dietas más calóricas.
También son más frecuentes las descompensaciones de enfermedades crónicas respiratorias como el Enfermedad pulmonar obstructiva crónica y el Asma, así como problemas de salud mental, incluyendo el Trastorno afectivo estacional.
Otro riesgo importante, muchas veces subestimado, es la Intoxicación por monóxido de carbono, asociada al uso de calefacción en ambientes cerrados y mal ventilados.
Qué podemos hacer para cuidarnos
La buena noticia es que muchas de estas situaciones se pueden prevenir con medidas simples:
Ventilar los ambientes
Aunque haga frío, es clave abrir ventanas al menos unos minutos cada día para renovar el aire y reducir la concentración de virus.
Abrigarse adecuadamente
Mantener una temperatura corporal adecuada ayuda a evitar el estrés térmico y sus efectos sobre el organismo.
Cuidar la alimentación
Una dieta equilibrada, con buen aporte de frutas, verduras y proteínas, contribuye al buen funcionamiento del sistema inmune.
Mantenerse activo
Dentro de lo posible, sostener algún nivel de actividad física, incluso en espacios cerrados.
No aislarse
El invierno puede favorecer el aislamiento. Mantener el contacto con familiares y amigos es clave para la salud emocional.
Estar atentos al malestar emocional
Cambios en el ánimo, tristeza persistente, falta de energía o aislamiento deben ser señales de alerta. Consultar y pedir ayuda a tiempo es fundamental.
Vacunarse
Las vacunas son una herramienta central de prevención, especialmente en personas mayores o con enfermedades crónicas:
- Vacuna antigripal (Influenza)
- Vacuna antineumocócica
- Vacuna contra virus sincicial respiratorio (en población indicada)
El invierno no es solo una estación: es un contexto que modifica nuestro entorno, nuestros hábitos y el funcionamiento del cuerpo.
Cuidarnos en esta época implica pequeñas acciones cotidianas que, sostenidas en el tiempo, tienen un gran impacto en la salud individual y comunitaria.