Domingo Robles, el hombre que se animó a soñar en grande
Con la partida de Domingo Robles se va una de las figuras más influyentes de la historia deportiva de Mar del Plata. Un dirigente que como presidente del club transformó a Peñarol desde la convicción, el coraje para tomar decisiones y una pasión inquebrantable por los colores que defendió durante toda su vida.
Disruptivo cuando la dirigencia deportiva solía transitar caminos más conservadores, Robles hizo de la audacia una forma de gestión. Apostó cuando otros dudaban, desafió los límites de lo posible y llevó a Peñarol a conquistar un lugar de privilegio en el básquet argentino y continental.
Su legado no se explica solamente a través de los títulos obtenidos. También se encuentra en la huella que dejó como conductor de proyectos, en su capacidad para sostener ideas firmes aun en los momentos más difíciles y en una manera de entender la dirigencia que terminó convirtiéndose en referencia para muchos.
Domingo estaba convencido de que Peñarol podía aspirar a lo máximo. Y trabajó incansablemente para demostrarlo. Lo hizo con aciertos, con riesgos y con una determinación que nunca pasó inadvertida.
Por eso, al recordarlo, resulta imposible separar al dirigente de la persona. Porque detrás de cada logro deportivo hubo un hombre apasionado, comprometido y profundamente identificado con su club.
Hoy el deporte marplatense despide a uno de sus protagonistas más trascendentes. A un dirigente que dejó una marca imborrable en Peñarol y que ayudó a redefinir hasta dónde podía llegar una institución cuando alguien se atrevía a pensar en grande.
Se fue Domingo Robles. Queda su obra. Queda su legado. Y queda para siempre una parte fundamental de la historia de Peñarol y del deporte de Mar del Plata.