2026-08-25

Nicolás Brussino y Mar del Plata, el lugar donde empezó a cambiar su historia

Tenía 22 años cuando llegó a Peñarol y todavía no imaginaba que aquella temporada sería el comienzo de un recorrido que lo llevaría a la NBA, Europa y la Selección.

Más de una década después de su llegada a Peñarol, Brussino regresa a la ciudad con la camiseta de la Selección. 

Por Florencia Cordero

Este jueves, desde las 19.10, el equipo dirigido por Pablo Prigioni enfrentará a Puerto Rico en el Polideportivo Islas Malvinas, por la cuarta ventana de los Clasificatorios FIBA para la Copa del Mundo de 2027.

Para Brussino, el partido tendrá un significado especial. La ciudad que ahora lo recibe con la camiseta de la Selección fue también la que lo recibió cuando apenas tenía 22 años y comenzaba a construir su camino en la Liga Nacional. En Peñarol encontró una temporada decisiva, referentes que marcaron su crecimiento y el escenario desde el que, poco después, daría un salto que ni siquiera imaginaba: la NBA.

Hoy, con años de Selección Argentina, experiencia en la NBA y una extensa trayectoria en Europa, Brussino vuelve a pisar Mar del Plata con otra perspectiva. Pero hay algo que permanece: el cariño por una ciudad donde dejó amigos, recuerdos y una etapa decisiva de su carrera.

“Siempre Mar del Plata es una plaza del básquet que me recibe muy bien”, reconoce. Y cuenta que cada vez que llega a la ciudad encuentra el cariño de la gente por su paso por Peñarol. “Siempre disfrutamos de estar y jugar en la ciudad. Tuve un paso que me gustó mucho por Peñarol”, señala.

El regreso también tiene un componente personal. Más allá de volver a jugar, Brussino sabe que la ciudad significa reencontrarse con personas que formaron parte de aquella etapa. “Dejé grandes amigos, así que esta posibilidad que tengo de volver a Mar del Plata es reencontrarme un poco con ellos, vivir viejas anécdotas y disfrutar un poco de todo”, cuenta.

Cuando Brussino llegó a Mar del Plata tenía 22 años y apenas tres temporadas en la Liga Nacional. También comenzaba a transitar sus primeras experiencias con la Selección Argentina.

Mirando hacia atrás, reconoce que era otro jugador y, también, otra persona. En Peñarol se encontró con dos referentes que tuvieron una influencia importante en ese proceso: Leo Gutiérrez y Sergio Hernández. “Ellos también me ayudaron mucho a crecer como persona y como jugador”, recuerda.

Gutiérrez fue una referencia dentro de la cancha y en el día a día, mientras que Hernández ocupaba además el lugar de entrenador y conductor de la Selección. Brussino intentó aprovechar aquella convivencia y cada uno de los consejos que recibió.

“Estaba creciendo, estaba sumando mis primeras experiencias y él estaba en la Selección también. Me aportó todo su conocimiento y traté de aprovechar esos consejos que me dieron tanto Leo como él”, explica.

Aquella temporada fue importante para Peñarol y también para Brussino. Aunque todavía no lo sabía, Mar del Plata se convertiría en el punto de partida de un salto enorme.

La NBA no estaba en los planes

Cuando llegó a Peñarol, Brussino no pensaba en la NBA. Su objetivo era seguir creciendo como jugador y, dentro de la hoja de ruta que imaginaba, Europa aparecía como el próximo gran destino.

Pero durante aquella temporada comenzaron a aparecer scouts interesados en él. “Cada partido había scouting dando vueltas, pero yo nunca lo veía muy cercano en ese momento. Me decían: ‘Mirá, vino gente de afuera a mirarte’ y yo seguía con lo mío”, recuerda.

Después de terminar la temporada, las conversaciones avanzaron y apareció la posibilidad de Dallas. El salto se produjo, además, en la previa de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. El chico que había llegado a Mar del Plata para seguir creciendo terminaba dando el salto a la NBA.

De Peñarol al mundo

El desembarco en Estados Unidos fue un choque cultural. Brussino reconoce que era una de las primeras veces que salía del país y que pasar de la Liga Nacional a la NBA implicaba enfrentarse a un mundo completamente diferente.

En Dallas compartió equipo con figuras de enorme dimensión y tuvo una experiencia que, más allá de los resultados, terminó siendo fundamental para su crecimiento.

Entre esos aprendizajes aparece una figura que todavía recuerda especialmente: Dirk Nowitzki. “Fue muy chocante, porque una mañana estuve entrenando en Cañada de Gómez, al día siguiente volé para Dallas y ya estaba entrenando ahí. Veo bajando de la escalera del entrenamiento a un alemán gigante. Yo nunca lo había visto personalmente, siempre era en la tele”, relata.

Nowitzki, sin embargo, no apareció ante él solamente como una superestrella. Brussino recuerda especialmente su trato cotidiano y la atención que tuvo con él durante sus primeros días en Estados Unidos, cuando todavía estaba lejos de su familia, enfrentándose a un nuevo país y a un nuevo idioma.

La experiencia en Dallas fue positiva. Jugó, tuvo minutos y dejó una buena impresión. Después llegó Atlanta, una etapa diferente, que lo llevó a tomar una decisión: su futuro estaba en Europa.

En 2018 llegó Gran Canaria. Después vendrían Tenerife y una carrera que continuaría creciendo en el básquet europeo.

La Selección como otra forma de volver

El recorrido también tuvo un capítulo central con la camiseta argentina. En 2019, Brussino fue parte del equipo que primero conquistó el oro en los Juegos Panamericanos de Lima y luego llegó a la final del Mundial de China, además de conseguir la clasificación a los Juegos Olímpicos.

Él mismo destaca aquella preparación y la competencia constante como una de las claves para que el equipo llegara al Mundial con un funcionamiento aceitado.

Fue uno de los grandes momentos de una carrera que, con el tiempo, sumó más temporadas con la Selección y nuevas experiencias internacionales.

Hoy el desafío es diferente: volver a llevar a Argentina a un Mundial. Brussino entiende que las clasificaciones son cada vez más difíciles, pero mantiene el objetivo.

“Estamos luchando por volver nuevamente al Mundial, que es una cuota pendiente que tenemos”, afirma.

Y ese camino vuelve a cruzarse con Mar del Plata. Este jueves, ante Puerto Rico, Brussino tendrá la posibilidad de jugar nuevamente en la ciudad que fue una parte fundamental de su formación y desde la que comenzó a proyectarse hacia el básquet internacional.

La ciudad donde llegó siendo un jugador joven. La ciudad donde compartió vestuario con referentes. La ciudad desde donde empezó a mirar un horizonte que terminaría llevándolo hasta la NBA.

Ahora vuelve siendo otro Brussino. Ya no es aquel chico de 22 años que buscaba crecer en la Liga Nacional. Es un jugador con una extensa experiencia internacional, pero que conserva intactos algunos vínculos de aquella etapa.

Por eso el regreso tiene algo de reencuentro. Con la ciudad, con la gente y con aquellos amigos que quedaron del otro lado del tiempo. Porque algunas ciudades no son solamente un lugar en una carrera. Son parte de la historia que explica cómo empezó todo.

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