El 72% de los menores de 40 años se queda sin dinero antes del día 20
Los ingresos de buena parte de los hogares argentinos no alcanzan para cubrir todo el mes. Según el Monitor de Opinión Pública (MOP) de septiembre, elaborado por Zentrix Consultora, el 72% de las personas menores de 40 años se queda sin dinero a más tardar el día 20, mientras que el 60,9% de ese grupo tomó deuda durante los últimos seis meses.
El relevamiento también muestra que el problema se profundiza entre los sectores de menores ingresos: el 83,3% de las personas de clase baja agota sus recursos antes de esa fecha y apenas el 0,9% consigue ahorrar.
Los resultados describen un escenario en el que el crédito adquiere un papel cada vez más importante para afrontar los gastos cotidianos. Entre quienes se endeudaron, más de la mitad lo hizo para cubrir necesidades básicas, como alimentos y salud, mientras que otro grupo recurrió a préstamos para pagar tarifas y servicios.
El informe de Zentrix señala que dos de cada tres argentinos se quedan sin dinero a más tardar el día 20. Casi cuatro de cada diez agotan sus ingresos durante la primera quincena y solamente el 34% afirma llegar a fin de mes con sus recursos.
La capacidad de ahorro también es limitada: apenas el 9,8% de los encuestados manifestó que logra guardar dinero. Estos indicadores permiten observar las dificultades que enfrentan numerosos hogares para organizar sus presupuestos mensuales. Cuando los ingresos se terminan antes de la siguiente fecha de cobro, los gastos esenciales y los imprevistos pueden impulsar la búsqueda de financiación para cubrir la diferencia.
El estudio también identificó una percepción extendida sobre la evolución de los salarios. El 81,8% de los consultados considera que sus ingresos no le ganan a la inflación, una señal de la preocupación por el poder adquisitivo.
Endeudamiento en Argentina: para qué se utiliza el crédito
El Monitor de Opinión Pública registró que el 56,2% de los encuestados tomó deuda durante los seis meses anteriores al relevamiento. Sin embargo, los motivos para recurrir al crédito muestran que no todas las personas se endeudan para comprar productos o financiar consumos discrecionales. En muchos casos, el objetivo es cubrir gastos que forman parte del presupuesto habitual del hogar.
Entre quienes tomaron deuda, el 55,1% lo hizo para pagar gastos básicos, principalmente alimentos y salud. Otro 21,3% recurrió al crédito para afrontar tarifas y servicios, mientras que el 11,8% lo utilizó para adquirir bienes durables.
La distribución de las respuestas muestra que una parte importante del endeudamiento está vinculada con la cobertura de necesidades cotidianas, en lugar de destinarse exclusivamente a compras de mayor valor.
Cuando los préstamos se utilizan para compensar una insuficiencia persistente de ingresos, las cuotas pueden convertirse en una carga adicional para los meses siguientes. Si el dinero vuelve a agotarse antes del próximo cobro, existe el riesgo de recurrir a nuevas formas de financiación.
La clase baja, la más afectada por la falta de ingresos
Las diferencias entre los estratos socioeconómicos son marcadas. Según el informe, el 83,3% de las personas de clase baja no llega con dinero al día 20 del mes y el 59,6% agota sus recursos antes de terminar la primera quincena.
En ese segmento, solamente el 0,9% consigue ahorrar, mientras que el 68,1% tomó deuda durante los seis meses analizados.
Entre quienes se endeudaron en la clase baja, el 65,5% utilizó el crédito para cubrir gastos básicos. Estos resultados muestran una fuerte asociación entre la insuficiencia de ingresos, la escasa capacidad de ahorro y la necesidad de recurrir a financiación.
La situación es diferente en la clase alta. Allí, el 20% se queda sin dinero antes de fin de mes y el 61,9% afirma que logra ahorrar. Además, el 36,5% tomó deuda durante el período analizado.
También cambia el destino del crédito: el 63,4% de las personas endeudadas de clase alta lo utilizó para comprar bienes durables, de acuerdo con los datos difundidos.
La comparación refleja que el endeudamiento puede cumplir funciones distintas según los recursos disponibles. Mientras que en los hogares con menos ingresos aparece asociado con mayor frecuencia a la cobertura de necesidades esenciales, en los sectores de mayores ingresos tiene más peso la financiación de compras.
La clase media también recurre al crédito para pagar servicios
El relevamiento ubica a la clase media en una posición intermedia, aunque también muestra dificultades para sostener los gastos mensuales.
El 51,4% de las personas de ese estrato se queda sin ingresos antes de fin de mes y el 47,1% tomó deuda durante los seis meses previos a la encuesta. Entre quienes se endeudaron, el 45,6% utilizó el dinero para afrontar gastos básicos.
Uno de los datos destacados es que el 29% recurrió al crédito para pagar tarifas y servicios, la proporción más alta entre los tres estratos socioeconómicos analizados. En la clase baja, ese porcentaje fue del 18,2%, mientras que en la clase alta llegó al 4,7%.
La diferencia sugiere que las facturas de servicios representan una carga relevante para una parte de los hogares de ingresos medios. No obstante, el relevamiento describe las respuestas de los encuestados y no permite establecer por sí solo las causas de esa diferencia.
Salarios e inflación: una preocupación que se mantiene
La percepción sobre la evolución de los ingresos constituye otro de los ejes del estudio. El 81,8% de los participantes considera que su salario no logra superar la inflación.
Según la serie presentada por Zentrix, desde marzo la proporción de personas que expresa esa percepción se mantuvo por encima del 81% y alcanzó el 87,4% en julio.
La persistencia de esta preocupación resulta relevante porque la capacidad de compra no depende solamente del monto nominal del salario, sino también de la evolución de los precios y de los gastos que debe afrontar cada hogar.
Cuando una parte importante de los ingresos se destina a alimentos, salud, vivienda y servicios, queda menos margen para ahorrar o absorber gastos imprevistos. En ese contexto, la financiación puede ayudar a resolver necesidades inmediatas, pero también comprometer una porción de los ingresos futuros.
La opinión pública pide intervención estatal ante la morosidad
El informe también consultó a los participantes sobre el papel que debería asumir el Estado frente al crecimiento de las dificultades para pagar las deudas. El 67% manifestó que espera algún tipo de intervención estatal. Dentro de ese grupo de respuestas, el 36,1% consideró que el problema de la morosidad afecta a toda la sociedad y que el Estado debería hacerse cargo, mientras que el 30,9% sostuvo que, aunque se trata de una cuestión entre privados, corresponde que las autoridades intervengan.
En contraste, el 29,1% opinó que el Estado no debería intervenir. Entre quienes apoyan alguna forma de intervención, la alternativa más mencionada fue regular el otorgamiento y las condiciones de los créditos, elegida por el 61,3%. La refinanciación de deudas a través del Banco Central reunió el 23,6% de las preferencias, mientras que el 7,5% se inclinó por una condonación legal.
Los resultados muestran una mayor preferencia por medidas vinculadas con las condiciones de financiación que por la eliminación de las obligaciones existentes. Se trata de las opiniones de los encuestados y no de una evaluación sobre la efectividad que tendría cada alternativa.
Los menores de 40 años, con poco margen para afrontar imprevistos
El grupo de menores de 40 años reúne tres indicadores que permiten dimensionar sus dificultades financieras: el 72% se queda sin dinero a más tardar el día 20, el 60,9% tomó deuda durante los últimos seis meses y solamente el 3% consigue ahorrar.
Además, el 69,1% de ese grupo evalúa negativamente la situación económica del país.
La combinación de ingresos que se agotan antes de fin de mes y una baja capacidad de ahorro puede dejar a los hogares más expuestos frente a gastos inesperados. En esas circunstancias, el crédito aparece como una herramienta para cubrir necesidades inmediatas, aunque las cuotas posteriores pueden reducir todavía más el dinero disponible.
Los datos no implican que todos los menores de 40 años atraviesen la misma situación, pero sí muestran que el problema tiene una incidencia significativa dentro de ese segmento de la población.
La situación económica personal y la del país
El MOP también encontró diferencias entre la evaluación que las personas hacen de su propia situación y la percepción general de la economía argentina.
El 39,3% calificó negativamente su situación económica personal, mientras que el 61,5% evaluó de manera negativa la situación del país. La distancia entre ambos indicadores es de 22,2 puntos porcentuales. Por nivel socioeconómico, la valoración negativa de la economía nacional llegó al 70,7% en la clase baja, al 56,5% en la clase media y al 42,9% en la clase alta.
Esta diferencia muestra que la percepción sobre el panorama económico nacional es más desfavorable que la evaluación individual entre los encuestados. Sin embargo, esos datos no permiten determinar por sí solos qué factores explican esa brecha ni medir cuánto inciden el endeudamiento o los recortes de consumo.
Qué revela el informe sobre la economía de los hogares argentinos
Los resultados de septiembre del Monitor de Opinión Pública muestran que una parte importante de los argentinos enfrenta dificultades para sostener sus gastos durante todo el mes. La situación es especialmente marcada entre los menores de 40 años y los sectores de menores ingresos, donde la falta de ahorro convive con una mayor exposición al endeudamiento.
El uso del crédito para pagar alimentos, salud, tarifas y servicios plantea interrogantes sobre la capacidad de los hogares para afrontar sus compromisos futuros si los ingresos continúan siendo insuficientes.
El informe también refleja que la opinión pública se inclina mayoritariamente por alguna forma de intervención estatal frente a la morosidad, con una preferencia por regular las condiciones de los préstamos.
Los datos corresponden a una encuesta de opinión y permiten describir percepciones y comportamientos declarados por los participantes. No constituyen, por sí solos, una medición directa del nivel de endeudamiento de todos los hogares argentinos ni una proyección automática de la morosidad futura.