miércoles 06 de mayo de 2026
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Museo Iriarte: un viaje al pasado en medio de la llanura pampeana

miércoles 11 de enero de 2023
Museo Iriarte: un viaje al pasado en medio de la llanura pampeana
Museo Iriarte: un viaje al pasado en medio de la llanura pampeana

La réplica de negocios de hace 50 años, una estación de trenes y un subte en medio de la llanura son los atractivos de este singular museo.

Iriarte es un pequeño pueblo ubicado a la vera de la Ruta Nacional Nº7 en el Partido de General Pinto, al norte de la provincia de Buenos Aires, casi en el límite con Santa Fe. Con apenas 800 habitantes, su geografía plana, típica de la llanura pampeana esconde un lugar que se asemeja a un viaje hacia el pasado en el que los pequeños pueblos tenían una actividad comercial y una vida social que lamentablemente el progreso y las malas decisiones de la política fueron destruyendo.

Oscar Marzol, un hombre que creció en Iriarte soñó con un lugar que recrease aquellos tiempos felices y en homenaje a sus padres, Pola y Ramón, dedicó gran parte de su tiempo a darle forma a lo que hoy se ha convertido en un centro de atracción turística: el Museo Iriarte.

No es un museo convencional. Consta de un predio de más de tres hectáreas que invita a un entretenido e interesante viaje al pasado, recorriendo medios de transporte, usos y costumbres de la cultura de nuestro país. Una serie de galpones antigüos que Oscar compró, los hizo desarmar, los llevó hasta el lugar y volvió a instalarlos, cobijan a una infinidad de máquinas agrícolas, vehículos, herramientas y todos aquellos elementos que conformaban los lugares de trabajo en la zona rural de hace 50 años o más.

En diálogo con "Desparramando Cultura", Oscar Marzol, descendiente de familia dedicada a los tambos y la producción ganadera, contó que comenzó coleccionando plantas, primero en pequeñas macetas o tarritos para luego ir sembrando en el campo la mayor cantidad de variedades posibles copn el deseo de armar un jardín botánico. Después fue comprando algunos elementos de labranza en desuso que fue colocando en ese amplio predio. Finalmente compró una antigüa casona de 1890 que estaba ubicada enfrente y a partir de allí no paró más de ir agregando cosas.

Finalmente, hace 34 años, el museo abrió sus puertas. Oscar y sus colaboradores nunca dejaron de viajar a cuanto remate aparece para seguir rescatando esos elementos que formar parte de nuestra historia.

Una de las joyas del lugar es la antigüa estación de ferrocarril: " Primero comencé comprando los vagones en los remates que se hicieron en la época del gobierno de Menem. Puse las vías y los cinco vagones. De a poquito fui averiguando donde conseguir una locomotora hasta que encontramos una en Palmira, Mendoza, y logré que me la cedieran en calidad de préstamo, así que me la traje por ruta y la instalé. Después construimos la estación respetando las medidas originales y pusimos todos los elementos y muebles que había en esa época, hasta los uniformes de los cambistas."

 
 
 
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Pero esto es solo una de las maravillas que se encuentran recorriendo esta especie de "pueblo-museo": hay réplicas a escala real de una peluquería, una sastrería, un consultorio de dentista, un almacén de ramos generales, una relojería y otros negocios de antaño que se van sumando alrededor de una plaza. "La idea no es mostrar cosas viejas amontonadas, sino lograr ambientar cada uno de los lugares para que se vea como eran cuando estaban en plena actividad. Tenemos por ejemplo una panadería y una imprenta cuyas máquinas aún pueden funcionar."

Sin duda, una de las cosas más curiosas de este lugar mágico es la réplica de una estación de subterráneo de la línea A de Buenos Aires. En el año 2013, cuando los centenarios vagones de madera fueron reemplazados por los modernos traídos de China, Marzol luchó contra todas las trabas burocráticas para lograr comprar uno y llevarlo a Iriarte. A partir de entonces está alojado en un galpón y a su alrededor se ha recreado toda la estación. Aunque sigue peleando contra los trámites eternos: "Hace tres años que vengo haciendo notas y llenando papeles para que me entreguen dos molinetes de madera originales para colocarlos, pero siempre que algo tiene que ver con el Estado es muy difícil. Siempre falta una firma, se dejan abandonados los edificios, la gente se lleva las cosas que son irrepetibles, que nunca más se van a fabricar. Y vos las pedís para que esten para siempre en un museo para que todo el mundo las pueda ver y perdes años en trámites y papelerío."

Oscar Marzol no para de soñar: ahora está tratando de juntarse con gente de la zona para ofrecer una propuesta integral donde se una el atractivo del museo con visita a estancias de las cercanías para crear un polo de turismo rural.

Para aquellos que quieran conocer más detalles, el museo tiene su página web: museoiriarte.com 

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