miércoles 13 de mayo de 2026
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Juan Moreira: un militante facón en mano en los pagos de Navarro

miércoles 02 de agosto de 2023
Juan Moreira: un militante facón en mano en los pagos de Navarro
Juan Moreira: un militante facón en mano en los pagos de Navarro

Juan Moreira es una de las figuras más recordadas de las zonas rurales de nuestra provincia en la segunda mitad del siglo XIX. Muchos lo han pintado como un bandido rural, vago y malentretenido, como solía decirse. Pero en verdad, este hombre rudo y temido por sus pares tuvo más que ver con la política y los conflictos amorosos que con el delito. Su vida era bastante tranquila, hasta que algunos problemas de polleras y su fidelidad a algún caudillo lo fueron metiendo en problemas que terminaron llevándolo a la muerte.

En los pagos de Navarro, a 420 kilómetros de Mar del Plata por la ruta 41, hay todavía un lugar que mantiene vivo su recuerdo. A las afueras del pueblo, al lado del cementerio, por lo que era el antiguo Camino Real a Buenos Aires, todavía se levanta una antigua pulpería, donde Moreira solía concurrir a diario.

Daniel Di Trana recuperó esa histórica edificación allá por los 80 y es un fanático guardián de las historias de esa zona. En diálogo con Augusto Taglioni y Beto Mena en “Plan Luz”, habló sobre el origen del lugar: “Siempre fue pulpería, ya figura en un censo de 1836, y luego fue sufriendo varias modificaciones. Cuando la compramos, estaba en demolición, habían sacado los techos y un piso. Después lo demás estaba todo, aunque bastante venido abajo”.

Hoy, el lugar funciona como museo histórico. “La casa en sí es todo un museo porque son cosas del más de 100 años. Todo, todo lo que está ahí. Son cosas de mi abuelo y la pulpería está armada tal cual era en aquella época. Dio que la hija del último pulpero, don Pedro Olivari, era vecina nuestra, vivía en la esquina. Y venía a charlar con mi madre en esas épocas, y a mí me contaba, acá estaba el barril de vino, acá estaban las copitas, acá estaba esto, el otro. Y se armó como estaba. Botellas, vasos de aquella época, más los agregados de mi colección, todas esas cosas.”

Para Di Trana, la fama de Moreira no tiene nada que ver con el delito: “No era un bandido, no hay ninguna causa por robo ni nada de eso. Era un vecino nuestro. Vivió por acá un año y medio hasta que se mandó la macana con el Teniente Alcalde Córdoba, a quien lo mata. El siempre trabajó como mayoral de diligencias, de carretas. Inclusive, era bravo, siempre fue bravo. Venía siempre a la pulpería, le gustaba tomar vino carlón, el vino que tomaba el cura.”

Por aquellos tiempos, donde escaseaban los caminos y sobraba soledad, las pulperías eran el punto de encuentro de los gauchos y la milicia. Se colocaba una caña alta en el frente con una banderita blanca: significaba que eso era un boliche y una pulpería. El paisano, lo veía de lejos, y se acercaba  sabiendo que ahí había una pulpería. Y estaba la bandera roja que indicaba que se había carneado y había carne fresca.

¿Cómo comenzaron los problemas para Juan Moreira?

“El tiene un hijo con la que en el libro de Eduardo Gutiérrez (autor de la novela que refleja la vida del gaucho) llaman Vicenta, pero que era Santillán de apellido, hija de Don Francisco Santillán, un santiagueño que había venido a trabajar acá y se había quedado. Cuando tuvieron el hijo, Valerio, quiso hacer la fiesta de bautismo sin tener el permiso que daba el teniente alcalde. Y bueno, ya había pica con él porque encima era del bando político contrario, y además pretendía a su mujer.

Por eso le cobraron una multa, creo que era de 8 pesos, que está anotada en la iglesia. No sé si lo llegaron a mandar al cepo (castigo común en la época), vaya a saber qué fue lo que colmó el vaso y una noche de agosto, en el 68, lo va a buscar al teniente alcalde Córdoba al boliche de Crovetto, a unas 5 o 6 cuadras de la pulpería.

Y bueno, lo empieza a provocar, y salen afuera a pelear. Más bien los sacan afuera, que peleen afuera. Se baten a duelo. Cierran las puertas, las trancan y afuera escuchaban cómo peleaban y cómo Moreira lo mata.”

Según Daniel Di Trana, no fueron muchas las muertes que se le endilgan, a lo sumo cinco, aunque sí muchos encontronazos bravos, varios de ellos relacionados con la política.

Fue guardaespaldas de Adolfo Alsina, que es quien le regala la famosa daga, el caballo, el trabuco, pero resulta que cuando llega a Navarro los que lo apadrinaban eran de Mitre, o sea que se tuvo que saltar de bando. Yo siempre digo que no tenía la más pálida idea de política, nada, él era leal con el que le pagaba, con su patrón. En esos tiempos se votaba en el atrio de la iglesia, a viva voz. Entonces, cuando llegaban las votaciones, unos días antes, ya entraba a caballo al pueblo, con sus secuaces, sus seguidores, y recorrían todo el pueblo, al galope, haciéndose notar. A “convencer” gente.

Y bueno, se levantaban las papeletas también, quien iba a votar tenía que presentar su papel de conchabo, que estaba trabajando. Y a veces se las sacaban antes y votaban por ellos.”

El acto electoral era de una tensión extrema: “En el atrio de la iglesia se ponía la mesa, de un lado estaba en este caso Moreira y del otro podía estar Leguizamón, el puntero del otro bando al que después terminó matando en 1874. Y el que iba a votar los tenía a los dos ahí enfrente, mirándolo.”

A partir de la muerte de Leguizamón, Juan Moreira anduvo escapando de la justicia por los campos cercanos a Navarro, hasta que el 30 de abril de 1874 los policías recibieron el dato que lo habían visto en “La Estrella”, un prostíbulo situado en la esquina de la plaza de Lobos. Una partida lo sorprendió y el sargento Chirino le clavó su bayoneta cuando el gaucho intentaba escapar por los fondos trepando un muro. Así moría Moreira y nacía su leyenda.

Su cráneo y su famosa daga estuvieron expuestas en el Museo Histórico de Luján y alguna vez se exhibieron en la pulpería de Navarro. Hoy la daga, hecha con una hoja de sable enderezado, de 83 centímetros de largo está en el Museo Juan Domingo Perón de Lobos.  El cráneo no se puede ver más, de acuerdo a una ley que prohíbe exhibir restos mortales en museos.

Su historia llena de bravura, de un tiempo donde las diferencias, aún las políticas, se dirimían a punta de facón, sigue viva en esta antigua construcción, a la que todos en el pueblo nombran como “La Pulpería de Juan Moreira”, y que se puede conocer, aunque no tenga días ni horarios fijos. Como aclara Daniel Di Trana: “Si estoy yo, se abre. O sea, cuando va gente, le abro y le muestro. No es muy grande, es una pulpería. Pero hay mucho para ver, cada cosita tiene su historia".

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