miércoles 24 de junio de 2026
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Un estudio reveló que el chisme hace más feliz a las personas y fortalece las relaciones

viernes 20 de septiembre de 2024

Un reciente estudio asegura que el acto de chismear no solo mantiene informadas a las personas, sino que también genera felicidad. Al compartir chismes, aumentan los niveles de oxitocina, la llamada “hormona del cariño”, que está vinculada al bienestar y el placer.

Parece que cuando se comenta sobre los demás, no solo se fortalecen los lazos sociales, sino que también se activa una química interna que produce variados beneficios.

El estudio detrás de esta revelación

La investigación, realizada por la Universidad de Pavía en Italia, fue dirigida por la doctora Natascia Brondino.

El equipo realizó un experimento con 22 estudiantes, observando cómo sus cuerpos reaccionaban ante diferentes tipos de conversación. En todas, los niveles de cortisol —la hormona del estrés— disminuyeron, pero el mayor hallazgo fue el aumento significativo de oxitocina durante las charlas que incluían chismes.

Esta hormona, relacionada con el afecto y la cercanía, se activa en momentos de intimidad como abrazos o besos, y juega un papel crucial en la conexión social. Según el estudio, los chismes parecen ser especialmente efectivos para activar este “pegamento social”, generando una sensación de unión y relajación.

Para Robin Dunbar, psicólogo de la Universidad de Oxford, el chisme tiene una función vital en nuestras interacciones sociales. Lejos de ser solo un acto de crítica, chismear es una forma de mantenernos al tanto de lo que ocurre en nuestro entorno y, al mismo tiempo, reforzar los vínculos con los demás. Según Dunbar, estar informados sobre nuestro círculo social es esencial para mantener relaciones saludables.

Además, compartir chismes, ya sean positivos o negativos, crea una red de confianza y reciprocidad. Al comentar sobre lo que hacen otros, construimos lazos que han sido cruciales para la supervivencia de la humanidad a lo largo del tiempo.

Aunque el chisme suele verse como algo perjudicial, no siempre tiene consecuencias negativas. De hecho, muchos chismes cumplen una función útil en la dinámica social.

Según la doctora Brondino, pueden servir para regular el comportamiento en un grupo, ayudando a establecer lo que es aceptable o no dentro de una comunidad. Además, los chismes también pueden ser una forma de mostrar empatía, ya que al hablar sobre los problemas de otros, a menudo se hace desde un lugar de preocupación genuina.

El chisme y la salud mental

Aunque el estudio resalta los beneficios de chismear para nuestro bienestar, es importante no excederse. La psicóloga social Emma Seppälä, de la Universidad de Yale, advierte que el chisme malintencionado o en exceso puede dañar las relaciones y crear ambientes tóxicos. Por eso, es fundamental mantener un equilibrio y evitar que se convierta en un hábito destructivo.

La clave está en compartir chismes ligeros y, si es posible, que sean divertidos. No se trata de difundir información dañina o inventar historias, sino de fortalecer las relaciones a través de conversaciones que, en lugar de herir, unan a las personas.

Hoy en día, el chisme ha encontrado un nuevo espacio en las redes sociales. A través de plataformas como Facebook, Twitter o WhatsApp, las personas comparten información sobre los demás de manera instantánea. Sin embargo, esto también ha aumentado la exposición de las personas, amplificando tanto los beneficios como los problemas del chisme.

Los chismes digitales pueden conectarnos, pero también esparcirse rápidamente, causando malentendidos o conflictos. Por eso, es importante recordar que el chisme, como todo, debe ser utilizado con responsabilidad y siempre en un contexto respetuoso.

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