lunes 22 de junio de 2026
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El rol de la actividad física y la genética en la recuperación del cáncer de mama

jueves 03 de octubre de 2024

El cáncer de mama es el tumor que más afecta a las mujeres en Argentina, y la prevención, junto con un diagnóstico temprano y el tratamiento adecuado, resulta esencial para enfrentarlo.

Además de estos pilares, llevar una vida activa y adoptar una rutina de ejercicio ajustada a las necesidades y capacidades de cada persona trae múltiples beneficios, no solo para reducir el riesgo de recurrencia, sino también para favorecer una mejor recuperación tras el tratamiento.

Durante las Jornadas Nacionales de Mastología, organizadas por la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Mar del Plata y la Sociedad Argentina de Mastología, se centraron en tres aspectos clave para mejorar la calidad de vida de pacientes recuperadas de cáncer de mama.

Estos ejes fundamentales fueron: la importancia de la actividad física para la recuperación y el bienestar; el impacto de la herencia genética en el desarrollo del cáncer de mama y la importancia de la detección temprana y los cuidados específicos para la piel después del tratamiento del cáncer de mama.

Uno de los temas centrales de la jornada fue el impacto del ejercicio en pacientes que superaron un cáncer de mama. La doctora María Florencia Calvo, especialista en mastología y cirugía mamaria, subrayó que el ejercicio no solo mejora la salud cardiovascular, sino que también ayuda a gestionar los síntomas emocionales y físicos que suelen acompañar al diagnóstico y tratamiento del cáncer.

Actividades como el remo, al facilitar el drenaje linfático, resultan especialmente útiles para manejar el linfedema, una complicación frecuente tras la cirugía axilar. "El ejercicio aporta beneficios a nivel físico y emocional: mejora la circulación, la capacidad aeróbica, y ayuda a manejar el estrés, la ansiedad y los cambios en la imagen corporal", destacó la especialista, quien además enfatizó la importancia de ajustar la actividad a las posibilidades individuales y de contar siempre con el visto bueno del equipo médico.

Otro de los aspectos abordados fue el riesgo hereditario. Se estima que entre un 5% y un 10% de los cánceres de mama tienen un origen genético, siendo la identificación de estos casos clave para establecer medidas de prevención más rigurosas, como controles más tempranos o específicos.

La doctora Silvina Sisterna, especialista en genética médica, explicó que algunas características pueden indicar una predisposición hereditaria, como la presencia de cáncer a edades tempranas o en múltiples miembros de la misma familia.

Detectar estos casos permite adoptar estrategias preventivas que mejoren significativamente la sobrevida.

El tratamiento del cáncer de mama puede dejar secuelas en la piel, especialmente en las áreas irradiadas. Durante la jornada, la doctora Ana Mariela Motta subrayó la importancia de una rutina diaria adaptada para minimizar los efectos secundarios.

Entre las recomendaciones, destacó el uso de cremas hidratantes sin perfume, la hidratación constante, el uso de protectores solares de alto factor y la protección frente al sol, evitando la exposición directa y las camas de bronceado.

Este encuentro permitió a pacientes y médicos colaborar en la construcción de estrategias de cuidado compartido. Según la doctora Calvo, la jornada ofreció un espacio para que las pacientes se sintieran escuchadas y empoderadas en la toma de decisiones sobre su salud, promoviendo un enfoque colaborativo que facilita el bienestar físico, emocional y social.

Además, fue una oportunidad para destacar el trabajo de grupos como las "Rosas del Mar", que brindan apoyo a mujeres que atraviesan esta enfermedad, ofreciendo testimonios inspiradores que alientan a otras personas en su proceso de recuperación.

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