lunes 11 de mayo de 2026
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Por Lorena Lastagaray

Cambio Climático, una cuestión filosófica

domingo 17 de noviembre de 2024

Aunque existen corrientes Negacionistas acerca del Cambio climático, son débiles, sin masa crítica que las avale y la balanza se inclina hacia la afirmación contundente y basada en pruebas científicas, que el cambio climático Existe y es grave.

“No ha habido una hipótesis diferente ni evidencias que puedan contradecir el calentamiento global”, señalaba en una entrevista el investigador Fidel González Rouco, del Instituto de Geociencias (CSIC-UCM). «Los mensajes negacionistas vienen de otras fuentes de desinformación que no son las científicas».

  • Mientras que el clima de la Tierra ha cambiado a lo largo de su historia, el calentamiento actual está ocurriendo a un ritmo no visto en los últimos 10.000 años.
  • Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en ingles), "Desde que comenzaron las evaluaciones científicas sistemáticas en la década de 1970, la influencia de la actividad humana en el calentamiento del sistema climático ha evolucionado de la teoría al hecho establecido".
  • La información científica extraída de fuentes naturales (como núcleos de hielo, rocas y anillos de árboles) y de equipos modernos (como satélites e instrumentos) muestra signos de un clima cambiante.
  • Desde el aumento de la temperatura global hasta el derretimiento de las capas de hielo, abunda la evidencia del calentamiento del planeta. Asegura La N.A.S.A.

Lamentablemente, sobre ambas teorías, aunque una más fuerte que otra y más confiable y evidente para algunos, flota una cuestión filosófica que va más allá de lo que se discute en cuestión y es la Miopía de Futuro que como seres humanos tenemos como defecto.

Esa miopía que nos lleva a no ver qué es lo que está pasando y las consecuencias casi inmediatas.

Ese defecto se mezcla hoy con lo que podríamos pensar como desinterés en el bienestar de las generaciones futuras y parte de ese desinterés se basa en lo que pensamos y sentimos sobre esta generación actual, a la que los mayores de 40/50/60/70 y más años, desestimamos, menospreciamos y juzgamos implacablemente.

Es que en apariencia  no nos gusta su música, su forma de ver el mundo, su manera de gestionar finanzas y no entendemos sus gustos, tal vez porque nos sobrepasan también, los avances tecnológicos.

Nos arraigamos a lo que aprendimos y la misma miopía nos quita flexibilidad en el pensamiento, para poder adaptarnos.

Si bien es algo lógico, porque sabemos desde las neurociencias que nuestras conexiones neuronales aumentan a medidas que la sociedad se complejiza, no vemos que hasta el edificio más alto y estructuralmente más fuerte, debe tener una oscilación para no derrumbarse.

No voy a generalizar, pero es una constante pensar que “Lo de antes fue mejor” y, sin embargo, es lo que nos trajo hasta acá y nos puso en la situación actual.

Por eso y otras cuestiones, tal vez no nos interesa cuidar el calentamiento global, porque tampoco nos interesa cuidar el bienestar de las generaciones futuras y comprometemos día a día su mundo, a tal punto que el egoísmo de vivir plácidamente con nuestras necesidades cubiertas, no nos deja ver que una vida más austera y sencilla, podría asegurar los recursos óptimos para nuestra descendencia.

Es un tema que seguramente habría que abordar desde la filosofía y las neurociencias, porque si seguimos despreciando lo que hacen los jóvenes en la actualidad, poco nos va a importar en qué medioambiente se desarrollen los jóvenes del futuro.

Un cambio de matriz económica y energética, pensar y repensar para restablecer el orden natural y una vida más consciente y “slow”, también nos podría dar un futuro apropiado. Pero, NO, seguimos pensando que nuestra generación, es mejor. Mejor la forma en que nos vinculamos, mejor nuestro léxico, mejor nuestra economía, la forma de manejar las finanzas, nuestro esparcimiento y mejor nuestra música.

Cuando pensemos que “Todo tiempo pasado fue mejor” y juzguemos a la nueva generación por sus pensamientos, su poesía y su música, acordémonos que  Juana de Ibarbourou, le escribió a La Higuera, Lito Nebbia a una balsa y Ricardo Arjona, al Ciclo Menstrual.

No somos Mejores, somos perfectibles y las nuevas generaciones tienen mucho que aportar, incluso en soluciones para aquello que hicimos mal nosotros, porque la próxima revolución es la de lograr ser MEJORES HUMANOS.

 

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Lorena Lastagaray