lunes 23 de febrero de 2026
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After News

Cada vez más cerca de un punto sin retorno

La justicia por mano propia en la puerta de un jardín nos lleva a evaluar la pérdida de institucionalidad que se construye entre todos, pero que también se destruye entre todos y nos puede dejar en un punto sin retorno.
sábado 17 de mayo de 2025

Los Simpson lo hicieron de nuevo. Esta frase la podemos encontrar en muchos acontecimientos anticipados por la histórica serie animada que domina las pantallas y conquista el mundo mostrando la idiosincrasia de una típica familia estadounidense en una pequeña localidad del gran país del norte. La presidencia de Donald Trump, el Covid-19 y la lesión de Neymar son algunos de los hechos que aparecieron en la serie antes de que ocurrieran, y siempre se buscan coincidencias para continuar con las predicciones. En estas líneas sabatinas no vamos a buscar un hecho puntual, sino que nos detendremos en las puebladas que ocurren en Springfield, donde se muestra a una turba iracunda con palos, antorchas, machetes y rastrillos, dispuesta a poner fin al mal que acecha a la población.

Las historias suelen terminar con el esclarecimiento del problema, y la muchedumbre, deprimida por no haber saciado su “sed de sangre”, tira sus armas y va a ahogar sus penas en la barra del bar de Moe. No queremos edulcorar ni romantizar lo que vamos a contar, pero creemos que esta es una buena introducción porque Los Simpson lo hicieron de nuevo.

La denuncia de un hecho aberrante se llevó a cabo en la madrugada del jueves 15 de mayo en la comisaría de la mujer de la ciudad de Mar del Plata. Una madre se presentó para informar que un auxiliar de educación abusó sexualmente de su hija de tres años en el jardín 918 del polo educativo del barrio Gloria de la Peregrina. En la oficina se realizaron todas las diligencias, y se informó a la fiscal Constanza Mandagaran, quien lleva adelante la instrucción del caso.

Entonces, que actúe la justicia. Sin embargo, la urgencia por obtener respuestas de parte de los familiares y otros padres de la institución educativa los llevó a exigir explicaciones en la puerta del jardín, buscando a la directora, la maestra y al propio auxiliar señalado como abusador. Pasó lo que imaginábamos que podía pasar: el acusado tuvo que esconderse porque estaban dispuestos a lincharlo; las puertas de la escuela permanecieron cerradas; el auto del auxiliar fue incendiado; se desató una “cacería” en el domicilio del hombre señalado, que también terminó consumido por el fuego; y hubo muestras de violencia de todo tipo que incluso pusieron en riesgo la seguridad de los alumnos que asisten no solo al jardín, sino también a la escuela primaria y secundaria que funcionan en el mismo predio.

“Está libre y a nosotros no nos dan explicaciones; hay que terminar haciendo justicia por mano propia”. Este textual, dicho por la madre denunciante en diálogo con la prensa en la mañana de ayer, naturaliza dos incendios y no comprende por qué la escuela no abrió sus puertas para dar explicaciones. Nosotros entendemos la posición de la escuela como algo lógico: el día anterior, los padres casi ingresaron al establecimiento dispuestos a todo, y, por más consigna policial otorgada, no se podía garantizar la seguridad de nadie.

Está claro que esta nota no pretende desviar la atención de la investigación que llevará a cabo la justicia, la cual tiene la obligación de esclarecer el caso. Sin embargo, lo que sí busca es poner una mirada atenta a la resolución de conflictos mediante la violencia, sin considerar ninguna ley ni regla.

En la redacción de Infobrisas se habló sobre el tema, y uno de los compañeros, que debe rendir un final de semiótica en los próximos días, aportó una explicación que arrojó algo de luz y nos motivó a enfocarnos en esta problemática. No es el primer caso de justicia por mano propia, no es la primera vez que la violencia se convierte en la primera “herramienta de solución”, y necesitamos preguntarnos cómo llegamos a esto.

Apareció el nombre de Cornelius Castoriadis, un filósofo, economista y psicoanalista grecofrancés conocido por sus contribuciones a la filosofía política, la teoría social y el psicoanálisis. Castoriadis sostiene que las sociedades se construyen y funcionan a partir de imaginarios sociales, es decir, conjuntos de significados, símbolos y representaciones colectivas creadas por los seres humanos. Las instituciones (leyes, gobiernos, religiones) no son naturales ni inevitables, sino que se mantienen mientras la sociedad las sostiene. Son “instituidas” por la acción colectiva.

Es aquí donde debemos detenernos a pensar: hay una parte de la sociedad que ya no sostiene esas instituciones. Esto no ocurre por generación espontánea, sino por la debilidad que esas instituciones les están demostrando. La semana pasada escribimos que, ante un fallo judicial, nos sentimos desamparados. También somos testigos de que los políticos cambian las reglas para sostener reelecciones indefinidas, los gobernantes de turno llaman héroes a quienes guardan dólares en el colchón, se festeja con abrazos en el Senado el rechazo de la ficha limpia, se eliminan los descensos en un torneo de fútbol a mitad de camino, se traen teléfonos escondidos en valijas. Podríamos seguir, pero no queremos erigirnos en paladines de las reglas; todos las rompemos, o casi todos.

Ahí está el problema: todos vemos que las reglas se rompen, nosotros hacemos lo mismo, y así se pierde la “institucionalidad” o se está generando otra donde parece que todo vale. No tenemos una respuesta definitiva, pero sí la obligación de visibilizar que estamos en un punto en el que no habrá retorno si no ponemos un freno o no reconocemos que el problema no es solo de quienes mandan o legislan, sino de todos. Como dice Castoriadis, las sociedades son creaciones imaginarias que descansan en significados colectivos, y la autonomía social implica reconocer y ejercer esta capacidad creativa para construir instituciones libremente y cumplir con sus reglas.

 

Imagen generada con IA Bing