domingo 03 de mayo de 2026
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Los caballitos de mar de Mar del Plata: secretos de una especie tan frágil como fascinante

InfoBrisas habló con una experta que los estudia hace más de 20 años y revela todo sobre esta especie única y protegida.
lunes 28 de julio de 2025

Silenciosos, delicados y casi mágicos. En las profundidades del puerto de Mar del Plata, habita una especie que pocos conocen y que muchos confunden con un mito: el caballito de mar patagónico.

InfoBrisas conversó con Gabriela Pujol, doctora en Biología y responsable del área de Ecología de Ambientes Acuáticos del Museo Municipal de Ciencias Naturales, quien desde hace más de dos décadas estudia a este misterioso habitante del Mar Argentino.

“La especie que habita nuestras costas se llama Hippocampus patagonicus. Fue descripta por primera vez en 2004, en la zona de San Antonio Este y Las Grutas, Río Negro”, explica Pujol. “Es relativamente nueva para la ciencia y aún estamos aprendiendo muchísimo sobre ella”.

Aunque suene sorprendente, en esta especie el que queda embarazado es el macho. La hembra deposita los huevos en una bolsa especial que él tiene en el abdomen, y allí se desarrollan hasta el nacimiento.

“Ese pouch es como un útero: hay intercambio de fluidos y los embriones crecen ahí dentro. Luego, el macho empieza con contracciones y da a luz a las crías, que miden apenas un milímetro”, detalla la bióloga.

Los caballitos de mar patagónicos miden entre 11 y 13 cm en su etapa adulta, viven unos 5 o 6 años, y habitan lugares con estructuras a las que puedan sujetarse con su cola prensil. En el puerto marplatense se los encuentra agarrados a sogas, redes, gomas, latas, e incluso basura marina.

“Es importante entender que, aunque hoy prosperan en el interior del puerto, son animales altamente vulnerables. No son buenos nadadores, no forman cardúmenes y su distribución es discontinua, como en parches”, advierte.

 ¿Dónde y cuándo se los ve?

Aunque muchas veces aparecen muertos tras una tormenta, arrastrados por la resaca, existe una población permanente en el interior del puerto, específicamente del lado de la escollera Norte.

“Los vemos con más frecuencia porque los buscamos”, remarca Pujol. “Su actividad aumenta cuando sube la temperatura del agua, entre septiembre y abril, que es su periodo reproductivo”.

A simple vista pueden pasar desapercibidos. Su coloración varía: desde marrones claros hasta negros o blancos, siempre mimetizándose con el fondo. No tienen escamas, sino placas óseas recubiertas por una piel que presenta cromatóforos, células que les permiten cambiar de color.

Además, son predadores visuales: sus ojos se mueven de forma independiente, y su estrategia de caza se basa en esperar pacientemente a que pase una diminuta presa, como camarones o anfípodos, para aspirarla con su tubo bucal.

Desde 2010, el caballito de mar patagónico es monumento natural de Mar del Plata. Está protegido por ordenanza y por normas internacionales, por lo que su comercialización, incluso como souvenir seco o decorativo, está totalmente prohibida.

“Desalentamos su compra en cualquier formato. Cada ejemplar cuenta. Nosotros mismos aportamos los datos que permitieron que hoy estén en el ‘Libro Rojo’ como especie vulnerable”, señala Gabriela Pujol con firmeza.

Desde el Museo, con el acompañamiento de clubes de buceo y la presencia de Bioda (grupos de investigación de la FCEyN sobre biodiversidad de arrecifes) se promueven acciones de educación ambiental para que quienes se sumergen en el mar puedan contribuir al monitoreo y la protección de esta especie emblemática.

“El ambiente donde viven es su hogar. Y aunque no se parecen en nada a los peces que solemos imaginar, los caballitos de mar son peces. Y necesitan que los cuidemos”, concluye.