miércoles 06 de mayo de 2026
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Auto Estilo Brisas

Déjame atravesar la esquina sin documentos

A lo largo de los últimos 60 años, los vehículos argentinos han pasado por tres tipos de patentes. Y una cuarta modalidad es la transitoria de papel que hoy exhiben casi 700 mil rodados, a la espera de la definitiva. El cepo cambiario que derivó en la falta de insumos importados, un conflicto empresario que data de los tiempos de Boudou como vicepresidente y el cierre de la Casa de la Moneda son algunas de la razones de una modalidad que se ha legitimado, pero que termina rozando con la ilegalid
viernes 08 de agosto de 2025

Los vehículos tienen una marca que les da el apellido, la de su fabricante. También tienen un nombre que lo segmenta en un determinado modelo. Por supuesto que tienen un año de nacimiento, una silueta, un porte. Tienen peso, dimensiones, características genéticas en serie que les imprimen actitud. Algunos son más agraciados que otros por su belleza. Y como todo en la vida, el gusto por uno o por otro, es absolutamente subjetivo. Entonces, un determinado vehículo que tiene número de carrocería y de motor, ya sólo por eso, sería distinto a su hermano gemelo. Sin embargo, esa información queda grabada debajo del capot. A simple vista, desde el exterior,  es necesario que cada uno tenga su propia identidad.

En los últimos 60 años, coincidentemente con mi generación, autos, camionetas, utilitarios, camiones, colectivos y ómnibus, han atravesado en tres oportunidades un cambio de identidad. A mediados de los años 60, con la creación del Registro Nacional de la Propiedad Automotor, se dejó la fase descentralizada donde las chapas identificatorias eran asignadas por municipios, distritos o provincias. Desde entonces, el nuevo organismo dependiente del Ministerio de Justicia de la Nación, le daba ingreso a la llamada fase centralizada.

Durante 30 años de gobiernos democráticos y dictatoriales, las chapas de fondo negro con información grabada en blanco, tenían una inicial que nos permitía ubicar el lugar de procedencia del rodado y de sus ocupantes. A la provincia de Buenos Aires le correspondía la “B” y por tratarse de una inicial que no se repetía entre los 24 estados, no había discusión. Lo mismo sucedió con Entre Ríos mediante la “E”, Río Negro con la “R” y La Pampa con la letra “L”. Hasta allí, la lógica y paremos de contar. Porque de ahí en más, llegó el reparto con la pulseada o vaya uno a saber con qué derecho o criterio, con muy poco de sentido común.  Entremos en el terreno de la gran disputa por la reiteración de iniciales. La “T” quedó para los tucumanos porque a Tierra del Fuego, que salió perdiendo, le pusieron la “V” de la victoria. La “S” se la quedó Santa Fe, a Salta le correspondía la “A” y para Santa Cruz la “Z”, siguiendo tal vez una lógica de letras intermedias que contienen los nombres propios. En el reparto, al resto de las provincias con “S” les dieron lo que sobraba. Los vehículos empadronados en San Luis llevaban patente con “D”, Santiago del Estero con “G” y San Juan con “J”. Vos te preguntarás, ¿que pasó con Jujuy? Le dieron la “Y”. En la lucha por la propiedad de la “M” la ganadora fue Mendoza, porque Misiones debió conformarse con la “N” que no se la quedó Neuquén, ya que la única provincia de nombre palíndromo debía auto-percibirse con la “Q”, que está justo en la mitad de las siete letras. Obviamente, la batalla del millón fue por la “C”. Y como ya sabemos que Dios está en todos lados pero atiende en un solo lugar, con “C” eran los vehículos de la Capital Federal. Era entendible porque en aquel momento todavía quedaban 30 años para la Reforma Constitucional que le daba al distrito capital el status de Ciudad Autónoma del nombre homónimo a la provincia con la que limita. A la Capi le podrían haber dado la “P” de porteños, pero decidieron dársela a Formosa, la única con “F” que cedió esa letra a los riojanos. Ufff, cuánto lío para asignar patentes. Entonces, resolvieron que el resto de los estados provinciales con “C” se lleven en algunos casos a la patente una letra que aunque sea contengan. A Chaco, la “H”. Para Chubut la “U”.  Y al resto, cualquiera. Catamarca era con “K”, Corrientes con “W” y a Córdoba, generando una revolución de enojo que casi terminado en otro Cordobazo, le dieron la “X”. Hoy esa X podría multiplicarse en una generación o en una red social. En aquel momento, eran el hazme reír del resto del país. Córdoba pasaba a ser Xórdoba, como si fuera catalán.

El otro inconveniente apareció para dos estados cuando los seis dígitos de la numeración no alcanzaban para la cantidad de patentes. Entonces, la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires debieron levantar medio renglón la “C” y la “B” respectivamente, para darle lugar debajo a la unidad de millón. En nuestro territorio provincial quedaron a 227 mil rodados de llegar a los 3 millones. Y los porteños estuvieron a menos de 150 mil de alcanzar los 2 millones.

La cuenta se detuvo allí, porque en 1995 comenzó una nueva etapa para los patentamientos. Ya dejábamos de reconocer la procedencia de cada vehículo, no sólo para los nuevos. Arrancaba la era de las chapas alfa numéricas, con tres letras y tres números debajo del nombre Argentina coronado por el escudo nacional. Los cero kilómetro partían de la inicial “A” y luego una serie de combinaciones correlativas hasta terminar cada serie. Pero los usados no iban a salvarse y entraron en un proceso de reempadronamiento para reemplazar la vieja chapa provincial por la nueva federal, con la identidad Argentina y la bandera nacional. Claro que también fue una gran caja recaudatoria. Cada trámite costaba 60 pesos de aquel momento, que era equivalente en la época del uno a uno a… 60 dólares. Imaginate que si hoy hubiera que pagar esa cifra, nos daría cerca de 83 mil pesos por cada trámite, que sería un poco más que la costosa VTV. En esa gestión de pase al nuevo formato de chapa, los usados comenzaron con la letra “R” y llegaron a utilizar combinaciones que comenzaron con “X”… y no necesariamente eran de Córdoba. Sin embargo, los nuevos ya se quedaban sin letras y combinaciones, especialmente con el boom de patentamientos de más de 900 mil vehículos hace menos de quince años. La última letra fue la “P” en 2015 y se vino el otro cambio.

En los primeros meses de la gestión presidencial de Macri, se decidió que las chapas que le dan identidad a los vehículos sean más grandes, con dos letras iniciales, dos letras finales y tres números en el medio. Esa combinación, junto al nombre del país y la bandera nacional, es parte de un proyecto unificado Mercosur que todavía no se aplica en la totalidad de los socios. La variedad extiende las chances para que el sistema subsista por varias décadas. Y además, no echaron mano a un reempadronamiento, que nos dejó en la convivencia de las chapas nuevas y las más antiguas, para dejar en claro que una buena parte del parque automotor ya tiene más de diez años de vida, o de de supervivencia.

No hace falta recordar que la chapa no es únicamente la identidad de cada automotor sino que es un impuesto en sí mismo, del que en el caso de los nuevos, y sólo en algunos distritos como la Capital Federal, deja exentos del pago a los eléctricos e híbridos por los primeros dos años. Es que la patente, es una interesante fuente de recaudación de municipios y gobiernos provinciales.

En los últimos años ha aparecido una nueva modalidad de patente, ya no es de chapa, sino de papel, que hasta aquí existía casi exclusivamente cuando la original se perdía o era robada. Para aquellos que vieron la serie La Casa de Papel, debo aclararles que cualquier similitud, será mera coincidencia. De la confección de las chapas se encargaba La Casa de la Moneda. Antes de su disolución decidida por el gobierno de Milei, y frente a la falta de dólares para pagar insumos importados, comenzó la saga de dificultades. Las mismas anomalías se extendieron a la cédula de los vehículos, conocida como Verde, y también a varios municipios bonaerenses que no tenían la posibilidad de otorgar en tiempo y forma el carnet a los titulares de las Licencias de Conducir. Todo eso quedó, al menos por ahora, aparentemente normalizado.

Sin embargo, la falta de patentes es, en términos alfanuméricos, un problema mayúsculo en letras y con cantidades que superan ampliamente el medio millón de vehículos. Sí, casi 700 mil nuevos en todo nuestro país, circulan sin la reglamentaria patente. Una cifra que supera en un 25% la cantidad de unidades vendidas el año pasado.

La diputada nacional Marcela Campagnoli explicó a Infobrisas que elevó un pedido de informes al Ministerio que conduce Mariano Cúneo Libarona y en los próximos días debería llegarle una respuesta con explicaciones. La legisladora por la Coalición Cívica recordó que “esta irregularidad arrancó en la etapa final del mandato de Alberto Fernández, cuando había dificultades con la importación de insumos para muchas empresas, y entre otras la Casa de la Moneda no tenía posibilidades de acceder a la pintura especial que llevan las patentes metálicas, para que no se deterioren tan fácilmente”. En la línea de tiempo, la bonaerense Campagnoli repasó que “Javier Milei decidió cerrar la Casa de la Moneda para no imprimir billetes, sin reparar en que no era la única actividad que realizaban”.

A fines de 2024, convocada por la Asociación de Concesionarios (ACARA),  hubo una licitación a través del  Ministerio de Justicia de la Nación, que fue ganada por Tonnjes Sudamericana, una empresa alemana que aquí actúa en sociedad con Boldt, la compañía que tiene la explotación de varias salas de juego como los Casinos de Tandil, Miramar y Tigre. La ex planta impresora del desaparecido diario Ámbito Financiero en el barrio porteño de La Boca, es el lugar en el que se producen las chapas, bajo normas de seguridad que reducen el riesgo de su falsificación.

La legisladora Campagnoli trajo a la memoria que “Boldt ya confeccionaba las chapas identificatorias de los automotores antes de que lo hiciera la Casa de la Moneda en 2012 y le sacaron esa responsabilidad por el conflicto desatado cuando Boldt compró Ciccone y su directorio no aceptó los intereses del ex vicepresidente Amado Boudou, mediante sus testaferros, de integrar la sociedad”. Afirmó la referente del espacio que lidera Lilita Carrió que el gobierno de Cristina le quitó entonces a Boldt, como represalia, el negocio de la confección de las patentes.

Hoy estamos con un mercado automotriz en franca recuperación y con volúmenes de ventas del orden de las 60 mil unidades mensuales. Y correspondería que utilice el término patentamientos, aunque sería simbólico, porque salen con una provisoria, de papel, que debe renovarse cada 90 días, algo que también lo vuelve engorroso. Existen casos que llevan al menos  un año de espera para obtener la chapa definitiva. La nueva identificación vehicular, que lleva casi una década, ya llegó a la combinación “AH” de letras iniciales, pero quizás deberíamos estar ya por la nomenclatura “AI”, similar a la sigla de la Inteligencia Artificial en inglés. Indudablemente es una realidad artificial la que vivimos en este tema.

Campagnoli advirtió que se incumple con una ley que exige la circulación obligatoria de un rodado con una patente. “A esto – dijo – se suman muchos vivillos que la tienen pero la quitan, para no ser captados por las cámaras y los radares y esgrimen que se las robaron y no hay reposición”. O alertó que hay cuestiones más graves que “ante un incidente de tránsito, se puede dar a la fuga y no hay modo de identificarlo, rastrearlo y ubicarlo”.

Si enumeráramos las irregularidades y dificultades que genera circular sin patente metálica, nos vamos a encontrar con múltiples consecuencias. Van desde la evasión de fotomultas y la libertad impune para cometer infracciones, hasta cuestiones más banales como la imposibilidad de colocar el sistema de Telepase en el vehículo – que solamente se asocia a una chapa definitiva – o el registro para el estacionamiento medido en ciudades como Tandil, donde únicamente se pueden cargar datos bajo el esquema de chapas de 3 letras y 3 números o de 2 letras, 3 números, 2 letras. Las provisorias de papel llevan en cambio 3 letras y 4 números. Otras consecuencias, que podrían tomarse como menores, son que el papel adherido al cristal se deteriora fácilmente con la humedad y la diferencia térmica. O que si bien un vehículo con patente de papel puede salir de nuestro país, no le permitirán el ingreso del otro lado de la frontera en territorios vecinos.

La patente es una responsabilidad indelegable del Estado Nacional. Y según la diputada Campagnoli “si bien el propio Milei se define como un topo que vino para destruir el Estado, hay lugares como éste, de los que el Estado no se puede correr. La ley no cambió y es responsabilidad del Estado la entrega de las patentes”.

Todos somos iguales ante la ley, y una chapa patente también es un claro ejemplo de ese paradigma constitucional. Extraoficialmente se asegura que en setiembre próximo, o sea en breve, la irregularidad de más de medio millón de faltantes estará resuelta. Cuesta creerlo y a esta altura bien podríamos hablar de una trampa ilegal. O de un engaño legal del que estamos conminados a aceptar, sin escapatoria. Consecuencias impredecibles de rastros de corrupción de la llamada década ganada, del cepo cambiario y de decisiones apresuradas.

 

Por Daniel Revol / @DanielRevolArg