jueves 06 de agosto de 2026
Publicidad

Claudia Álvarez Argüelles: una vida entre dos orillas, el desafío de liderar en tiempos de crisis y el orgullo de ser abuela

La empresaria hotelera, presidenta y CEO de Álvarez Argüelles y vicecónsul honoraria de España en Mar del Plata, recibió la Medalla de Oro de Galicia, la máxima distinción de esa comunidad autónoma. En una entrevista con El Pase de Brisas, repasó su historia familiar, el presente crítico del sector turístico, los desafíos de liderar una empresa con 700 empleados y su orgullo más reciente: ser abuela de Atina.
jueves 06 de agosto de 2026

En el estudio de Brisas, el aire se cargó de emoción cuando Claudia Álvarez Argüelles comenzó a hablar de sus padres, Manuel y María del Carmen, aquellos adolescentes gallegos que con 13 y 14 años dejaron atrás la posguerra civil española para buscar un futuro en Argentina. Esa historia de sacrificio, trabajo y resiliencia fue precisamente el motivo por el cual, hace apenas unos días, la Junta de Galicia le otorgó la Medalla de Oro de Galicia, el máximo reconocimiento que entrega el gobierno autonómico.

“Lo recibí con mucha responsabilidad y en nombre de todos aquellos inmigrantes que, como mis padres, un día decidieron comenzar una historia en otras tierras esperando un futuro más promisorio”, expresó Claudia. Sin embargo, lejos de ver el galardón como un punto de llegada, lo interpreta como un impulso para seguir construyendo puentes. “Las raíces no te atan, te proyectan y te potencian”, afirmó, convirtiendo esa frase en el leitmotiv de su vida personal y profesional.

Álvarez Argüelles comenzó su camino en 1958 primero con el alquiler del Hotel Europa y luego el Hotel Iruña, un cuatro estrellas icónico en el centro de Mar del Plata. Hoy, bajo la dirección de Claudia, el grupo hotelero tiene presencia en siete ciudades de seis provincias: desde Salta hasta Ushuaia, pasando por Buenos Aires, La Plata, Mar del Plata, Santa Rosa y Neuquén. Pero el crecimiento no fue casualidad. Fue el sueño de sus padres, que en los años 70 y 80 escuchaban con dolor a sus huéspedes comparar la hotelería marplatense con la de Río de Janeiro o Punta del Este.

“Era un puñal en el corazón para ellos”, recuerda Claudia. Esa insatisfacción los llevó a soñar con un hotel que contuviera todo lo que el mundo ofrecía y más. Así nació el Costa Galana, cuyo nombre rescata la primera denominación que Juan de Garay dio a estas costas en una carta a los Reyes Católicos: “he divisado muy galana costa”. Una conexión poética entre España y Argentina que la empresa hizo propia.

Pero el legado no es estático. Tras el fallecimiento de su padre a los 66 años, Claudia y su madre asumieron nuevos roles. “No se trataba de cubrir el rol de mi padre, sino de resignificarnos”, explica. Esa reinvención constante los llevó a tomar decisiones que en su momento fueron contracorriente, como mantener la gastronomía como eje de sus hoteles o dotar a cada establecimiento de una personalidad única en lugar de estandarizarlos. Hoy, ese criterio es tendencia global.

El presente: una tormenta perfecta para el turismo

Pese a la solidez del grupo, Claudia no oculta la grave crisis que atraviesa el sector. “Estamos en un momento muy crítico”, admite. “El turismo interno se ha reducido muchísimo, más de un 25% en algunos destinos, y el turismo internacional no compensa porque Argentina está cara para el exterior. Es una trampa: no hay dinero para viajar dentro del país y somos caros para los que vienen de afuera”.

La situación se agrava porque, a diferencia de crisis anteriores, ninguna de las dos palancas de la demanda (la interna y la externa) funciona a favor. “Hemos hecho todos los esfuerzos en eficiencia, formamos a los equipos, cuidamos el empleo, pero hoy no está alcanzando”, admite con honestidad. “Y lo que más me preocupa es que no veo un cambio de tendencia en el corto plazo”.

En ese contexto, la empresaria reclama una mirada integral de los tres niveles del Estado: municipal, provincial y nacional. Señala que el sector hotelero y gastronómico es uno de los principales generadores de empleo y que su impacto se derrama en toda la cadena productiva. “En pandemia, hasta la panadería de barrio dejó de vender porque no había turistas. Esta actividad distribuye riqueza en toda la sociedad”.

Innovación, conectividad y nuevas generaciones

A pesar de las dificultades, Álvarez Argüelles no frena su expansión. Claudia anunció que este año la empresa tomará el gerenciamiento de un hotel en el barrio porteño de San Telmo, un proyecto atravesado por el arte que pertenece a la familia Rottemberg. “Es un hotel completamente distinto, es arte con hotel”, adelanta. La apuesta responde a una tendencia mundial: hoteles de experiencia, con personalidad y servicios personalizados.

Sobre el turista actual, Claudia observa que las exigencias cambiaron radicalmente en la última década. “La digitalización, la inteligencia artificial, las nuevas formas de comercialización… nos hemos tenido que reeditar como hoteleros. Pero también cambió el huésped: ya no pide lo mismo si viaja por trabajo, en familia o en pareja. Un hotel como los nuestros, en Mar del Plata, tiene que ser polifacético”.

Uno de los temas que más la apasiona es la conectividad. “La conectividad genera movilidad y la movilidad genera desarrollo económico”, sostiene. En ese sentido, no duda en afirmar que un tren rápido que una Mar del Plata con Buenos Aires en dos horas y media transformaría la ciudad. “Cierro el aeropuerto si me garantizan ese tren”, lanza, resignada por las promesas incumplidas. “El impacto sería impresionante”.