sábado 24 de octubre de 2026
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El legado argentino sigue marcando el rumbo de los Juegos Olímpicos de la Juventud

Mario Moccia, presidente del Comité Olímpico Argentino, destacó el impacto de Buenos Aires 2018 en el movimiento olímpico

 

Los Juegos Olímpicos de la Juventud vuelven a ponerse en marcha y, para Argentina, la llegada de Dakar 2026 representa también una oportunidad para recuperar una experiencia que dejó una marca en la historia del deporte nacional.

Por Florencia Cordero 

Mario Moccia, presidente del Comité Olímpico Argentino (COA), despidió simbólicamente a una nueva generación de atletas con las mejores expectativas, pero con una mirada que trasciende los resultados deportivos.

“La emoción de despedir a los chicos y que les vaya muy bien, que vivan intensamente esta experiencia de Juegos Olímpicos de la Juventud”, expresó Moccia al referirse al desafío que tendrá la delegación argentina.

Para el dirigente, estos Juegos tienen una particularidad que los distingue de otras competencias internacionales: permiten a los jóvenes comenzar a conocer el mundo del olimpismo desde una perspectiva integral. La experiencia de convivir en una Villa Olímpica, representar al país, participar de actividades culturales y educativas e incorporar los valores del movimiento olímpico forma parte de un aprendizaje que va más allá de lo que suceda en cada escenario deportivo.

Moccia destacó la calidad de los representantes argentinos y manifestó su confianza en el desempeño de la delegación. Pero también hizo hincapié en que el verdadero alcance de la experiencia no debe medirse exclusivamente en medallas.

Buenos Aires 2018: una experiencia que trascendió los resultados

Hablar de los Juegos Olímpicos de la Juventud es, para Moccia, volver inevitablemente a Buenos Aires 2018. Aquella edición lo tuvo como protagonista de la organización y dejó recuerdos, aprendizajes y un legado que, según sostiene, continúa proyectándose sobre el movimiento olímpico internacional.

“Nos genera muchísimo orgullo y satisfacción que muchos conceptos incorporados por nosotros por primera vez en estos Juegos se hayan después masificado a nivel olímpico”, recordó.

Entre esas innovaciones, destacó las ceremonias realizadas en espacios públicos, la posibilidad de llevar el deporte a lugares emblemáticos de la ciudad, los parques temáticos y las propuestas de iniciación deportiva destinadas a chicos de las escuelas.

La idea era que los Juegos no quedaran limitados a los atletas y a los espectadores que asistían a las competencias, sino que se convirtieran en una experiencia compartida por toda la comunidad. Acercar el deporte a la gente y generar nuevas formas de participación fueron algunos de los conceptos que marcaron aquella edición.

Buenos Aires 2018 también representó una oportunidad para ampliar la base de deportistas y detectar jóvenes talentos. Moccia recordó el programa de desarrollo impulsado desde el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD), que contribuyó a identificar y acompañar a chicos con potencial deportivo.

El dirigente también puso en perspectiva el recorrido posterior de aquellos jóvenes. Algunos lograron consolidarse en el alto rendimiento, mientras que otros eligieron caminos diferentes o dejaron la práctica deportiva competitiva.

Es parte del proceso de formación y de la propia vida deportiva. El legado no consiste únicamente en los atletas que llegan a la élite, sino también en las oportunidades que se generan y en las experiencias que permanecen.

Una infraestructura que sigue en movimiento

El legado de Buenos Aires 2018 también se expresa en las instalaciones deportivas que continúan funcionando y reciben a distintas disciplinas. El Parque Olímpico, el complejo acuático y las naves deportivas forman parte de una infraestructura que mantiene vigente la inversión realizada para los Juegos.

Moccia destacó que esos espacios hoy son utilizados para el desarrollo de diferentes deportes, lo que permite que una competencia internacional deje recursos concretos para el crecimiento de la actividad deportiva argentina.

Pero existe otro legado, menos visible y no por eso menos importante: la formación de profesionales especializados en la organización de grandes eventos.

“Todo lo que fue la capacitación de una generación de personas que están trabajando en Argentina y muchos diseminados por el mundo trabajando en los comités organizadores de distintos Juegos”, señaló.

Como ejemplo, mencionó a Laura Márquez, quien estuvo al frente de la Villa Olímpica de Buenos Aires 2018 y posteriormente asumió responsabilidades en otras ediciones olímpicas.

La experiencia argentina, de esa manera, no quedó circunscripta a la ciudad ni al calendario de una competencia. También generó conocimientos y capacidades que hoy se proyectan en la organización de eventos deportivos internacionales.

De Buenos Aires a Dakar: pasar la posta

La llegada de Dakar 2026 tiene, en ese contexto, un significado especial. Después de la interrupción del calendario de los Juegos Olímpicos de la Juventud, una nueva edición permite retomar el recorrido y dar continuidad a una experiencia que tuvo en Buenos Aires uno de sus capítulos más significativos.

Para Moccia, el desafío es que Dakar pueda ofrecer una experiencia positiva para los jóvenes atletas y, al mismo tiempo, avanzar en la definición del perfil que tendrán los Juegos en el futuro.

El dirigente valoró la oportunidad de que una nueva generación viva la experiencia olímpica, pero planteó que todavía existe una discusión pendiente dentro del movimiento olímpico internacional.

“Ojalá la experiencia de Dakar sea muy positiva. Ojalá que se termine de definir el perfil de Juegos Olímpicos que el COI quiere, porque me parece que ahí hay todavía como una indefinición en cuanto a cuál es la propuesta”, reflexionó.

Y formuló la pregunta que atraviesa buena parte de su mirada sobre el futuro del evento: “¿Es una propuesta integradora o educativa o es una propuesta competitiva? Y creo que es lo que hay que definir para el futuro”.

La reflexión de Moccia abre un debate central para el olimpismo juvenil: cómo encontrar el equilibrio entre la exigencia deportiva y la formación integral de los atletas.

La competencia es una parte esencial de los Juegos, pero la convivencia, el intercambio cultural, la educación y la posibilidad de compartir una experiencia con jóvenes de otros países también forman parte de su identidad.

Buenos Aires 2018 dejó un legado que se proyecta en instalaciones, profesionales y deportistas. Dakar tendrá ahora la oportunidad de continuar ese camino y aportar su propia mirada sobre el futuro de los Juegos Olímpicos de la Juventud.

Para Argentina, la expectativa es que los jóvenes representantes aprovechen cada instancia de esta experiencia. Porque, como se desprende de las palabras de Moccia, el resultado deportivo importa, pero el legado de los Juegos empieza mucho antes de subir al podio y puede continuar mucho después de que se apaguen las luces de la competencia.