Anécdotas de Bolsillo: la historia del Bravo Cangapol
Los pueblos originarios que habitaron el sudeste bonaerense eran bien conocidos por los españoles. Los Pampas se caracterizaron por ser tenaces guerreros y no le hicieron la vida fácil a los primeros hacendados que ocuparon estos pagos.
Los pueblos originarios que habitaron el sudeste bonaerense eran bien conocidos por los españoles. Los Pampas se caracterizaron por ser tenaces guerreros y no le hicieron la vida fácil a los primeros hacendados que ocuparon estos pagos.
Los “malones” y el robo de ganado eran constantes lo que alertó a las autoridades y los llevó a tomar distintas medidas para terminar con la “amenaza” del indio.
Como los enfrentamientos armados no dieron resultado, emprendieron a mediados del 1700 la tarea de “civilizar al indio” a través de la evangelización.
Así fue que en 1746 los padres Tomás Falkner y José Cardiel fundaron, por orden de las autoridades provinciales, la “Reducción de nuestra señora del Pilar de Puhelches”, en lo que actualmente se conoce como Laguna de los Padres. El principal objetivo era congregar a los indígenas para luego convertirlos al
catolicismo y de esta manera inculcarles la forma de vida de los colonizadores.
Sin embargo, los españoles subestimaron la autoridad que ejercía sobre estas tierras el cacique Cangapol. “El Bravo”, como lo conocían, controlaba la zona desde el Cabo Corrientes de la actual Mar del Plata, hasta el sur de la provincia de Buenos Aires. Sin dudas no se dejaría “dominar” fácilmente.
Fue así que una noche fría de invierno el cacique Cangapol, acompañado por más de 500 indios, se propuso arrasar con las reducciones expulsando a los curas jesuitas. De esta manera la experiencia evangelizadora llegaría a su fin en 1751.
Una vez más el hombre blanco intentó ser el centro del mundo, imponiendo sus costumbres y creencias, pero esa vez el “Bravo” dijo NO!