Natalia Pérez, la mamá de cuatro niños que se animó a cumplir un sueño y se recibió de médica
Natalia Pérez es flamante médica, egresada de la primera promoción de la Escuela Superior de Medicina de la Universidad de Mar del Plata, y completar la carrera en tiempo ideal tiene un mérito adicional: es madre de cuatro hijos que ya tenía al momento de inscribirse como alumna, hace seis años.
“Están todos muy orgullosos”, dijo a Radio Brisas sobre la enorme felicidad que significó para ella y otros 88 compañeros de estudios que rindieron su último examen el último sábado, día desde el que Francesco, Giovani, Alessia y Speranza tienen en su mamá a la ahora “doctora Pérez”.
Un sueño que comenzó al terminar sus estudios secundarios, momento que coincidió con el despido de su padre, ferroviario, con lo que se diluyó cualquier posibilidad de afrontar los costos que significaría estudiar en La Plata o Buenos Aires, las dos alternativas más cercanas.
“Lo mío era la medicina, lo sabía desde un primer momento”, aseguró y por eso entiende que su familia la acompañó desde el mismísimo momento en que avisó que se iba a anotar para cursar cuando se abrió la carrera en Mar del Plata. “Me sentí sumamente feliz y fui de las primeras en inscribirme”, recordó.
Entonces sus hijos tenían 11, 9 , 7 y 2 años. Y aun así se animó. Con apoyo de su esposo, Areán, avanzó hasta llegar a este objetivo que demandó muchísimo esfuerzo durante estos últimos años y, reconoce, gran colaboración de la paciencia para que todos entendieran sus tiempos.
Valoró y mucho en este recorrido la infraestructura y oferta de la carrera en Mar del Plata. “Encontrè una estructura edilicia muy buena, con buenos profesionales y docentes con mucha calidad humana, que hasta último momento nos guiaron y acompañaron”, dijo para valorar una propuesta de universidad pública que –dijo- “es algo muy valioso y que cuesta reconocer”.
En particular resaltó la vigencia de una normativa que le concede algunas prioridades a las mamás que estudian. Da prioridad a la elección de comisiones. “Eso me permitió definir horarios de cursadas, por lo que siempre pude estar presente con mis hijos”, explicó.
Llegar a recibirse significó, cuenta, muchísimas horas sin dormir. Y habrá más, porque de aquí en más llegan tiempos de residencia y especialización, que empieza a perfilar hacia la dermatología, aunque todavía no termina de definir.
Por lo pronto se incorporó a un grupo encabezado por un médico con el que comparten un ateneo en el que se analizan casos complejos que se presentan en el hospital y que suman para la formación.
Y ahora, anticipa, se permitirá disfrutar un poco más de sus hijos. Uno de ellos, incluso, que va por su mismo camino: el mayor comenzó a estudiar medicina este año. “Ahora comparto libros con él”, dijo. Así como también siente que tendrá más tiempo de disfrutar a los demás, en particular a la más pequeña. “Se bancó todas”, dijo sobre la niña que tras el examen final la sorprendió con algo más que una felicitación: “Mamà, ahora vamos a poder jugar”, le advirtió.