Por Adrián Barbarulo
Lo destacado en breve
Algunos de los procesos de cambio mas importantes de la historia contemporánea se sostienen y se justifican desde los jóvenes. Los movimientos juveniles son los impulsores de sacudir la modorra del status quo para que se altere el orden normal de las cosas.
El mayo francés y el movimiento hippie son emblemas juveniles del mundo. Si nos vamos a nuestra Argentina podemos enunciar: la juventud maravillosa de los 70, la lucidez de la coordinadora en el 83, la Cámpora en el gobierno de CFK.
No sé qué peso tendrá a futuro, pero podemos vislumbrar el nuevo movimiento de los tictokers mileistas que se cargaron la lucha contra la casta en sus hombros y no le dieron tregua hasta ganar una elección.
Tengo claro que les estoy subiendo el precio, pero un ex presidente invitó a ser como los jóvenes que se animan al cambio y que saldrán a la calle a defender lo que tengan que defender. Palabra más, palabra menos, fue lo que dijo Mauricio Macri en el programa de Joaquín Morales Sola, en la noche del lunes por TN.
Me puedo meter en un brete, pero prefiero hacerlo.
La juventud no es una virtud, la juventud en una etapa de nuestra vida que transitamos de manera tumultuosa y excitante en casi todos los rubros abordados.
No pensamos lo mismo a los 20 que a los 40 y es lógico que eso pase, porque a los 20 nos sentimos inmortales, superpoderosos y a los 40 nos vamos reconociendo finitos y estrategas por causa de haber perdido algunas batallas.
Solo escribo esto para que no nos comamos otro caramelo con gusto a juventud.
Esta etapa de la vida, es hermosa y la envidiamos aquellos que la vamos perdiendo, pero está muy lejos de ser una virtud.
Está claro que podemos valernos de lo impropio y de la potencia de los jóvenes para que las cosas se transformen. Van a mirar distinto que nosotros, van a jugar con otra pasión los partidos y eso nos hace ver nuevos horizontes para seguir caminando hacia el futuro.
Pues bien, miremos al futuro y observemos el pasado. Hasta hace horas, dos de los referentes económicos de Javier Milei eran Carlos Rodríguez y Roque Fernández, de 76 años cada uno. El primero dijo esta semana que le daba dolor de barriga ver 2 hombres besándose, con eso deja claro que no se va a transformar en el líder una multitud juvenil al grito de libertad.
Roberto Lavagna, llegó al ministerio de Economía y Producción con 60 años recién cumplidos. Podríamos decir que la rompió toda en su gestión, pero un par de años después no servía para nada porque usaba medias con sandalias.
Ojo, la adultez, tampoco es una virtud y no nos hace sabios, pero nos permite ordenar los torbellinos y comprar los condones a tiempo para tener relaciones seguras.
La política, el deporte, la ciencia, el periodismo y lo que se nos ocurra tienen la necesidad de amalgamar las etapas vitales de sus actores. La fuerza empuja, pero la maña acomoda.
Si no se dosifica corremos riesgos.
Juan Domingo Perón se valió de los jóvenes que no lo habían visto gobernar y que crecieron leyendo su doctrina. Eso le permitió volver, luego los echó de la plaza cuando descubrió que solo querían que sea Fidel.
La junta coordinadora de Raúl Alfonsín, le juntó la cabeza a la nueva guardia necesitada de libertades para vivir el destape a la argentina en el regreso a la democracia, pero nunca midió que los desplantes a los poderes de turno le podían tocar mas que el honor cuando se los hacía en público.
La Cámpora de Nestor y Cristina. Con el primero fueron el folclore, la reminiscencia de la juventud diezmada por la dictadura y con la segunda fueron el encapsulamiento que no permitió discutir la realidad desde las necesidades de la gente de a pie.
Está muy claro que la juventud es clave, necesaria y vital. Sola no puede.
Ni juventud maravillosa, ni viejos meados. En realidad, si, pero todos juntos.