POSTALES DE PROVINCIA
Hilario Ascasubi: la "guerra del loro"
Hilario Ascasubi es una de las localidades más importantes del partido de Villarino, al sur de la provincia de Buenos Aires. Es una localidad pequeña, de unos 7000 habitantes, a unos 100 kilómetros de Bahía Blanca y a unos 15 del río Colorado.
Uno de sus principales sustentos económicos proviene del sector hortícola, con gran énfasis en el cultivo de cebolla. La región produce el 50% de la totalidad de la producción nacional. Esta actividad es tan importante que en el ingreso a la ciudad hay un monumento a la cebolla y también su fiesta popular está dedicada a este cultivo.
La producción de la cebolla no es barata, tiene costos elevados y nuestro principal comprador es Brasil. Si no tuviéramos el mercado brasileño, realmente con la cebolla que se produce en la zona, sobraría y habría que tirarla porque el mercado interno no es tanto como para absorber toda la producción. En septiembre se empieza a sembrar y a fin de febrero o principio de marzo se empieza a levantar la cosecha y da una temporada de unos cinco meses donde se habilitan galpones de empaque, donde se hace la clasificación y el embolsado, por lo que genera trabajo casi todo el año con un breve periodo de receso. La siembra se hace con máquinas y en cuanto a la cosecha hay una parte que se puede hacer a mano, donde se hacen como trojas, donde se amontonan las cebollas, porque después hay que dejar que la cáscara que sale blanca de la tierra madure y tome el color rojizo o ladrillo que se ve cuando llegan a la verdulería.
Luego se hace la descolada, o sea quitarle la raíz y lo que queda de las hojas. En los galpones se clasifican por tamaño, por color y se embolsan, se colocan las etiquetas y se las exporta o se las manda para el mercado interno a Buenos Aires.
Sin embargo, Ascasubi se ha vuelto conocida en los últimos años por un fenómeno particular: miles de loros han invadido el pueblo, quitándoles a los habitantes la tranquilidad que tenían. Hoy son cientos los vecinos que no pueden dormir tranquilos por el ruido que provocan las aves, las veredas y plazas se llenan de excrementos y hasta los servicios de luz, cable o internet se ven afectados.
Darío Becker es uno de los que sufre las molestias que año tras año se van acrecentando junto con el número de ejemplares que crece exponencialmente. “El fenómeno se da a partir de las cinco y media de la tarde en adelante, cuando vienen a dormir y se quedan toda la noche hasta la madrugada, empieza a salir de sol y se van a los campos a comer. “
Este tipo de ave no es la cotorra argentina, la verdecita y gris que se ve en el sudeste de la provincia, el loro barranquero es más grande, tiene varios colores, rojo, amarillo, verde. Como su palabra lo dice, viven o anidan las barrancas ubicadas al sur, en la zona de los balnearios Las Grutas y El Cóndor. Anidan ahí y en la temporada se vienen después de nacer las crías se vienen a la zona y acá comen los granos de los cultivos.
“Loros hubo siempre, el tema es la cantidad. Y también lo que se está dando es el fenómeno de que se queden en el ejido urbano, o sea, antes existían, estaban, pero se quedaban en los montes y no venían a la localidad. Ahora nosotros lo tenemos sobre los tendidos eléctricos de alta, de media tensión, sobre árboles en la plaza, sobre construcciones porque se suben arriba de los techos altos, yo tengo una casa de dos pisos y realmente son molestos porque en la mañana se pasan sobre los techos, rasguñan, picotean, realmente son molestos, son muchísima, muchísima la cantidad.”
Hoy los habitantes buscan recuperar la paz que gozan poblaciones similares. “Acá no hay un control desde el municipio, desde algún ente provincial o nacional. Estamos pidiendo una respuesta para poder vivir un poco más tranquilos. No es tema del desmonte, porque no anidan acá, pero la cantidad se va duplicando porque tienen de dos a cinco crías entonces imagínate que si se van mil parejas, o sea 2000 loros, el año que viene vuelven por lo menos 4000.”
Además de molestos, los loros han mostrado ser inteligentes ante los intentos de desalojo. “En el año 2017, 2018 el municipio implementó una luz láser verde que hacía un barrido del ejido urbano, eso los fastidiaba, los incomodaba y se iban, pero luego de un tiempo, el loro se fue adaptando y aunque parezca mentira, comenzaron a ponerse en el mismo cableado, en el mismo lugar y de espalda para que la luz no lo molestara.”
“Tratamos de espantarlos con ruidos, pero el tema es que si no todos los vecinos hacen ruidos, yo lo molesto acá pero vuela y se va al vecino de enfrente y si este no lo espanta se queda ahí y la molestia sigue. Evidentemente no podés estar todas las noches saliendo a cualquier hora a golpear los postes de luz o teléfono para espantarlos.”
“La problemática no es solamente que se queden de noche y que hagan ruido. Tenemos todo cableado aéreo, no tenemos cables subterráneos como en grandes ciudades. Tenemos el cableado de luz, de internet, de cable, de telefonía, entonces generan cortes porque con los picos, con el afán de gastarlos cortan cables. El mayor problema que tenemos con la luz es que cuando levanta vuelo la bandada de loros que estaban apoyados en los cables, hacen que se toquen y generan cortocircuitos que después producen quemaduras de artefactos como un televisor, la heladera, el microondas y todo gracias a los loros.”
El tema de la suciedad no es menos preocupante. “Donde se paran, defecan y todas las heces quedan esparcidas en la vereda y después eso lo tenés que lavar porque si vos lo barres, inhalás y te podés contagiar alguna enfermedad. Hay un montón de situaciones, no es solamente lo molesto del ruido que producen.”
La Fiesta de la Cebolla es una fiesta provincial, se hace en abril y el año pasado los loros generaron un corte de cables e hicieron salir de servicio un transformador. “Era justo el domingo, cuando se presenta el show principal o el cierre y bueno, se cortó la luz cuando ya estaba oscureciendo y hasta que el equipo de la cooperativa eléctrica buscó el camión, fue a ver cuál era el problema, logró reconectarlo y todo eso, la mayoría de la gente se había ido. Así que los loros complicaron el final de la fiesta del pueblo.”
La cooperativa habla de inversiones de hasta sesenta millones lo que le ha costado el tema de los loros. Ha comprado un reconectador automático, porque muchas veces pasaba que los loros se volaban, tocaban los cables, saltaban los fusibles y tenían que venir a cualquier hora. Con esto lograron achicar los tiempos y cuando son cortes menores se reconecta en forma inmediata.
“Hoy es todo fibra óptica y sus cables son muy blanditos para sus picos, por ello hay comercios que se quedan sin poder facturar porque hoy en día está todo relacionado con internet, hay chicos que estudian online y no pueden seguir estudiando, generan muchas complicaciones.”
A principios de agosto se empiezan a ir para su zona de reproducción, hacen sus nidos en las barrancas o sea con los picos perforan las paredes y después en febrero o principio de marzo empiezan a llegar los primeros loros a la localidad y a partir de ahí no paran hasta terminar el invierno.
Lamentablemente, ni desde los ámbitos gubernamentales ni científicos se ha podido encontrar una solución al problema. Por ahora, la “guerra del loro” la siguen ganando los emplumados.