Taxis y remises: Anatomía de un sector que atraviesa un momento complejo
Cuando se habla de transporte público en Mar del Plata, la mayoría de las veces nos quedamos con los colectivos, que se llevan la marca. Los taxis y los remises también conforman este sector, en el cual hay toda una serie de pautas establecidas en su funcionamiento. Debería ser ocioso explicarlo, pero no cualquier persona está en condiciones de transportar gente de un lugar a otro en vehículos.
En esta ocasión, hablamos con Pablo Sánchez, de Servitaxi, y con Guillermo Messina, de Remicoop, para tener una aproximación a lo que es la actualidad del sector, en un contexto difícil para la actividad económica, lo que tiene un correlato en los medios de transporte que los marplatenses eligen, si es lo que hacen. También hicimos un punteo con propietarios de vehículos para consignar qué gastos deben afrontar de manera periódica. Veamos qué sale.
“No somos un eslabón disasociado del resto de la cadena”, nos señalaba Messina, apuntando a la reducción de los viajes, cifró en un 30% la disminución respecto al año pasado. A eso se le agrega una complejidad sostenida en lo que es la rentabilidad, con un alza de costos que no acompaña lo que es la recaudación. Esto redunda en la necesidad de trabajar más horas para tener la misma ganancia que tiempo atrás. Y hace que no sea fácil conseguir choferes para sumarse, sobre todo en el horario nocturno.
Sánchez hizo hincapié en la crisis económica, a la que calificó como “muy importante”. En tal sentido, señaló que “por la baja del consumo general, la gente deja de usar el taxi por comodidad y solo se lo permite en un caso de apuro. Además, estamos afectados por la caída en lo que son los gastos de las salidas, la diversión. Cada vez son menos los que salen a comer por la noche y se vuelven en taxi. Lo mismo ocurre con los chicos y sus salidas”.
Los gastos de un vehículo de estas características
¿De qué gastos hablamos para un coche que tiene que estar todo el día recorriendo las calles de Mar del Plata? Por supuesto que nunca puede ser homogéneo. No es lo mismo usar nafta o GNC, Premium o súper, o el tipo de vehículo. Aun así, a modo de ejemplo, conversamos sobre un listado tentativo: 50 mil pesos de seguro mensual; cada mes y medio, un cambio de aceite entre 50 mil y 60 mil pesos; las cubiertas entre 100 y 120 mil pesos, debiéndose cambiar cada 75 mil kilómetros aproximadamente; VTV cada seis meses, 20 mil pesos; inspección anual 20 mil pesos. El gasto por turno de 12 horas de GNC ronda los 10 mil pesos, que es el combustible usado casi por la totalidad de los vehículos. El gasto en nafta es menor, pero hay que sumarlo, ya que todos deben ser arrancados con ese combustible.
"Después está el desgaste del auto. Vas haciendo frenos, las pastillas, amortiguadores. Los repuestos dependen de cada modelo. Cada tres, cuatro años, debería cambiarse el auto, pero las temporadas vienen más complicadas y no se llega a hacer", lamentaron.
“La suba de los insumos sigue. A un ritmo menor, en porcentuales más bajos, pero se mantiene, y queda claro con los aumentos mensuales del combustible”, acotó Sánchez.
Aplicaciones de transporte
Por supuesto, todos coincidieron en marcar como un hito, y no precisamente positivo, lo que fue la llegada de las aplicaciones de transporte como Uber o Cabify, que sin estar habilitadas, funcionan de facto y ya son un actor más del sistema en Mar del Plata. “Es difícil ver cuánto tiene de responsabilidad en nuestra situación el momento económico o lo que es el transporte ilegal, pero sí puedo decir que es mucho lo que significa”, enfatizó Sánchez. “Nos sacan mucho laburo”, graficaron los taxistas con los que hablamos.
De todos modos, Messina planteó un aspecto novedoso, al sostener que observaba cierto cambio en lo que es su uso: “Muchos ya se dieron cuenta de que cuanto más lo necesitás, más caro te sale con las aplicaciones. Se aprovechan y son varios los que se han desilusionado, porque a nadie le gusta que le roben”. En tal sentido, indicó que pasaba en el verano, en donde a la noche cobraban precios exorbitantes, por lo que hubo una cantidad importante de clientes que volvieron a los taxis y al remís. De todos modos, reiteró la importancia de que no es lo mismo subir a un auto con seguro que sin seguro. “La misma Ley de Tránsito indica que no están habilitados para este servicio los autos particulares”, especificó.
Derivaciones del valor del colectivo
Por último, le preguntamos a Messina si el costo del boleto de colectivo tenía incidencia o no respecto a su actividad, y nos sorprendió con su respuesta: “La verdad es que sí. A un costo de casi mil pesos, con frecuencias mucho menores, que hacen que las esperas en los barrios sean de 30 minutos, para una familia se le hace más conveniente por comodidad. Y es un tema que se profundiza, porque las frecuencias de los colectivos se hace menor porque tienen menos pasajeros, con lo cual se hace un círculo vicioso”.
En definitiva, un sector que nota a flor de piel el impacto de la caída en la actividad económica y los cambios en el consumo que se generan a partir de esta realidad. Habrá que ver cómo sigue la marcha del día a día, sobre todo en lo que tiene que ver con el turismo en los próximos meses.