Tío Andino, la tradición que endulza Los Pinares desde hace casi cuatro décadas
En el barrio de Los Pinares, una heladería se ha convertido en parte del paisaje y de las historias de vida de sus vecinos. Tío Andino, con su llamativa y acogedora fachada, no es solo un comercio, sino también un lugar de encuentro y una tradición que permanece viva desde 1986.
Lo que distingue a Tío Andino no es solo la calidad artesanal de sus helados, sino también su esencia profundamente familiar.
En sus más de tres décadas de historia, llegaron a tener seis sucursales, pero sus dueños decidieron enfocarse en lo esencial y quedarse con dos, una ubicada en Av. Independencia 3836 y la otra en Av. Constitución 6592, priorizando la calidad y el trato cercano que tanto aprecian sus clientes.
Gustavo Altavio, uno de los hijos de los fundadores, recuerda cómo todo comenzó cuando su padre y su tío, impulsados por la oportunidad de comprar una fábrica de helados en Tandil, vendieron su casa para lanzarse a este desafío. Desde entonces, el compromiso ha sido mantener la calidad y la atención personalizada.
“Mi papá siempre decía que los helados debían entrar primero por los ojos. Eran grandes, pero también debían ser deliciosos. Desde entonces, todo se hace artesanalmente: exprimimos los limones, trituramos las bananas y cortamos a mano los chocolates en rama. No usamos esencias. Queremos que cada sabor sea especial y único”, explica Gustavo.
En la heladería, el clima laboral también refleja esos valores. Hay empleados que llevan décadas trabajando y ahora ven a sus propios hijos sumarse al equipo.
Uno de ellos es Agustín, de 30 años, quien comenzó hace nueve como repartidor y hoy es encargado de turno. “Lo que más me gusta de trabajar acá es el ambiente. Puedo estudiar y trabajar al mismo tiempo, y siempre me sentí apoyado. Estoy terminando el Profesorado de Educación Física, pero Tío Andino es como mi segunda casa”, comenta.
Aunque la tradición es un pilar fundamental, Tío Andino también sabe adaptarse a los nuevos tiempos. Este año incorporaron los “sabores de pizarra”, una propuesta innovadora con combinaciones únicas y limitadas que solo están disponibles por un breve periodo.
“Es una forma de sorprender a los clientes de siempre y atraer a nuevos. Por ejemplo, probamos con chocolate amargo y limón o limón con amapola, y los resultados han sido increíbles”, detalla Gustavo.
En cuanto a los sabores, detalló: “La crema Patagonia es nuestro sabor característico, que es americana con frutos del bosque y chocolate en rama negro. Después tenemos Arrayanes, que es con una crema de sabor de bizcochuelo, dulce de leche natural y chocolate en rama blanco”.

Ubicada en una esquina estratégica, Tío Andino es mucho más que una heladería para los vecinos de Los Pinares. Clientes que iban de niños ahora llevan a sus propios hijos, e incluso a sus nietos.
“Hay algo especial en este lugar. No es solo por los helados, es por cómo te hacen sentir. Uno entra y siempre hay una sonrisa del otro lado del mostrador. Eso no tiene precio”, comenta uno de los clientes habituales.
En un mundo donde lo masivo y lo industrial parecen dominar, Tío Andino sigue apostando por lo artesanal, lo familiar y el vínculo cercano con los marplatenses. Una heladería que no solo ofrece sabores inolvidables, sino también una historia que se construye día a día con sus vecinos.
Descubrí Tío Andino, un clásico de Los Pinares y parte de la imperdible Ruta de los Helados, donde la tradición y el sabor artesanal se combinan para crear momentos inolvidables.