León XIV insta a renovar la fe y predicar con alegría el Evangelio
El nuevo pontífice remarcó que “donde falta la fe, la vida pierde sentido” y alentó a los cardenales a proclamar con firmeza y esperanza el Evangelio, incluso en contextos hostiles.
Durante su primera misa como Sumo Pontífice, celebrada el viernes 9 de mayo en la Capilla Sixtina junto a los cardenales electores y otros miembros del colegio cardenalicio, el papa León XIV compartió un mensaje poderoso de esperanza, misión y renovación espiritual. El nuevo líder de la Iglesia Católica fue elegido el día anterior como el 267° sucesor de San Pedro, tras la cuarta votación del cónclave.
Un llamado a la fe gozosa y al testimonio
En una homilía pronunciada mayormente en italiano, el Papa insistió:
“Estamos llamados a dar testimonio de nuestra fe gozosa en Cristo Salvador”.
León XIV también advirtió sobre los efectos de una fe ausente:
“Donde falta la fe, la vida pierde sentido”.
Con estas palabras, el pontífice estableció el tono de su papado: centrado en Cristo, comprometido con la verdad del Evangelio y desafiante ante la indiferencia contemporánea.
El Santo Padre analizó la conocida pregunta evangélica: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?”, subrayando que las respuestas varían, y con frecuencia reducen a Jesús a un mero “líder carismático”.
Frente a un mundo que muchas veces rechaza la exigencia moral del Evangelio o se refugia en seguridades humanas como el dinero, el poder o la tecnología, León XIV remarcó la urgencia de una labor misionera valiente y auténtica.
“Hoy existen muchos entornos donde la fe cristiana se considera absurda”, lamentó el Papa.
La cruz del ministerio y la promesa del Evangelio
León XIV recordó que ha sido llamado a cargar la cruz del ministerio petrino con humildad y entrega. Inspirado por San Pedro, resaltó que la fe no es solo un don, sino también un camino de conversión diaria.
“Dios me confió este tesoro para que, con su ayuda, sea su fiel administrador en favor de todo el Cuerpo místico de la Iglesia”.
León XIV finalizó su mensaje pidiendo la gracia de ser un instrumento del amor de Dios, e invocó la intercesión de la Virgen María, Madre de la Iglesia. Con este primer mensaje, el Papa delineó un papado misionero, basado en el testimonio valiente, la alegría de la fe y la fidelidad al Evangelio.