"El Eternauta" volvió con una serie y despertó la vieja pasión de leer historietas
¿Qué pasa cuando una serie revive un clásico de más de 65 años? A veces, genera polémica. Pero también, despierta curiosidad, recupera lecturas olvidadas y renueva pasiones. Eso es lo que ocurrió con El Eternauta, la icónica historieta argentina de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López, que regresó al centro de la escena gracias a su reciente adaptación audiovisual. ¿El efecto colateral? Un renovado interés por el mundo de las historietas.
Pablo Lizalde, historietista, ilustrador y docente, habló con Eduardo Zanoli en Radio Brisas sobre este fenómeno. "La editorial que reedita El Eternauta llevó la historieta con fuerza a la Feria del Libro porque sabían que la serie se estrenaba el 30 de abril. La tirada se agotó. Eso muestra que cuando un medio masivo fomenta algo, genera más lecturas", explicó.
Pero el impacto va más allá de lo comercial. Para Lizalde, la adaptación sirvió para volver a poner en discusión una obra clave del siglo XX: "Lo interesante es cómo una historia de hace 65 años se vuelve actual. La discusión sobre el punto de vista, el acercamiento político, la forma de adaptar, el ser argentino. Todo eso volvió a la mesa".
Contar con imágenes
“Soy historietista porque me encanta contar historias con imágenes”, resume Lizalde. Y en esa frase sencilla se encierra una tradición con más de cien años de historia en Argentina. “Tuvimos épocas de oro, como en los años 40 y 50, cuando la historieta era parte de la vida cotidiana. Se leía en todas las edades, era popular tanto hacerla como leerla”.
A sus 42 años, Lizalde recuerda su propia iniciación como lector: “En los 90 leía Anteojito, Billiken, Lúpin. Algunas tenían historietas nuevas y otras reeditaban clásicos. Había autores de primera línea que no solo creaban personajes, también armaban estilo, escuela, y fomentaban a otros humoristas”.
Lo que más lo atrapaba eran las historias argentinas. “Te hacen más empatía, te sentís identificado. Eso siempre fue lo más interesante: eran historietas hechas para argentinos. Mafalda, por ejemplo, hablaba de los años 60 desde adentro”.
Cada personaje, dice, está atado a su época, y también a las condiciones editoriales del país. La historieta resiste y se reinventa. “Hoy los chicos leen otras cosas, pero la historieta sigue teniendo lugar. Es un medio muy autodidacta, que también tiene escuelas. En Mar del Plata, por ejemplo, está la Escuela Malharro, donde soy docente”.
Para quienes trabajan desde hace años fomentando el género, que una serie ponga en agenda una obra como El Eternauta es una oportunidad: “Cuando una serie pega fuerte, aparecen muchos puntos de vista. Y eso es buenísimo. Porque nos permite llegar a más gente, abrir nuevas lecturas, invitar a descubrir o redescubrir historias que todavía tienen mucho para decir”.