¿Quién decide cómo parimos? Una pregunta clave en la Semana del Parto Respetado
Del 13 al 19 de mayo se conmemora la Semana Mundial del Parto Respetado, una oportunidad para volver a poner en el centro una pregunta clave que interpela a mujeres, profesionales de la salud y al sistema médico: ¿quién decide cómo parimos?
En Argentina, a pesar de contar con una legislación pionera en la región, las prácticas obstétricas muchas veces siguen lejos de respetar los tiempos, deseos y derechos de las personas gestantes.
María Eugenia Dichano, investigadora de la Universidad Nacional de Quilmes, reflexiona sobre este tema y plantea una pregunta fundamental: ¿por qué dejamos de confiar en nuestros cuerpos?
Las mujeres paren desde hace milenios. Sin embargo, en las últimas décadas, el saber médico se impuso muchas veces sobre el saber corporal. En lugar de acompañar, se patologiza. En lugar de escuchar, se medicaliza.
En Argentina, la Ley de Parto Humanizado (N.º 25.929), reglamentada en 2015, garantiza el derecho a un parto natural, sin intervenciones innecesarias, con información clara y respeto por los tiempos biológicos y emocionales de quienes transitan ese momento. Pero los datos cuentan otra historia.
Según el Sistema Informático Perinatal, en 2022 las cesáreas superaron el 43% de los nacimientos a nivel nacional. En algunas provincias, como La Pampa, Catamarca o Córdoba, ese número sobrepasa el 50%. Muy lejos del 10 a 15% recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La elección de una cesárea no debería ser cuestionada, pero sí debería ser eso: una elección. No una imposición disfrazada de sugerencia profesional.
El foco está, según la investigadora, en quién toma las decisiones y en cuánta libertad real tienen las mujeres y personas gestantes al momento de decidir sobre sus cuerpos y sus partos.
La violencia obstétrica, reconocida por la Ley 26.485 como una forma específica de violencia de género, sigue presente en prácticas cotidianas: intervenciones sin consentimiento, trato deshumanizado, suministro rutinario de oxitocina para acelerar el parto, episiotomías innecesarias o separación temprana del recién nacido. Todo eso tiene consecuencias físicas, psicológicas y simbólicas.
“No hay nada más violento que nacer en un sistema que nos recibe con secuestros y torturas”, escriben Violeta Osorio y Francisco Saraceno en su libro Mujeres invisibles. Partos y patriarcado. Y aunque suene extremo, muchas mujeres se sienten reflejadas. Porque sus experiencias de parto, en lugar de ser acompañadas, fueron conducidas por protocolos rígidos que poco tienen que ver con la naturaleza del nacimiento.
El lema de este año, “Un parto respetado es más salud para vos y tu bebé, elegí cuidarte”, recupera algo esencial: el respeto por la decisión informada. Parir acostadas o de cuclillas, en casa o en una institución, con epidural o sin ella, programar una cesárea o esperar un parto espontáneo. Todas esas son opciones válidas. Lo que no puede faltar es el derecho a decidir y a ser escuchadas.