El consumo de drogas sintéticas avanza sin control y se convierten en una crisis global
El mundo atraviesa una crisis de salud pública que crece con consecuencias que ya se sienten en hospitales, escuelas, comunidades y familias de todos los continentes. Se trata del aumento sostenido del consumo de drogas sintéticas, un fenómeno que ha revolucionado el mercado ilegal de estupefacientes y que representa uno de los mayores desafíos actuales en materia de prevención, regulación y tratamiento.
Estas sustancias, que incluyen desde opioides sintéticos como el fentanilo hasta estimulantes, alucinógenos y un vasto conjunto de nuevas sustancias psicoactivas (NSP), se caracterizan por su alta potencia, bajo costo y gran disponibilidad, lo que las convierte en una combinación letal, sobre todo para la juventud.
Según estimaciones de organismos internacionales, más de 27 millones de personas consumieron estimulantes tipo anfetamina en el mundo. Desde 2009, el número de drogas sintéticas identificadas se ha sextuplicado. Solo en 2020 se registraron 1.047 compuestos distintos, y se estima que cada año aparecen más de 500 nuevos tipos, muchas veces sin que se conozca su composición exacta ni sus efectos a largo plazo.
Los consumidores, muchas veces adolescentes o adultos jóvenes, acceden a estas drogas sin saber realmente qué están tomando, ni las consecuencias físicas y psicológicas que pueden desencadenar. Convulsiones, adicción severa, trastornos mentales, fallos orgánicos e incluso la muerte son algunos de los efectos más comunes asociados a estas sustancias.