Estudio revela que solo tres minutos de movimiento al día pueden reducir el riesgo de infarto
Una persona se levanta del sillón para ir a la cocina. Aspira la alfombra. Sube las escaleras con bolsas del supermercado. Se agacha para recoger una zapatilla caída. Acciones mínimas, casi imperceptibles. Pero, según un nuevo estudio, esas breves secuencias cotidianas podrían marcar la diferencia entre un corazón sano y uno vulnerable.
Investigadores de la American Heart Association, una de las instituciones más prestigiosas del mundo en el campo de la salud cardiovascular, publicaron un trabajo que llama la atención por su sencillez y su potencia estadística: realizar tan solo tres minutos al día de actividad física moderada puede reducir significativamente el riesgo de infarto.
En Argentina, donde las enfermedades cardiovasculares representan cerca del 30% de las muertes anuales, este hallazgo cobra especial relevancia.
El estudio, difundido en la revista Circulation, fue reseñado por la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes. En él participaron más de 24.000 adultos británicos de entre 50 y 80 años, quienes llevaron durante una semana un acelerómetro en la muñeca. Estos dispositivos permiten registrar con precisión tanto la duración como la intensidad del movimiento, brindando una radiografía precisa del nivel de actividad física de cada persona.
Lo interesante es que los protagonistas del estudio no eran deportistas ni personas entrenadas. Se trataba de ciudadanos comunes: trabajadores, jubilados, amas de casa. Personas que, en su mayoría, llevan una vida sedentaria y que solo interrumpen la inactividad con las tareas diarias.
A partir del análisis de los datos, los investigadores detectaron que quienes lograban acumular apenas tres minutos de actividad física moderada por día, como subir escaleras, barrer o caminar con cierto apuro hacia una parada de colectivo, mostraban un riesgo cardiovascular considerablemente menor en comparación con quienes pasaban el día mayormente inmóviles.
Incluso, un minuto de actividad intensa (por ejemplo, correr para no perder el tren) equivale en términos de beneficios a tres minutos de actividad moderada o a casi una hora de movimiento liviano.
Pequeños movimientos, grandes beneficios
Durante años, la Organización Mundial de la Salud advirtió que el sedentarismo es un factor de riesgo tan importante como el tabaquismo o la hipertensión. Sin embargo, las recomendaciones oficiales suelen apuntar a metas ambiciosas: al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado o 75 minutos de actividad intensa. Para muchas personas, esas cifras resultan difíciles de alcanzar.
En cambio, este nuevo estudio propone una mirada más accesible: moverse, aunque sea poco, sigue siendo mejor que no moverse nada. Y esos movimientos cotidianos, que parecen intrascendentes, pueden ofrecer una dosis diaria de prevención.
El fundamento está en la fisiología. Cuando nos movemos, aunque sea con actividades simples, se mejora la circulación, se activa el metabolismo y se optimiza el funcionamiento de los vasos sanguíneos. En contrapartida, largos períodos de inmovilidad favorecen la inflamación, aumentan la resistencia a la insulina y deterioran la salud cardiovascular.
“El cuerpo humano está hecho para moverse”, subrayan los autores del estudio. Y agregan: “Cuando pasamos demasiado tiempo inactivos, no solo perdemos masa muscular, también se ve afectado el sistema cardiovascular y metabólico”.
En este sentido, la propuesta es clara: no hace falta apuntarse al gimnasio o comenzar un plan de entrenamiento exigente. Alcanzaría con tomar decisiones pequeñas pero consistentes.
Subir escaleras en vez de tomar el ascensor. Ir caminando en lugar de usar el auto. Levantarse a buscar algo en lugar de pedir que lo alcancen. Esos gestos, aunque parezcan mínimos, generan un impacto acumulativo positivo en la salud.