Auto Estilo Brisas
Un monovolumen argentino que mantiene el acento francés
La marca del León quiere dejar su huella en la era contemporánea. A tono con la referencia popular que tenemos tierra adentro, donde el presidente se considera el Rey de la Selva, subido a la letra de una canción icónica de La Renga. Y también en sintonía con la figura mundial del nuevo papa, León XIV que sucedió a nuestro Francisco de formación jesuita, aunque con su estilo agustino buscaría sostener el recorrido de los mismos caminos pastorales, dialoguistas y humildes. En todas las culturas, el León es la más clara interpretación de fuerza, dignidad y poder. De hecho, la familia fundadora de aquella dinastía automotriz llevaba al felino en su escudo que orgullosamente coronaba su apellido.
Habrá sido por la genética de realeza, que la empresa francesa, creada por integrantes de la familia Peugeot hace más de dos siglos en rubros de herramientas, utensilios de cocina y hasta bicicletas, decidió el desafío de convertirse en fabricante de vehículos hace casi 140 años. A comienzos de este milenio, cuando integraba la corporación PSA con Citroën, fue cuando decidió posicionarse un escalón más arriba con la denominación “El camino a la alta gama” como slogan. Luego, las variables y el contexto los llevó quizás por una ruta mucho más sinuosa. Y las necesidades de competir y vender los obligó a pasar por boxes, revisar planes, recalcular y hasta tomar por la colectora.
La marca francesa tiene sus fanáticos, un público muy fiel que encuentra en un producto confiable la innovación de diseños desafiantes. Muy fuerte en la región, Peugeot integra desde hace cuatro años la corporación Stellantis, junto a sus anteriores socios Citroën y DS, además de los italianos de Fiat que ya formaban parte del Grupo FCA con Chrysler, Dodge, Jeep y Ram.
Los Peugeot siempre fueron distintos y seductores, desde el 403 y 404 hasta el 504 que hasta la década de los años 90 dejó una marca imborrable, que nos despierta el acto reflejo de detenernos unos segundos para verlo con admiración cuando aún nos cruzamos con uno de ellos. La denominación de sus modelos con nomenclaturas tiene una lógica. La primera unidad – por ejemplo la centena - explica las dimensiones, el segmento o la familia al que pertenece y la última es la serie según su renovación en una línea de tiempo. En el medio, siempre un cero o un doble cero si se trata de los vehículos SUV basados en la plataforma del modelo que toma como matriz. Hemos tenido un Peugeot muy pequeño de 3 puertas denominado 105 y uno muy grande, una mini-van o familiar utilitario bautizado como 807. Muy pocos modelos de Peugeot han llevado siglas, como el deportivo RCZ, o nombre propio, como el comercial Expert.
Fabricado en el Centro Industrial de El Palomar, el Peugeot 2008 en esta nueva generación exhibe, junto a su hermano menor, el 208, el “Orgullo Nacional” porque ambos antes llegaban desde Brasil. Ya lleva impresa la imagen de marca con cierto toque vintage que remite a los orígenes, con un triángulo de líneas laterales curvas y el León con rostro y pelaje en reemplazo de la figura del animal de pie con sus manos desafiantes, mirando a la izquierda. Todo coronado por el nombre con una tipografía sobria y clásica, a imagen y semejanza de aquel escudo heráldico.
Ese emblema es el primer cambio visible sobre una parrilla doble de grandes proporciones que hace juego con la iluminación de marcha diurna de tres garras de león a cada lado que reemplazó a los colmillos del anterior modelo. Los faros LED se quedan demasiado cortos en la función de luces bajas sin posibilidad de regularlos en altura pero afortunadamente las altas son muy buenas con la opción automática. El segundo cambio está bajo el capot en sus tres versiones con el motor 1.0 turbonaftero de 120 caballos y 200 NM de torque con caja CVT. No obstante, mucha mejor reacción y respuesta la tiene el 208 GT, tope de gama, con la misma motorización debido a que el peso de su carrocería es lógicamente menor. De hecho, el 208 no renovó el motor en las dos versiones baja y media que mantienen el antiguo y probado 1.6 aspirado.
Vistos de frente, los dos productos son prácticamente calcados. La silueta y dimensión del SUV marcan la diferencia y redunda en un baúl más amplio, además de mayor espacio y comodidad para los cinco ocupantes. La versión que he probado es la GT, como denomina Peugeot a la más equipada, con amplio techo panorámico, tapizados de símil cuero, doble regulación del volante, cargador inalámbrico con refrigeración y un pack de asistencias a la conducción que por momentos se pone algo fastidioso, como la obligación de activar el freno eléctrico al colocar la palanca en la posición de parking y abrir una puerta. Más allá de ese molesto detalle, hay buenas y útiles herramientas como el control de carril, el lector de señales de velocidad, los sensores de ángulo ciego, sus 6 airbags y las cámaras de 180 grados, pero algo lentas para activarse y desconectarse. La apertura y el cierre centralizado de puertas se activa por proximidad a menos de un metro de distancia sin necesidad de tocar el comando.
En la estética ambiental, algunos comandos del equipamiento adoptaron la modalidad del pianito para sus teclas. Y el tablero tridimensional del 2008 es uno de los elementos más futuristas en su diseño, basado en el sistema i-cockpit para ofrecer abundante información digital de las velocidades en dos cuadrantes. El odómetro es casi imperceptible, más aún de día, de muy difícil lectura por la coloración en relieve. Quizás sea un recurso para no tomar en cuenta los kilómetros que se recorren con un automóvil que tiene una evolución que despierta la gratificación de su manejo y andar, que puede alterarse con los vientos laterales fuertes y ponen a prueba a una insonorización frágil. El consumo de combustible es normal en ruta y algo elevado en la dinámica del tránsito urbano.
Los SUV de Peugeot en la Argentina siempre han tenido buena aceptación llevándose miradas de admiración. Solo que 3008 y 5008 por sus elevados precios en el mercado y obviamente sus prestaciones y equipamiento, han quedado relegados para un segmento de público con poder de compra. En cambio, esta segunda generación de 2008, de industria nacional, ha logrado en algo más de seis meses posicionarse como el décimo cuarto vehículo en ventas, mientras que 208 ya está en el podio, entre el segundo y tercer puesto en patentamientos durante el último bimestre.
La marca del León tal vez no sea Rey en nuestras calles de ritmo furioso, convertidas en junglas y selvas urbanas. Sin embargo, como al personaje de Mufasa, todos quieren verlo y disfrutarlo, al menos una vez en la vida.
Por Daniel Revol / @DanielRevolArg