2025-07-03

De residuos plásticos a paracetamol: el desarrollo escocés que podría transformar la industria farmacéutica

Hasta ahora, la producción de paracetamol dependía del fenol, un compuesto derivado de combustibles fósiles.

Un equipo de científicos de la Universidad de Edimburgo dio un paso innovador en la búsqueda de soluciones sostenibles: logró transformar residuos plásticos en paracetamol, el analgésico más utilizado a nivel global y uno de los tratamientos básicos recomendados por la Organización Mundial de la Salud para aliviar fiebre y dolor.

El hallazgo, publicado en la revista Nature Chemistry, se apoya en el uso de la bacteria Escherichia coli, modificada genéticamente para convertir, a través de un proceso de fermentación a temperatura ambiente, el ácido tereftálico (derivado del PET, material común en botellas y envases descartables) en el ingrediente activo del medicamento.

Hasta ahora, la producción de paracetamol dependía del fenol, un compuesto derivado de combustibles fósiles. Este nuevo método, además de representar una alternativa más limpia, reduce significativamente las emisiones de carbono asociadas al proceso tradicional.

Aunque las cantidades obtenidas por el equipo de investigación son reducidas, el rendimiento alcanzado fue del 92 %, lo que abre la puerta a una futura producción a mayor escala.

“En un contexto de recursos limitados, población creciente y crisis climática, es urgente acelerar la aplicación de tecnologías que desfosilicen la fabricación industrial. Esta es una oportunidad concreta para avanzar hacia la neutralidad de carbono”, explicó Stephen Wallace, uno de los autores del estudio y referente en biología sintética de la Universidad de Edimburgo.

El avance se da en paralelo a la apertura del nuevo centro Carbon-Loop, una plataforma de biofabricación sostenible también impulsada por esa universidad y que contó con una inversión de 19 millones de dólares. Allí se desarrollan procesos biotecnológicos que buscan convertir residuos en productos de valor agregado, como medicamentos, materiales o combustibles.

El potencial impacto de esta innovación es notable: solo en PET, el mundo produce anualmente más de 50 millones de toneladas, y gran parte de ese plástico es de un solo uso.

Mientras tanto, estudios europeos elevan esa cifra aún más, estimando una producción global de entre 350 y 380 millones de toneladas de plásticos al año. Frente a esta realidad, transformar un residuo altamente contaminante en una herramienta sanitaria de primera necesidad aparece como una alternativa tan eficiente como esperanzadora.

Ahora, el principal desafío será escalar esta tecnología, cumplir con los protocolos de seguridad y obtener la aprobación de las autoridades regulatorias para su implementación industrial. 

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