Ni Güemes se salva: comercios vacíos y dueños al frente por la caída de ventas
La calle Güemes, tradicional paseo comercial y punto clave del turismo en Mar del Plata, luce su elegancia de siempre: vidrieras bien montadas, cafeterías modernas y un ir y venir de turistas y locales que la recorren, casi como una tradición obligada en la ciudad. Sin embargo, en estas vacaciones de invierno, la afluencia turística no explotó como en otros años y, con ella, las ventas también quedaron a medio camino.
A lo largo de Güemes y sus calles paralelas, los carteles de “Sale”, “Liquidación” o “50% off” dominan las vidrieras. En una zapatería ubicada en Alvarado y Güemes, borcegos, botas y calzados de invierno intentan seducir a compradores apurados, pero no alcanza.
Silvana, dueña de esa zapatería hace unos meses y con una clínica veterinaria en la zona sur desde hace diez años, lo resume sin vueltas: “Hay una realidad, y es que todos los años en Mar del Plata en estas épocas es medio difícil, pero este año en particular se está complicando más. La gente no tiene plata. Es la realidad y es lo que se ve”.
Su diagnóstico no se limita al calzado. También lo nota en su otro rubro, uno que, en teoría, debería resistir la crisis: “La atención veterinaria no se puede postergar, el alimento, los animales tienen que comer. Y, sin embargo, la gente viene y te dice ‘dame lo más barato que tengas’ o directamente ‘le cocino porque no puedo comprar el bolsón de comida’”.
Güemes no es cualquier zona. Históricamente, ha sido territorio de un consumidor de clase media y media alta, con poder adquisitivo para elegir calidad antes que precio. Pero hoy esa lógica se desdibuja. “Sí, tenés gente que busca calidad, pero también tenés muchos que vienen con lo justo y buscan lo más barato”, admite.
Mientras tanto, en el entorno, las postales se repiten: locales cerrados, en alquiler o con sus dueños al frente, atendiendo solos.
“Yo acá me puse sola. No tengo empleados. Fue esa la idea. Porque está bravo”, explica. “Acá vienen a dejarme currículums, pero no tengo posibilidad de contratar a nadie, apenas puedo sacar para mi sueldo. Y varios locales están igual: atendidos directamente por los dueños”.
La competencia entre comerciantes también se siente. “El otro día fui a un local acá cerca y estaban regalando la mercadería. Un par de zapatos a precio de costo. Es que lo que se tenía arranca en esta época el sale, porque ya en agosto llega la primavera-verano. Pero esta vez hay apuro por vender”, cuenta.
La gente busca promociones con tarjetas, cuotas sin interés y billeteras virtuales. Cada peso cuenta. “Se nota que comparan mucho. Evalúan, piensan. No es como antes”, agrega.
En una ciudad que espera cada receso para recuperarse, Güemes, el corazón comercial más glamoroso, refleja un pulso que se volvió frágil.
Aunque la calle brilla, como siempre, bajo las luces de las vidrieras, las ventas siguen sin despegar. Y los comerciantes, como Silvana, esperan que lo peor haya pasado. “Esperemos que todo mejore. Si los dueños estamos atendiendo, quiere decir que no estamos teniendo empleados. Y eso también afecta el empleo en la ciudad”.