2025-10-17

Auto Estilo Brisas

Decime cuál, cuál, cuál es tu nombre

Mismo vehículo, diferente denominación. Casos muy emblemáticos que obedecen a razones del significado de las palabras, según el idioma y los regionalismos. Otros son estrategias de marketing. Y otros no tienen mucha lógica ni explicación. Las marcas premium alemanas y las chinas exportan sus modelos con el mismo nombre global.

A mediados de los años 90, un ciclo televisivo de juegos y entretenimientos se imponía en los mediodías. Nicolás Repetto, en uno de sus picos de audiencia en la pantalla de Telefe, interactuaba con sus espectadores a los que atendía mediante llamados telefónicos. Lejos de la llegada de las Apps y los Códigos QR, aquel Nico – que estaba entre los hitazos previos de Fax y posterior de Sábado Bus – saludaba con un coro preguntando “Decime cuál, cuál, cuál es tu nombre”. Como todo aquello que gana popularidad, ese jingle invadió la calle sin distinguir edades, aunque marcando esa masividad indiscutida que tuvo la televisión abierta.

Nuestro nombre, con el que muchas veces tenemos empatía absoluta y otras sentimos que no nos pertenece, es mucho más que una simple cuestión de identidad. Puede tener distintas maneras de escribirse. Puede ir con K o con C; con X o con S; con una o dos N. Se dice que hay nombres que marcan generaciones y hay personas que tienen rostro que va en sintonía con su nombre. Se repiten cientos, miles y hasta millones de veces en gente, comercios, empresas y por supuesto en animales, sean domésticos o no. Tiene nombre propio que lo hace famoso, el primer animal que ingresa a la muestra anual de la Exposición Rural del barrio porteño de Palermo. O los caballos que compiten en los Hipódromos por encima del nombre del jinete. Hay nombres que ganan fama y se multiplican por ídolos futboleros o talentosos cantantes.

Los barcos, las estancias, chacras y casa-quintas llevan nombre propio. La industria automotriz no es la excepción, porque también le da nombre a sus modelos, a pesar de que claramente la diferencia es que salen en serie y de fábrica. Hay excepciones y es lo que vamos a marcar en esta nota. Por distintas razones, un mismo producto cambia el nombre según la región y el idioma.

No son parte de ésta lista algunas grandes corporaciones como las alemanas BMW, Mercedes-Benz y Audi, que con letras y/o números, mantienen la identidad sin importar las latitudes. Lo mismo sucede con otras automotrices como Jeep, Ram, Citroën o bien Peugeot, cuyos modelos bautizados con números de tres o cuatro dígitos, no se modifican. Y además tiene un sentido, porque la centena es para el segmento, la unidad para la generación y el cero al medio, o doble cero si el tamaño es mayor por tratarse de un SUV. Las chinas también son de las que exportan a mansalva e invaden los mercados sin alterar nombres

La coreana Kia registra algún cambio mínimo, como llamar Óptima al K 5 según la zona, pero ni siquiera es un modelo que conozcamos. Su compatriota y aliada estratégica, Hyundai también tiene algún sutil cambio que no nos involucra.

Vayamos por la ruta de las alteraciones más resonantes. Ford a su vehículo de alta gama Mondeo lo muestra con el nombre de Fusion y a su SUV luxury Kuga lo hace como Escape en Estados Unidos. También en Norteamérica, Nissan llama a la X-Trail como Rogue. Y la pick-up Frontier – que la semana pasado dejó de producirse en Córdoba como estaba previsto – asigna la nomenclatura NP 300 a las carrocerías de cabina simple, que no llegan a nuestro país. Chevrolet llama Colorado al norte a la chata que al sur manejamos como S 10.

El caso de Renault es muy particular, especialmente por su división Alpine que ha sido modelo, y que ahora tiene otras connotaciones para nosotros por la participación de Franco Colapinto en la Fórmula 1, sin ahondar en detalles y análisis de los resultados. Y lo mismo ocurre con versiones que salían con la marca Dacia, como también aquello que lleva el emblema de Opel, que hoy pertenece a Stellantis luego de haber sido históricamente propiedad de General Motors.

Fiat supo mantener nombres y números, aún con letras, sin crisis de identidad. 500, 600 o Uno y hasta el Mobi o Cronos son globales. Solamente hay una diferencia en el Argo que en algunos mercados es el Panda.

La japonesa Toyota ostenta en el Corolla, con más de 12 generaciones, el orgulloso título del automóvil más vendido del mundo. En 54 años de vida supera holgadamente las 50 millones de unidades. No difieren mucho en los nombres, salvo en los casos del Corolla Sport, que es un hatchback que aquí no conocemos, y que se denomina así en Oceanía y Auris en Europa. También el Yaris lleva el nombre de Vitz en algunos mercados asiáticos y nuestra SW 4 sale como Fortuner a países como Colombia.

Hay abundancia de nombres de modelos en español a nivel mundial que conviven con otros en inglés y hasta en latín, generando dificultades en la pronunciación, según la lengua de origen de cada nación. Pero hay dos casos que son emblemáticos, por los que fue una necesidad y emergencia el cambio de identidad, ya que hubieran sido motivo de burla masiva y bullying motorizado. A la SUV Montero, Mitsubishi se vio obligada a no llamarla por estos pagos como se la conoce globalmente. La que aquí se auto-percibe como Montero en realidad es la… Pajero, y no hay mucho más para explicar. Y a Volkswagen le sucedió lo mismo, aunque con connotaciones más vinculadas al lunfardo, con el exitoso modelo Vento, que reemplaza la denominación original y mundial de Jetta. Y contra lo cabulero y azaroso, sabemos que es una batalla perdida.

Las mismas dos automotrices tienen otros cambios más sutiles y menos presionados. La Mitsubishi Outlander supo ser Airtrek sin que aquí la conociéramos y la camioneta L 200 es quizás la de los nombres más multiplicados y diversificados como Triton, Forte, Katana o hasta Dakkar, según la región del otro lado del globo. Para el caso de Volkswagen, el modelo que aquí conocemos como T-Cross es muy similar al Tiguan de México o India.

Las siluetas, los diseños, la estética, las carrocerías y los portes suelen darnos la pista de cuál es el vehículo que viene de frente o pasa delante de nuestra vista. Las dudas o el desconocimiento nos llevan a mirar la cola, para asegurarnos de qué modelo se trata. La sorpresa es mayúscula cuando en otras partes del mundo podemos ver a un viejo conocido nuestro, pero que se llama distinto. Hay situaciones que son peores en las calles cuando, desde atrás, creemos ver a una determinada persona a la que conocemos con pelos y señales. Nos acercamos, la tocamos o llamamos por su nombre. Se da vuelta y… todo termina en una incómoda desilusión.

 

Por Daniel Revol / @DanielRevolArg

IG: AutoEstiloBrisas

 

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