Auto Estilo Brisas
El Cronos resiste el paso del tiempo
Si hay algo que es imposible de detener, es el paso del tiempo. Tomando a la vida como uno de los elementos de la naturaleza, aunque literalmente no lo sea, no hay ninguna fórmula que pueda frenarlo. Para el fuego, el agua, o inclusive el viento, hay formas de atenuar su impacto, como protegerse, circunscribirlo, y en algunos casos, hasta extinguirlo. Con el tiempo, nada se puede hacer.
Películas ingeniosas como la comedia “El día de la Marmota” que aquí conocimos como “Hechizo del tiempo”, con el meteorólogo encarnado por Bill Murray. O cuentos fantasiosos como “Santa Bernardina del Monte” de Leo Maslíah contradicen la poesía de Bersuit Vergarabat en “El tiempo no para” y de David Lebón cuando canta que “El tiempo es veloz”.
Con los automóviles, el paso del tiempo acelera muchas veces las pulsaciones, para que los modelos envejezcan. Por un lado, el desgaste y erosión de cada una de sus piezas que lo hace pasar con mayor frecuencia por el taller mecánico y la casa de repuestos. Pero la necesidad de competir con el resto de los jugadores del mercado, incorporando diseños, tecnología y equipamiento, es el desafío constante para la llegada de nuevos modelos, o al menos una renovación parcial, que se la conoce en la jerga con el nombre originario de restyling. Para el caso del vehículo que vamos a analizar, se combina todo: el tiempo, la novedad y el restyling.
Durante prácticamente todo el siglo pasado, los autos tenían una permanencia que iba mucho más allá de los tres años actuales sin retoques. Hoy que vamos a hablar de Fiat, nos permite remitirnos al 600, que a propósito y casualmente, hace una semana lanzó su versión híbrida, con un diseño que parece escapado de la película “Cars” y una capacidad de seducción muy femenina. En las tres últimas décadas del pasado milenio, se mantuvieron casi inalterables durante su vigencia, los Fiat 1100, 1500, 125, 128 con su versión Europa, el 147 como Spazio o Vivace y por sobre todos esos éxitos en ventas, la coronación del Uno. Muchos aún siguen en rodaje, del diseño primitivo y luego el más moderno para sobrevivir en total durante 25 años con siluetas de 3 y 5 puertas. Siempre como monovolumen, el Uno atravesó el cambio de milenio, apenas sumó tres generaciones y en la última puso más énfasis en el motor para transformarse en Fire.
La historia más reciente de los sedanes no contabilizó grandes volúmenes para Fiat. Ni Tempra ni Línea lograron cautivar a multitudes, a pesar de que este último, en cambio, movió el amperímetro de patentamientos con su hermano menor, el Punto.
Hasta que llegó el tiempo del Cronos. Es como si el nombre elegido fuera una profecía que le marcaba que había llegado su hora, en este caso, para nacer, crecer rápidamente e imponerse. La hora y el momento para ser un líder en la Argentina y convencer a una velocidad más rápida que el propio paso del tiempo.
Fiat Cronos se multiplicó hasta llegar a prácticamente medio millón en siete años. Es decir que si tomamos en números redondos la cantidad de vehículos que se patentan anualmente en nuestro país, veremos que el volumen de Cronos equivale al total de un período completo de doce meses de todo el mercado. Y se nota con su presencia en las calles, funcionando como taxi, remise, auto de aplicación, vehículo particular único o segunda unidad en una misma familia. Se propagó como una pandemia justamente en tiempos propios del coronavirus.
Cronos está construido en la planta cordobesa de Ferreyra, donde Stellantis también produce la Fiat Titano, la primera pick-up mediana de la marca italiana. Si bien el Cronos es el sucesor natural del Siena y Grand Siena, que dejaron su huella como los sedanes fabricados sobre la carrocería del también exitoso Palio, aquí se da una particularidad, ya que Cronos se produce en Córdoba siendo una extensión del hatchback Argo que se hace en Brasil.
Su desempeño ha sido tan bueno que lo hizo perdurar en el tiempo, batiendo sus propios récords como un atleta que mejora su marca, aunque sea por pocos segundos, carrera tras carrera. No porque correr sea la mayor virtud justamente de este auto, sino porque sabe competir en ventas y obviamente, en producción. Durante tres años como líder mensualmente, y durante más tiempo todavía, el Cronos como un relojito se llevó al menos medallas de plata o bronce. Hace muy pocos meses lograron bajarlo del podio pero se mantiene cómodo en el Top Five. Y todo indica que dará todavía bastante más batalla. De hecho, esta es la primera generación del Cronos con restyling reciente en el presente año. O sea que vivió al menos seis años sin cambios, algo totalmente inusual. Por eso, el nombre Cronos le cae de perlas.
El 50% de sus autopartes son de industria nacional. Será por eso o por un mix de razones que ahora intentaremos desgranar y comprender, para analizar la fórmula del éxito. Es un sedán simple que con el rediseño de su máscara frontal se ha vuelto más atractivo. La silueta es más curva y mantiene intacta la capacidad casi imbatible de su profundo baúl de 525 litros. Como si esto fuera poco, los asientos traseros son fácilmente rebatibles, para agrandar en profundidad lo que se necesite transportar.
El motor no ha cambiado su potencia y lamentablemente se quedó en los 99 caballos. Una gran limitante, ya que se requiere de más segundos para acelerar y exigirse por ejemplo, en un sobrepaso rutero. Por suerte dejó aquel motor 1.8, para pasar a este aspirado 1.3, aunque quizás le quedaría mucho mejor un turbo de 1 litro como tienen los modelos más nuevo de Peugeot, su marca hermana de la misma corporación. Claro que las finanzas del desarrollo de ese tipo de vehículo, seguramente serían muy diferentes.
Las 4 versiones, dos manuales y dos automáticas, estandarizaron la motorización 1.3 naftera. Hemos probado la tope de gama, Precisión AT, con caja automática CVT de siete marchas, que no ayuda a relajar en las exigencias. Si bien se estabiliza en ruta a 120 kilómetros por hora con 2500 revoluciones por minuto, al pisar el acelerador, transmiten cierto esfuerzo y fatiga. Tiene una opción de manejo deportivo, pero no lo convierte en mucho más picante. Y permite activar la velocidad crucero, para la conducción a velocidad estable en trayectos medianamente largos.
Los materiales de confección interna son duros y en las superficies irregulares de algunas calles comienzan a sentirse algunos grillos y vibraciones. Los tapizados son de símil cuero, carece de una buena capacidad de portaobjetos y su habitáculo es confortable y agradable. En materia de seguridad, por ser la versión premium, alcanza los 4 airbags y luego no mucho más que los requisitos legales, como los frenos ABS y el control de estabilidad. Hay sensores de proximidad para el estacionamiento y una cámara trasera que se visualiza en una pantalla táctil de 7 pulgadas, que si bien ha quedado fuera de época en estética, cuenta con sistema multimedia y conexión inalambrica Android Auto y Apple CarPlay. El tablero es convencional, con dos relojes analógicos y una serie de informaciones complementarias al centro que se comandan desde el volante que únicamente se puede regular en altura. Las luces son full-led – mucho mejores las altas que las cortas – y se complementan con un diseño de marcha diurna y trasera que le dan personalidad.
Para complementar, Cronos tiene en su versión más avanzada, llantas de aleación de 16 pulgadas, climatización automática además de apertura y encendido sin llave.
Un buen equipamiento para un producto confiable, probado, pero con características de sedán, que es un segmento en retirada en nuestro parque automotor autóctono, frente al crecimiento exponencial de los SUV y las camionetas. Y dentro del distorsionado esquema de los precios, sale a la venta en el orden de los 36 millones de pesos.
Una mezcla de fundamentos que muestra más fortalezas que debilidades, para explicar por qué se mantiene como uno de los predilectos entre los compradores argentinos. Llegar a una posición dominante no es fácil y tampoco es simple perdurar en el tiempo. Por eso, tiene bien ganado el nombre de Cronos.
Por Daniel Revol / @DanielRevolArg
IG: AutoEstiloBrisas