El gran viaje interior de Germinal entre Europa y Buenos Aires con la música como destino
“Tomé la decisión”, dice Germinal. “Es empezar de cero, empezar otra vez”. Hace seis meses volvió a Buenos Aires después de casi dos años entre París y Madrid. Trae consigo nuevas composiciones -grabadas allá y terminadas acá- y una sensación clara: “Sentí una conquista. Sentí el logro. Sentí que había tocado en los lugares que quería tocar”.
Su historia no fue planeada. “Fue una decisión súbita”, recuerda. “Mi amigo Francisco Leiva, desde París, me convenció. Me mandaba fotos de los lugares donde se iba a tocar y me decía: ‘Mirá esto’. Me invitó al festival de tango. En cinco días estaba viajando".
Antes de partir, había presentado su disco Tango Bu en Tierra Invisible en su barrio, cerca del Parque Chacabuco. Pero algo en su interior pedía cambio: “Me voy, pero voy a hacer mi música. Moriré en el intento o viviré para hacerlo”, se dijo.
París lo recibió con la crudeza del invierno. “Es muy duro. Es hostil. El clima es tremendo”. Tocó en el festival, en iglesias, en milongas improvisadas. “Era empezar de cero. Comprar una campera por el frío, caminar, buscar”. Cuando el ciclo se agotó, un impulso -y algunos amigos- lo llevaron a Madrid. “Me fui en bus. Con nada. Una mochilita y un bolsito con rueditas. Era un reseteo total".
Madrid lo abrazó con sol y vitalidad. “Había sol, y yo vengo de Mendoza. En Madrid encontré algo familiar". Sin contactos ni plan, todo empezó con una casualidad. “Conocí a unos brasileros que me dijeron ‘tenés que conocer a esta persona’. Le mandé mi disco y me respondió al otro día: ‘Vení que algo vamos a inventar’. Y ahí empezó todo.”
Lo que siguió fue una cadena de encuentros. “Me dijo: ‘Te voy a hacer una residencia artística. Vas a vivir acá, vas a componer y a presentar tu música’. Y al mes conseguimos un piano: una argentina nos lo prestó. Armamos una movida con músicos argentinos. Empezamos a tocar, se llenaba. Había una escucha muy sutil, muy profunda”.
Madrid se convirtió en un hogar. “Me dio alas. Me dio vitalidad, inspiración. Fue un crecimiento. La música empezó a crecer al tocar en vivo, con la gente emocionada. Yo volaba al final de los conciertos, quería abrazar a todos”.
Después de casi dos años, algo cambió. “Ya había cumplido. Había hecho los conciertos, filmado los videos. Me sentí completo”. Un mail marcó el retorno: “Se me vencía el registro de conducir y tenía que venir. Fue una excusa, pero las cosas llegan por algo. Ya tengo el registro, pero también otro tipo de registro”.
De regreso en Buenos Aires, siente que el ciclo europeo le permitió encontrarse con lo esencial. “Fue un encuentro con mi esencia. Extrañaba mi casa, el barrio, la tranquilidad. Estaba cansado. No me imaginaba que iba a volver, pero me dejé llevar”.
Ahora camina otra vez por las calles de Parque Chacabuco. “Estoy volviendo al barrio. Paso por un bolichito, veo un piano, entro y digo: ‘Esto es un lugar de culto, hecho por amor’. Estoy volviendo al barrio y eso me relaja".
Su historia familiar late ahí mismo: “En el 88 llegamos al barrio de Boedo. Vendíamos empanadas por la calle para llevar gente al teatro. Mi viejo cocinaba, mi vieja actuaba, yo tocaba el piano. Era el off del off. Después empezaron a venir artistas, el barrio se levantó. Y ahora, después de haber estado en el mundo, volver tiene más sentido que nunca".
Germinal habla con serenidad. “Volver al barrio no es volver, es elegir. Hay otra escucha, otro tiempo. Tengo vecinos con los que nos saludamos cada mañana. Hay una sensación de comunidad. En el fondo uno hace todo por eso, por pertenecer".
Habla del arte como quien habla de un espejo. “La música te muestra quién sos. Te expone, pero también te abraza. Te pone frente a vos mismo”. Por eso, más que un repertorio o un proyecto, su regreso es una forma de estar en el mundo. “Me cambié la vida. Si no me hubiera ido, me hubiera detenido. El riesgo me amplió la perspectiva. Crucé los mares y me cambió la vida.”
Hoy, cuando toca, lo hace desde otro lugar. No busca probar nada: busca decir. “Se me amplió el registro, las dimensiones. Es un reseteo. Pero la música te ubica, te centra”.
Y concluye con la calma de quien ya no necesita huir: “Siento que este es mi lugar en el mundo".
Entrevista con Germinal en el programa Un Lugar en el Mundo con Florencia Cordero